La devaluación del dólar oficial, decidida por el Gobierno luego de su derrota en las PASO, desató un demencial aumento de precios en alimentos. Carnes vacuna, pollos, lácteos y frutas subieron (en una sola semana) entre el 20% y el 40%.
Esto fue más grave en las zonas más humildes donde los vecinos no tienen tarjetas con descuentos, ni acceso a los supermercados con “Precios justos”. No pueden dejar a sus hijos solos, o perder el “presentismo” en el trabajo, para ir al Super.
Durante varios días “no había precio” para azúcar, aceite, arroz, etc. Luego las remarcaciones fueron más brutales que en las grandes superficies de comercialización.
Las farmacias - que habían aumentado con anterioridad- volvieron a remarcar muchos medicamentos.

Así comenzó, 34 años atrás, una crisis económica que, durante dos años, destruyó la vida de millones de argentinos. Hambre, miseria, violencia, incumplimiento de las obligaciones financieras
Entre 1989 y 1991 la más brutal hiperinflación que los argentinos hayamos vivido. El Dr. Raul Alfonsin había abandonado la denominación “Peso” para nuestra moneda (previo quitarle tres ceros) y habia nacido el Austral. Mil Pesos (1.000) se convirtieron, de un dia para el otro, en un (1) Austral.
En marzo de 1989 un dólar valía 50 australes, en febrero de 1991 superó los 10.000 australes por dólar.
Habían pasado menos de dos(2) años
Poco después el Dr. Carlos Menem lanzaba su exitoso Plan de Convertibilidad (un peso igual a un dólar), que duró una década, con una inflación anual promedio menor del 2%. Pero previo a eso se le sacaron 4 ceros a la nueva moneda.
Aún estamos a tiempo de evitar la hiperinflación.
Están claros los motivos por los cuales se ha deteriorado el valor de la moneda. Lo saben los economistas que integran los equipos de los tres candidatos que intentan llegar al Poder.
Pueden hacer declaraciones de circunstancias pero el déficit fiscal y cuasifiscal, una emisión monetaria descontrolada, un Banco Central que (hace mucho) es parte del problema y no de la solución. En suma, para que lo entienda todo ciudadano: si en un hogar ingresan 400.000 pesos mensuales no se puede vivir como si ingresaran 2.000.000.
Solo podría si uno tiene ahorros o le prestan el dinero para hacerlo.
En el Estado es igual. Además no tenemos ahorros y nadie nos presta. O lo hacen con intereses tan caros que es como ir al usurero.
El despilfarro se acrecentó estos últimos 4 años y la inmensa mayoría de los argentinos lo sabe o lo intuye. Por eso el ausentismo, el voto en blanco y la adhesión a las ideas de Javier Milei y Patricia Bullrich.
Sergio Massa, como ministro, observa una realidad similar. Como candidato presidencial verbaliza otras consignas.
Está en manos del actual gobierno dejar de tomar medidas equivocadas y evitar el abismo de la hiperinflación.
No ganará las elecciones, evitará un drama que recordarán varias generaciones.
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