
Candidatos sobran, propuestas faltan. Desde el último golpe siempre necesitan otro ajuste y aflojar las leyes laborales, algo de cierto expresan, necesidades del poder que poco ayudan al resto de los habitantes. Mi tesis es simple, Menem traicionó al peronismo invirtiendo sus valores, Néstor detuvo la disolución nacional sin ocuparse de generar un nuevo proyecto, Cristina eligió a la izquierda ya que los universitarios le resultaban más elegantes que los trabajadores, Macri como todo hijo de padre rico se dedicó a gastar y pedir prestado, y finalmente Alberto dejó al desnudo que hoy somos una sociedad sin destino.
Repito como Funes el memorioso, “antes del último golpe no había desocupación, ni deuda externa, ni inseguridad, ni se necesitaba un subsidio”. José Luis Espert dice que estamos mal hace ochenta años, Macri dice setenta, odian la democracia y al peronismo, de esa mezcla de rencores sacan sus insostenibles conclusiones. Máximo Kirchner se manda un documento de hijo pródigo ofendido por no heredar el poder de la derrota, Cristina sigue con la cantinela de que la proscriben sin aclarar que no llega a ganar ninguna elección, triste final de un tiempo sin ideas.
En el canal de los Kirchner escuché decir que habíamos recuperado el rumbo con su llegada mientras tanto en el de los otros dicen que les faltó tiempo para reordenar, sin embargo para endeudarse pareciera que les sobró. En ambos frentes las broncas suplen a los proyectos y las encuestas siguen imponiendo el triunfo de quien las paga.
Resulta difícil de entender que en una sociedad con nuestro nivel de destrucción sólo se discutan temas administrativos. De la concentración económica, nuestra principal enfermedad, no habla nadie, pareciera que algunos la disfrutan entre todos. Francia prohibió los supermercados y los barrios privados, pero aquí eso es dogma que nos llevó a expulsar al cuarenta por ciento de la sociedad. Nunca nos atrevimos a modificar la Ley de Entidades Financieras, son las que fugan nuestras riquezas sin aportar otra cosa que cargas a todas nuestras actividades.
El Estado es un desastre necesario que se puede y debe mejorar. Los bancos son una dependencia impuesta por la peor dictadura y sus oscuros herederos. Necesitamos orden y si hay que reprimir debemos hacerlo, sabemos que ningún país imagina que cortar calles sea un gesto de libertad. Habría que ir hacia un Estado que regule e impida que todo termine solo en manos de los grandes grupos. Ambos frentes políticos están destruyendo nuestra sociedad, está a la vista que sus codicias los enriquecen a ellos mientras empobrecen al resto de la población. Si no hay dólares debemos primero prohibir toda importación suntuaria, innecesaria y limitarnos a todo aquello que la industria necesite.
Es necesario terminar con la demencia de bancos que no prestan y royalties que no necesitamos. Hay hambre en las calles, es tiempo de expulsar del Estado a todo beneficiario innecesario e injustamente incorporado. Para alimentar y educar a los necesitados debemos expulsar a los acomodados y disolver los ministerios sin sentido ni función pero con miles de acomodados. Habrá entonces, un Estado fuerte y eficiente y además, una necesaria actividad privada que impida la concentración. Los ajustes son para otra vida, la de los supuestos “inversores” que como los brotes verdes constituyen espejismos para que la sociedad espere mientras los invasores saquean a gusto y placer. Sin patriotismo no hay destino, sin proyecto no hay futuro, la política no puede ser una dependencia de los operadores de los negocios y los economistas que son sus empleados. La política debe retornar y devolvernos la esperanza de un futuro más digno, que si no incluye a todos no es para nadie.
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