
El ministro de Economía, Sergio Massa, volvió de su gira por EE.UU., donde tras intensas negociaciones logró destrabar fondos millonarios con distintos organismos internacionales, que se sumarán al aumento de las reservas del BCRA que posibilitó el ingreso que “dólares-soja”.
Sin dudas, son buenas noticias para una economía desahuciada, pero que se apagarán en el corto plazo si no se tienen en cuenta ciertas prioridades, porque esos movimientos aún no tuvieron impacto en la producción, y en consecuencia en la generación de empleo, fue prácticamente nulo.
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Massa y su equipo económico tratan de coordinar los instrumentos macroeconómicos que conocen de sus estudios universitarios para mejorar nuestro complejo sistema económico. Sin embargo, no reconocen las variables más importantes en la economía de las naciones: el empleo y los emprendedores, con sus vitales procesos de innovación y formación de nuevas compañías.
En otras palabras, los economistas egresados de las más prestigiosas universidades -en el equipo de Massa, sin dudas, los hay-, aplican sus conocimientos buscando mejorar la relación entre las riquezas naturales del país y las tasas de incremento de los niveles de bienestar social, pero aun no dieron señales de considerar la realidad cotidiana afectada por las leyes contra el empleo.
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Nuestro país es un caso testigo sobre cómo el subdesarrollo es el resultado inmediato de dan políticas que atacan al empleo, a partir de las cláusulas indemnizatorias de la Ley de Contrato del Trabajo (1975) y sus anexas, en particular su artículo 256, que, al permitir los reclamos por dos años, da lugar al gran negocio de los juicios y a la mafia de los juicios laborales. Sin dudas, todo esto desalienta los emprendimientos y consecuentemente la creación de empleo, los que más han perjudicado a la economía, los causantes del estancamiento.

Una de las claves -aunque no la única- para retomar la senda del crecimiento es crear un clima favorable a los negocios, sustituyendo estas cláusulas indemnizatorias por un verdadero Seguro de Desempleo que, al mismo tiempo que protege a los trabajadores y a sus familias, permite aumentar la oferta de empleo y como consecuencia, la mejora de las remuneraciones; esto ya está legislado en la Argentina desde 1991 con la Ley 24.013, que solo requeriría que reconozca los verdaderos salarios de quienes pierdan su empleo y su financiación a cargo de los empleadores mediante un aporte mensual equivalente a la doceava parte del salario mensual de los trabajadores.
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En la actualidad hay solamente 12.651.000 personas registradas en el mercado de trabajo. Si se implementara esta iniciativa, y considerando lo normal de los países desarrollados, se incrementarían a más del doble -alrededor de 28 millones- con lo que aumentaría fuertemente la actividad económica. Esta transformación subiría los ingresos fiscales, por lo cual no habría necesidad de reducir el Estado en una primera etapa. Sin recesión, quedaría allanado el camino para eliminar la inflación y al mismo tiempo disminuir la pobreza.
Entonces, miles de personas satisfaciendo su espíritu emprendedor crearán miles de emprendimientos con cientos de miles de nuevos empleos netos. Considerando todo lo que falta hacer en el país, con los recursos y el potencial que tenemos, el PBI por habitante crecerá más del 15% de las anteriores tasas chinas y de los USD 10.683 de 2018 llegaría en 20 años al equivalente de USD 62.000 -alrededor del 80% del actual en los EE.UU.- como fue antes del año 1930.
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Así, millones de personas dejarán el estado de pobreza y se incorporarán a una economía que posibilitará una vida mejor, con mejores viviendas, con servicios públicos disponibles, mejor acceso a la educación, salud y seguridad, familias integradas y sin duda muchos mejores sueldos, imprescindibles para una sociedad mejor.
Desde ya que, para posibilitar este maravilloso crecimiento, se deberá liberalizar toda la actividad económica, sin retenciones ni subsidios, un mercado cambiario totalmente libre y la privatización de las empresas del Estado, bajo un plan económico sustentable, de forma tal que la sociedad pueda absorber sin afectación los cambios.
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Muchos países, los que no penalizan los despidos, tienen PBI por habitante del doble y triple que el de la Argentina; salarios de cuatro a siete veces mayores y tasa de desocupación del 3,5% al 4% de una oferta laboral en proporción a la población notablemente más alta, lo cual indica que son metas posibles. Es posible dar el gran salto, más aún, cuando se observa que hay factores que liberándolos de las actuales trabas, pueden hacer que la Argentina sea uno de los países más ricos del mundo.
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