Moscato, pizza y fainá, el último aspiracional de la clase media

La foto de la calle Corrientes que compartió Milei no muestra bonanza: es adaptación ante ingresos que pierden capacidad de compra

Dibujo de personas caminando por una avenida nocturna frente a marquesinas teatrales iluminadas y el Obelisco al fondo.
Avenida Corrientes (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Mucho antes de que Javier Milei y Luis Caputo publicaran la foto de la semana, Memphis la Blusera ya había retratado esa misma escena en los años 90, en su tema “Calle Corrientes”: la avenida llena de gente que entra y sale del cine, que se junta después de la función a cerrar la noche entre pizza y fainá. La canción hablaba de ese lugar como lo que sigue siendo hoy: un refugio de brillo y catarsis al que los porteños vamos a evadirnos de la realidad y celebrar la vida frente a los escenarios, cueste lo que cueste —por lo general, no tanto—. Podría decirse entonces que a Corrientes vamos, estemos como estemos. Pero según los datos, y afilando la lectura, habría que decir lo contrario: la calle que nunca duerme no rebosa de gente porque las cosas andan de maravilla, sino porque se trata del último aspiracional de la clase media empobrecida. O, dicho de otro modo, de lo poco que queda.

Durante años la escala de aspiraciones de una familia trabajadora argentina fue más o menos reconocible: la casa propia, después el auto, después la posibilidad de salir a comer afuera, después un recital o un viaje. Cada escalón suponía un ingreso disponible por encima de lo esencial. Hoy esa escalera se acortó drásticamente, y no por casualidad: según una estimación del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicada el 6 de septiembre, el salario mínimo acumularía para este mes una pérdida de poder adquisitivo del 40,8% respecto de noviembre de 2023. Y no es solo el piso del mercado laboral: según el último “Panorama mensual del trabajo registrado” de la Secretaría de Trabajo, en mayo de 2026 —el dato oficial más reciente disponible— el salario real promedio del empleo privado registrado cayó 2,4% interanual, mientras que la remuneración promedio pactada en los principales convenios colectivos retrocedió 5,2% en términos reales.

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En ese contexto, caminar por Corrientes —ver una cartelera, comprar un libro usado, comer una pizza a medias entre dos, hacer cola para una obra de bajo costo— no es un signo de prosperidad recuperada: es el último peldaño que queda en pie cuando los de arriba se cayeron. Es un consumo de sustitución, no de expansión. La gente no dejó de aspirar a la casa, al auto o al viaje; dejó de poder pensarlos, y lo que sobrevive es lo más barato de lo que alguna vez fue una vida social más amplia. Corrientes funciona como el lujo residual: uno se puede seguir sintiendo parte de la ciudad, de la cultura, del rito de salir un sábado, pagando lo mínimo posible por esa sensación.

Por eso llama la atención que el Gobierno haya encontrado en esa misma avenida su argumento favorito de esta primavera: filas para entrar al teatro, siete grados de temperatura y la avenida “llena de gente”. Milei y Caputo compartieron el video en redes, bajo el mensaje “7 grados centígrados y esto está lleno de gente”, para responder a quienes dicen que la gente no llega a fin de mes.

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El problema es que la foto no resiste el resto de los datos. El Índice de Consumo Privado de la Universidad de Palermo registró en agosto una caída mensual de 1,2% y una baja interanual de 0,6%, acumulando nueve meses consecutivos de retrocesos y cerrando los primeros ocho meses de 2026 con una contracción de 1,4% frente al mismo período de 2025. Ni siquiera el propio sector teatral avala la lectura oficial: el productor Carlos Rottemberg, coproductor de algunas de las obras más exitosas de Buenos Aires, salió a relativizar el video pidiéndole al Gobierno que “vea con atención” lo que muestra, tomado un sábado a la noche frente a un teatro en el momento exacto de entrada y salida entre dos funciones. “Es una foto y no la película completa de la actividad”, resumió. Y hasta los números del propio rubro matizan el entusiasmo: según cifras oficiales de la AADET, la cantidad de espectadores viene siendo “pareja” entre 2024, 2025 y 2026, pero entre un 12% y un 16% menor que en 2023, el año previo al cambio de gobierno.

La foto del Gobierno es, en el peor sentido, verdadera: la avenida efectivamente está llena. Pero está llena precisamente porque el resto de las salidas se encarecieron o desaparecieron del horizonte de lo posible. No es una prueba de que el consumo no cayó; es una prueba de hacia dónde se retrajo. Cuando todo lo demás sube más rápido que el salario, la gente no deja de salir: baja el precio de lo que sale. Y ahí, en el medio de Callao y Uruguay, sobrevive esa opción.