El día después de mañana

No es cierto que esta elección no cambia nada. Los que vayan por el poder en noviembre están obligados a tomar nota de lo que digan las urnas

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Cierre nacional del Frente de
Cierre nacional del Frente de Todos

El día después de mañana nada será igual. Este lunes amanecerá diferente. No hay voto inocuo. El voto es el mensaje. Cada voto cuenta.

El voto es una inversión. Toda inversión supone un riesgo. En nuestro país empobrecido, jaqueado por la inflación, la inseguridad, el virus y la corrupción, y con una dirigencia que por momentos se presenta extraviada, el voto es también una inversión de riesgo.

“Esto recién empieza... No hay ninguna gestión a plebiscitar... El gobierno de Alberto Fernández todavía no arrancó. Lo atrapó la pandemia. Sólo gobernó 99 días”. O sea: no hay administración a la cual evaluar. Ese es el mensaje final que bajó el oficialismo en orden a inspirar a los votantes. Un mensaje que solo remite al pasado. Un furioso retorno al ‘’nosotros o ellos”. De eso se trata.

Una encendida diatriba cristinista cerró la campaña del Frente de Todos.

La arremetida intensa y final de la Vicepresidente no solo confirmó quién manda. La jefa y gestora de la coalición gobernante puso en acto la versión más extrema de la polarización. Volvió a cargar sobre la oposición en general, Macri en particular, productores, empresarios, medios y periodistas. También desnudó las tensiones que fatigan al interior de la coalición gobernante.

De #lavidaquequeremos, de “la salida está cerca”, a la opción excluyente entre “dos proyectos de país”.

La declarada iniciativa de una campaña moderada, desmacrizada, compasiva, indulgente animada por gente abuenada por el rigor de la pandemia se estrelló contra el crudo pragmatismo político. Ese que Cristina Fernández de Kirchner sabe administrar como nadie.

La seguidilla de papelones, errores no forzados, deslices éticos y transgresiones legales en la que quedó atrapada la figura de Alberto Fernández, enredado en el berenjenal del Olivos Gate, obligó al Frente de Todos a concentrarse en el núcleo duro K. Ese treinta por ciento, supuestamente irreductible, en el que hace pie la expresión más radicalizada del peronismo en el poder.

El temor a que la corrosiva exposición de la intimidad presidencial termine perforando la mística que sostiene a los más convencidos hizo el resto.

Sin margen cierto para reconquistar a los desencantados con ondas de amor y paz la campaña devino fulminante, feroz. Una batalla frontal contra un enemigo a vencer. Una cacería en el zoológico.

“El candidato es la unidad”, simplificó Kicillof a la hora de la presentación de las listas. No alcanzó, no funcionó. Los dislates de las últimas semanas dejaron a la intemperie la fractura expuesta que fatiga y debilita el corazón del poder.

Sin un comando cierto, la unidad se reveló como un engendro contranatura.

Imperativa, implacable, autorreferencial, CFK pegó el volantazo final trayendo a Macri a escena. Otra vez la grieta. Cuanto más honda, profunda y fatal, mejor.

Sin presente del cual jactarse ni futuro a desafiar. Solo se trata de mirar hacia atrás. Así de fácil te la hacen.

Espanta pensar que la opción es entre un presidente que aplaca sus ansiedades nocturnas engullendo dulces y otro ex que las anestesia viendo series de netflix. Tremenda pobreza de recursos. Excusas autorreferenciales que solo exponen debilidades y flaquezas de aquellos a los que la cruda realidad demanda con temple de acero.

Apremiada por dirimir sus propios equilibrios de poder, la coalición opositora llegó a las PASO haciendo uso de la opción ordenadora que está en la naturaleza misma de las primarias.

El riesgo de divisiones y enfrentamientos no tardó en aparecer. Hubo mucho tire y afloje para aplacar las tensiones que supuso la irrupción protagónica de Facundo Manes por cuenta y orden del radicalismo.

En el revoleo se sumaron incluso los pases de factura al interior de la UCR. Martín Lousteau durísimo con Gerardo Morales, a quien acusó de no poner el cuerpo en la campaña.

Ni siquiera la excelente elección de Gustavo Valdez alcanzó para aplacar los ánimos. Ya sobre el final de esta semana se impuso el sentido común. Manes bajó un cambio y habrá bunker bonaerense para Manes y Santilli.

La aparición de Mauricio Macri, empeñado en preservar su vapuleado liderazgo, forzó a profundizar la confrontación y alineó a los desmadrados. También para Horacio Rodríguez Larreta la opción pasó a ser entre dos países posibles.

Puede que Macri sueña con volver a ser presidente. Pero Larreta tiene otro empeño, aún más ambicioso, quiere gobernar.

Alguien que conoce mucho de todo esto sugiere que para gobernar no alcanza con acumular poder. Sostiene que el poder concentrado no sirve, que es necesario repartir el poder y que solo puede hacerlo quien logra construir autoridad basada en el prestigio y la confianza.

Larreta pone en juego en estas elecciones esa versión del poder. El momento es ahora si piensa en el 23. Por eso, para el Jefe de Gobierno de la Ciudad es clave el resultado electoral.

Mal que le pese, Alberto Fernández pone todo lo que le resta en juego en esta elección. Del resultado del domingo también depende el rumbo inmediato de su gestión.

Este domingo se vota. En algo todos parecen coincidir: no hay peor voto que el que no se emite.

El temor a una baja participación en las urnas da cuenta de una alarma, de una advertencia. Los comandos de campaña toman nota de un creciente estado de apatía, de abulia, de resignación.

Cuando la dirigencia deja de generar expectativas, cuando se reniega de los políticos, la democracia entra en zona crítica. Tal vez por eso es tan importante ir a votar.

El voto es tu moneda. No la pierdas. No la devalúes. No hay voto blue, ni voto paralelo. Todos los votos valen lo mismo. Cotizan en el mercado único y único de la democracia. A diferencia de la moneda y la palabra, el voto no se devalúa. Es tuyo. Te pertenece. No lo pierdas ni malgastes. No lo trafiques. Invertirlo.

No es cierto que esta elección no cambia nada. El lunes pueden cambiar muchas cosas.

Pensadas como una suerte de ordenador del poder, una herramienta llamada a definir quién decide en cada espacio, las PASO funcionan también como un ensayo, como una encuesta anticipada.

No importa desde qué lugar decidas tu voto. Lo importante es que votes. El voto es el mensaje. Los que vayan por el poder en noviembre están obligados a tomar nota de lo que digan las urnas.

Podes votar con el bolsillo o con el corazón. Puedes emitir un voto bronca, un voto frustración o un voto en blanco. Ya llegará el tiempo del voto útil, del voto estratégico.

Para las terceras fuerzas la impronta antinómica de este momento es un desafío y una oportunidad. Están llamadas a confrontar con la grieta. A disputar desde afuera.

Las PASO son elecciones abiertas. Pueden pensarse como una gran encuesta.

Las generales de noviembre, en cambio, están cerradas e implican otras inquietudes. Las fuerzas deberán ordenar y adaptar sus propuestas. En el interín la intención de votos se reordena.

En cualquier caso, en este escenario de antinomia quien lidera la oposición pasará a sumar entre 10 y 20 puntos. La posibilidad de perder la mayoría en el Senado es probablemente la mayor preocupación de CFK. Algo que resultaba impensable unas semanas atrás hoy resulta verosímil.

Los dos meses que median entre unas y otras son, en la Argentina de este tiempo, una eternidad.

Los analistas más ajustados aseguran que con menos de cinco puntos de diferencia a favor del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires, el oficialismo se garantiza una derrota en noviembre.

Cerca de Alberto dicen: “Si ganamos por un punto se tranquiliza el espacio y la economía vuela”.

El optimismo no puede vencer el sentido común, aseguran los más reflexivos. Inquieta la reacción post PASO tanto del oficialismo como de los mercados.

Si el margen de diferencia en la Provincia de Buenos Aires es superior a los cinco puntos se aceleraron las gestiones para acordar con el FMI. Si está por debajo de los cinco puntos puede que estas tareas queden pendientes hasta noviembre.

Los análisis de lo que pasará para el caso de que el oficialismo pierda solo auguran más radicalización.

El resultado del domingo va a admitir todo tipo de lecturas. Cada espacio acomodará la suya. Pero mucho más allá de lo que cada uno quiera entender el mensaje que se construya votando marcará a fuego los días por venir. El lunes comienza otro tiempo.

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