
Miramos a la presidenta de la Comunidad de Madrid –que repetía candidatura-, que barrió con todos los partidos de izquierda juntos, al punto que Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno de España, optó dejar definitivamente la política después de haberse presentado con penoso resultado.
Porque aunque en España la demarcación entre izquierda y derecha es muy marcada y fuerte, con sus matices y especificidades (¿son los nacionalismos como el catalán, de izquierda o de derecha?), con Isabel Díaz Ayuso, de 42 años, la cuestión central es la libertad sobre cualquier cuestión.
Es decir, la izquierda que surgió para acabar con la explotación ha girado hacia un orden opresivo donde el Estado se torna un Gran Hermano y abandona la libertad en el camino. ¿Acaso se ha dejado atrás la dictadura de Franco para echarnos en manos de delirios tropicales?
En esos términos, el PP, el Partido Popular de Isabel Díaz Ayuso, es una centroderecha moderna, nada de cavernas ni conservadurismo de piedra y sin que los dogmas mande la vida humana. Por eso se eligió como único lema de campaña libertad, la palabra más bonita de la lengua. Por eso la mayoría de los votantes estuvo integrado por jóvenes. Por eso se votó en Madrid en pandemia: ninguna aflicción, ninguna calamidad, puede emplearse para negar el futuro y elegir. Por eso la concurrencia a hacerlo fue muy paciente, cuidadosa y, atención, muy numerosa en una legislación que no obliga a hacerlo: votar es un derecho pero nadie puede ser coaccionado.

Se votó en pandemia, durante la cual en ningún momento cerraron a cal y canto los bares y la hostelería, que por allá la llaman así: “A los madrileños nos gusta ir a tomar unas cervezas y unas tapas después del trabajo y no he pensado nunca en retorcer nuestro modo”.
“A los madrileños” se refiere no solo a los que nacieron y viven en la refulgente capital española sino a todos los que buscaron un lugar desde otros lugares del país, que son muchos.
Pero tal vez podamos aproximarla a esta ganadora realista. Ella vio y propuso sin gritos destemplados. Lo hizo en un partido que aún guarda una arenilla franquista y clerical, sobre todo entre patriarcas y fundadores sobrevivientes del nacimiento de la democracia. Del mismo modo en que lo hizo, cuando llegó Felipe González, aupado por el Partido Socialista Obrero Español… Y vaya de qué modo cambió y lanzó lejos la realidad recibida.
Una mirada a Isabel Díaz Ayuso:
-Nació en el barrio de Chamberí, en una familia de clase media: “Mi padre era honesto, pesimista y duro. Mi madre en un segundo plano, callada y discreta.”
-”Me fui de casa hacia los 16 años con un empleo de 800 euros y encontramos un lugar para vivir tres chicas desconocidas. No volví a casa.”
-”Siempre me atrajo la vida nocturna, divertida”.
-Cuenta con un divorcio y una larga amistad amorosa con el peluquero o estilista desocupado, Jairo Alonso. Alquilábamos 54 metros cuadrados en Malasaña. Barrio popular y antiguo.
-”¿Feminismo? No todas las mujeres son iguales, ni los hombres tampoco. No me va la lucha contra el hombre pero combato el machismo”.
-Se propone bajar impuestos y reducir la burocracia para promover empresa y trabajo.
-”Perdí la fe a los nueve. Al tiempo de la comunión, más o menos. No la he recuperado.”
Bien, aquí tienen a Isabel Díaz Ayuso. La toman o la dejan. La libertad lo permite.
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