
Leo las declaraciones de Eduardo Duhalde con estupor y con pena. Soy de la misma generación que él y en absoluto me siento fracasado.
Luché, como tantos de esa generación, contra las dictaduras militares.
Luego, enfrentamos a los medios manejados por el Estado, en la época de la presidencia de Raúl Alfonsín.
Y más tarde fui parte de un gobierno que, con aciertos y errores, tuvo un balance a favor que aún hoy se recuerda, como lo puso en evidencia la reacción ante la desaparición física de Carlos Menem, líder de ese proceso, el 14 de febrero pasado.

Por eso me resulta inaceptable la descalificación que hace hoy Duhalde de mi generación y de la historia que protagonizamos.
En los años 90, la Argentina consolidó una alianza estratégica con Estados Unidos, pero ello no impidió que al mismo tiempo llegara a nuestro país una lluvia de inversiones europeas; se consolidó la paz interior, como lo manda la Constitución Nacional, y los últimos autores de sublevaciones fueron condenados -luego Duhalde los indultó-; se crearon los Cascos Blancos y se modernizó la infraestructura y los servicios del país: el puente Rosario-Victoria (104 años después de su proyección), la ruta 2 que tantos argentinos emprenden en sus vacaciones y que era la ruta de muerte; Puerto Madero, la Panamericana, la Autopista Buenos Aires-La Plata, el Acceso Oeste hasta Luján, los aeropuertos de El Calafate y de Ushuaia, la hidrovía y los puertos cerealeros desde Puerto San Martín a San Nicolás, por donde hoy sale el 60 por ciento de la exportación de cereales. La nueva Biblioteca Nacional -edificio que era un símbolo de la ineficiencia- fue finalmente terminada y se crearon en diez años más universidades que en todo un siglo.

Hubo otras renovaciones menos visibles pero no por ello menos estratégicas, como el tendido de fibra óptica, la red de telefonía celular, la duplicación de la capacidad de generación eléctrica; modernizaciones que fueron base para el posterior boom de las comunicaciones.
Por alguna razón que se me escapa, hoy Duhalde desconoce esto y descalifica toda una historia. Con lo cual niega la suya propia. Sobre los años de la presidencia de Carlos Menem llueven críticas. Nos corresponde a nosotros defender ese legado y no refugiarnos en una actitud concesiva y vergonzante.
Finalmente, quiero decirle al doctor Duhalde que como cualquier ciudadano normal de este país me anoté por la web ni bien se habilitó la vacunación y después de hacer la cola fui vacunado hace dos días sin ningún privilegio, beneficio que, por una cuestión de edad, no han tenido otros miembros de mi familia que aún esperan a ser convocados.
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