¿Una nueva Guerra Fría?

Saber si el momento histórico actual debe encuadrarse en “guerra fría” o no es sumamente importante para poder acertar en las definiciones que se tomen en materia de política exterior (e interior)

Guardar
Foto de archivo. El presidente
Foto de archivo. El presidente Donald Trump da un discurso en una reunión conjua con el presidente de China, Xi Jinping, con líderes empresariales en Pekín, China, 9 de noviembre, 2017. REUTERS/Damir Sagolj

Algunos estudiosos de las relaciones internacionales y analistas de diferentes vertientes ideológicas describen a la realidad mundial como una nueva “guerra fría”, similar a que atravesara el mundo desde los acuerdos de Yalta en octubre de 1945 hasta la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989.

Saber si el momento histórico actual debe encuadrarse en “guerra fría” o no es sumamente importante para poder acertar en las definiciones que se tomen en materia de política exterior (e interior).

Argentina, que pertenecía a Occidente y que durante el enfrentamiento entre la URSS y los Estados Unidos se encontraba cercana a los Estados Unidos, tuvo que pagar costos significativos en aquellos períodos políticos en que algún gobierno decidió no obedecer los dictados que desde Washington se enviaban a los países que se encontraban en el denominado “patio trasero”.

Líderes populares de todo el subcontinente no pudieron desarrollar sus planes por estar vigilados y examinados. Solo les cabía caer en brazos de la otra superpotencia para sobrevivir, como lo hizo Fidel Castro.

Actualmente las presiones norteamericanas son de otro estilo, pues Estados Unidos no posee el mismo poder que tenía al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

China, que ha estudiado puntillosamente la realidad actual de los países de la región, basa su capacidad de influir en su inmensa fortaleza financiera y económica-comercial.

Hoy es el principal importador de bienes argentinos y un destacado exportador de tecnología y de electrónica.

Es decir que el enfrentamiento entre Estados Unidos y China es muy diferente al que existió entre URSS y EEUU, donde los partidos comunistas locales estaban apoyados por la URSS y tenían una estrategia que se decidía en Moscú.

China no quiere un mundo “chino”, sino que pretende que se le permita seguir creciendo y desarrollándose, ahora incorporando en la ruta de la seda, obras de infraestructura física que le permitan expandir y cooptar los mercados de los Estados que se suman a su proyecto.

No hay pretensiones ni proyectos para que el mundo se embandere en un socialismo con características chinas.

Esta diferencia se basa en el proyecto que China históricamente tuvo y que recuperó desde que Deng Xiaoping tomó la conducción del Partido Comunista y estableció “la Reforma y la Apertura” en 1978 y que todos sus sucesores han mantenido. En palabras de Xi Jingping, China no pretende dirigir al mundo, no quiere enfrentar a Occidente como lo hiciese la Unión Soviética, que quería exportar e imponer su Revolución de Octubre. Lo que desea China es que el mundo respete a China.

Esta construcción de la “nueva” China post Mao Tse Tung, es vista desde sus dirigentes como una vuelta al antiguo lugar que tenía antes, hasta 1850 (tenía el 30% del PBI mundial) en que ingresó en el “siglo de la humillación” perdiendo su papel de rector del mundo asiático y que fuera desunido y dividido en la guerra del opio y ocupado por Gran Bretaña (vale la pena recordar que en esa guerra Gran Bretaña se quedó con Hong Kong)

La URSS creía tener un proyecto mejor, más justo e igualitario y creía que iba a vencer al capitalismo occidental, que era su enemigo.

Era un imperialismo que combatía en todo el mundo contra el otro imperialismo, que estaba aliado a todo occidente, era una guerra político-ideológica-cultural

El desarrollo de la guerra fría fue favorable a los Estados Unidos después de lograr que China dejara de compartir con la Unión Soviética el mismo proyecto, aunque las diferencias, tanto ideológicas como políticas y estratégicas, eran muy grandes.

China siguió siendo un país comunista hasta la muerte de Mao, cuando empezó a virar hacia el capitalismo, creando algo desconocido hasta ese momento, un capitalismo, sin democracia, como continúa siendo hasta nuestros días.

El objetivo de China no es vencer a los Estados Unidos, ya que hoy los necesita y necesita del mundo capitalista establecido por los Estados Unidos, China no quiere vencer al capitalismo, sino que pretende obtener resultados productivos y convertirse en el Estado más rico de la tierra, el que tenga la mas alta y mas extendida tecnología, el que sea respetado y temido y que sus proyectos no sean impedidos o enfrentados (en la hora actual fundamentalmente en el Asia).

Estados Unidos que se ha dado cuenta que al ritmo actual China lo está logrando, trata de impedirlo en forma desordenada y un tanto caótica desde la llegada de Trump, pero lo que ha logrado es aislarse y perder a los aliados que lo ayudarían a detener a China, como Europa occidental.

El error lo deberán pagar, primero, muy posiblemente, Trump en las elecciones de noviembre y después quien triunfe, que deberá gobernar con una China mucho más poderosa, equitativa y ambiciosa que la que encontró Trump.

El autor es diplomático. Fue representante permanente ante la #ONU, embajador ante #Canadá y ante la República Popular China y representante ante la OIT.