El caminante

Reb Zusha de Hanipoli era un caminante de caminos. Vivía como viajante por los pequeños pueblos de Polonia y Ucrania

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Alcanzar la paz interior comienza
Alcanzar la paz interior comienza por comprender lo que nos rodea (EFE/Alberto Valdés)

El gran Maguid de Mezrich era una de las luminarias del mundo Jasídico del siglo XVIII en el este de Europa. Cierta vez un hombre, agobiado por el dolor de su alma, fue a visitarlo para que le dijera cómo aceptar o comprender su sufrimiento. El Maguid lo envió a ver a su discípulo preferido, el Reb Zusha, un hombre que vivía en la extrema pobreza. “No estoy seguro de por qué el maestro te envió a verme a mí…-dijo Zusha- ¿Qué puedo decirte del sufrimiento? Tengo todo lo que una persona podría desear”.

Reb Zusha de Hanipoli era un caminante de caminos. Vivía como viajante por los pequeños pueblos de Polonia y Ucrania. Llevaba una vida de extrema humildad, era un amante de la simpleza. Sentía que tenía una misión en ayudar a otros a descubrir lo positivo incluso, o especialmente, en lo negativo. Era un convencido de que se podía aprender algo bueno de cada cosa, de cada persona y de cada situación.

Una de sus más bellas y profundas enseñanzas comienza con un fragmento del texto de esta semana. Zusha solía decir que hay cinco principios esenciales que encierran el mensaje para una vida más profunda. Cada uno en un versículo diferente:

Tamim tiieh. Ser simple. Ser íntegro. (Deut. 18:13)

Abrazar la belleza de lo simple. La magia de lo cotidiano. Descubrir lo extraordinario en lo ordinario. Hay veces que las grandes luces del exterior no nos permiten aprovechar la iluminación interior. La palabra “Tamim” en hebreo significa “simple” y también “íntegro”. Alcanzamos lo íntegro al reconocer todas las partes de nuestro ser. Las claras y las oscuras. Resulta entonces más simple aceptar y comprender a los demás. Así integrarnos al otro, al diferente, a lo que no es, no responde, no actúa o no piensa como nosotros.

Shiviti Adon-i. Siempre tener a Dios en frente. (Salmos 16:8)

El Shiviti es una frase de profunda raíz mística. Es conocido por adornar el frente del Arca Sagrada en varios Templos y utilizado como mantra para alcanzar estados de introspección y conexión espiritual. El Shiviti llama a detenernos ante cada decisión, a pensar antes de actuar y a reflexionar antes de decir, al asumir que estamos frente al Poder que rige el Universo a cada momento.

Veahavta lereaja kamoja. Amar al prójimo. (Lev. 19:18)

La integridad emocional y la conexión espiritual sólo alcanzan sentido al conectarnos con los que nos rodean. Quizá muchas cosas no nos traigan los tiempos felices que tanto esperamos. Pero no todo se trata acerca de nosotros. La felicidad es maravillosa, ya sea la propia o la del otro. Hacer que alguien sea un poco más feliz, nos permite descubrir su sentido más profundo.

Bejol drajeja daheiu. Comprender, en todos los caminos. (Proverbios 3:6)

Cada paso, un desafío. Cada ruta, un aprendizaje. Cada camino, una enseñanza. Alcanzar la paz interior comienza por comprender lo que nos rodea. Comprender al que se encuentra frágil, angustiado, quebrado, solo. Comprender que a veces sólo esperan de nuestra compañía en silencio. Comprender que somos responsables por la parte del Universo que nos toca reparar. El maestro de caminos enseña que ese camino es único, porque sólo se hizo para que lo caminemos nosotros. Comprender que la vida es un viaje. Donde cada parada es una oportunidad, cada atajo una excusa y cada sendero, una pregunta.

Hatznea lejet. Caminar humildemente. (Mijá 6:8)

Una vez que estemos en camino, con simpleza e integridad, con búsqueda espiritual, con buenas acciones y con comprensión de nuestro lugar en el mundo, sólo resta hacerlo desde la humildad. A aquél que busca el honor, éste siempre se le escapa. La verdadera humildad lejos de hablar de pobreza, sólo habla de grandeza. Hacer el camino con largos pasos puede ahorrarnos mucho tiempo, pero desperdiciar grandes momentos.

Reb Zusha no eligió estos versos de manera azarosa. La primer letra de cada uno de ellos forma la palabra “Teshuva”, que significa “Respuesta”, “Búsqueda interior” y también “Retorno”. Es en esa búsqueda propia que podemos encontrar las respuestas. Para poder volver, poder retornar. Al camino, al propósito, al origen, a nosotros y entonces, a Dios.

Amigos queridos. Amigos todos.

En el final de sus días, enfermo en su lecho, los discípulos de Reb Zusha estaban a su lado. El maestro de caminos necesitaba dejarles su última lección. Decirles que el camino está diseñado de manera exclusiva para cada uno. Y que nunca debían dejar de buscar y explotar su máximo potencial. De pronto, vieron a su maestro llorar. Entonces preguntaron: “Maestro, ¿qué es lo que lo preocupa en este momento? ¡Ha sido una luminaria para el mundo, casi tan sabio como Moisés, casi tan amable como Abraham! ¡Es seguro que lo recibirán amorosamente en los cielos!”. Reb Zusha dijo entre lágrimas: “Cuando suba al cielo, no me preocupa que me pregunten por qué no fui como Moisés, o por qué no fui como Abraham. Sólo me preocupa que me pregunten: ¿Por qué no fuiste como Zusha?”.

El autor es rabino de la Comunidad Amijai, y presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti.