
En la Argentina nos enfrentamos una vez más a una crisis socioeconómica de magnitudes insospechadas, y una vez más tenemos la oportunidad de salir de ella fortalecidos.
Las grandes preguntas son, ¿cómo lo lograremos?, ¿con qué contamos?, ¿quiénes lo pueden llevar adelante? Pero por sobre estas preguntas entiendo que debemos preguntarnos, ¿qué tipo de sociedad/país pretendemos ser? Sólo a partir de que nos preguntemos el qué, podremos pensar en el cómo.
Es de una enorme importancia que podamos, en conjunto y mancomunadamente, bosquejar un país viable, que pueda desarrollar su enorme potencialidad. Para ello se requiere de una clase dirigente (política, empresarial, sindical, intelectual) con pensamiento estratégico de mediano y largo plazo, que no se quede en mezquindades sectoriales, que pueda pensar en el beneficio de la sociedad toda. ¿Será tan difícil? Nuestra historia nos dice que es dificultoso, pero es ése el desafío a enfrentar. No habrá vientos favorables si no sabemos adónde ir.
Como presidente de una compañía de seguros también siento la necesidad de que nuestra industria se haga las mismas preguntas, que podamos “repensarnos” en términos de nuestra propuesta de valor hacia la sociedad. La industria del seguro tiene una participación importante en el PBI nacional, pero podemos hacer mucho más.
Es una buena oportunidad para repensar la dinámica y estructura de nuestra oferta en todas las dimensiones. Por ejemplo, en la oferta de productos más innovadores, más disruptivos y más adaptados a los cambios de hábitos que traerá la pospandemia. Hay que romper con la comoditización actual de la oferta.
Tenemos que ampliar la conciencia aseguradora, pero no solo desde el temor a estar desprotegido sino a ofrecer nuevas coberturas y a estar muy atentos a las nuevas demandas de la sociedad.
Debemos lograr que nuestros asegurados se sientan confiados en el sistema. No puede ser que aún hoy frente a algún siniestro, muchos clientes tengan dudas si serán indemnizados correctamente, debemos ser claros y contundentes. Hay que trabajar mucho, y esa es nuestra responsabilidad, para desterrar en el imaginario de la sociedad la idea de la “letra chica”.
El aggiornamiento tecnológico que está llevando adelante la industria del seguro es muy importante, pero eso solo no alcanza para la prestación de servicios de excelencia. Debemos tender a buscar el justo equilibrio entre tecnología y la presencia humana, puede ser sencillo para un cliente contratar una cobertura sin intermediación, pero seguramente requerirá la atención personal al “momento de la verdad” (siniestro), y de ahí la importancia que a mi entender tiene la intermediación de los Productores Asesores de Seguros.
Uno de los pilares de nuestro negocio es el resultado financiero. Debiéramos romper con esa lógica y trabajar en la rentabilidad propia de cada producto, esto lo podríamos lograr reviendo procesos y siendo eficientes en todas las dimensiones de cada compañía.
Soy optimista, sé que muchos de mis colegas piensan como yo, ésta no es tarea de una sola empresa. No tengamos miedo a las transformaciones, esto solo se podrá lograr con el concurso de empresas, productores, cámaras y todos los actores en su conjunto.
No perdamos la oportunidad de repensarnos en “qué” tipo de industria queremos ser, porque así el “cómo” será más sencillo ya que contamos con las capacidades estructurales y talentos humanos para llevarlo adelante. Sólo tenemos que fijar un norte, pensar en un mercado asegurador y un país en grande.
El autor es presidente de Libra Seguros
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