
Cuando Cristina Kirchner anunció su fórmula en mayo de 2019 quedó claro que la inestabilidad política, en caso de ganar, sería inevitable. ¡Y así fue! Tenemos un presente incierto.
Hay naturalmente cuestiones ideológicas. Alberto Fernández es un progresista light, o sea un socialdemócrata asimilable al radicalismo alfonsinista, y CFK una versión más dura del progresismo, esto es un camporismo sin fierros.
Pero las desavenencias no pasan solo por cuestiones ideológicas: hay asuntos políticos y de poder. Y muchas veces pesan tanto o más que los otros. Y eso es lo que está pasando.
Revisar la historia de nuestro país acerca de los conflictos entre presidentes y vices, por un lado, y entre jefes y vicarios por el otro, es aproximarnos a entender el presente.
Va de suyo que la pandemia ha complicado la cotidianeidad a un nivel jamás visto. Sin embargo, con covid o sin covid, tengo para mí que la ecuación no cambia y el choque de todos modos sobrevendrá. Ya hay algunos indicios.
En la campaña electoral Alberto Fernández habló de crear un Consejo Económico y Social con los responsables más sobresalientes de cada área de la vida nacional, para gobernar con todos, según decía.
Estaría habiendo problemas con ese temita.
CFK y el kirchnerismo cuestionaron a los referentes que Alberto Fernández eligió. El Presidente armó una previa y, por las dudas, no sea cosa que se la crea, lo salieron a cortar de inmediato. ¡Pobre Alberto! Como dice la canción de Violeta Parra: ¨Para llamarse Alberto hay que ser bien albertío¨.
En la campaña electoral, el periodismo especializado y naturalmente los políticos del poroteo no vieron que el diablo estaba metiendo la cola o, mejor dicho, que Cristina Kirchner hablaba con la claridad de siempre y nadie se daba por enterado. ¿Será porque no estaban espabilados? ¿O será por el disgusto de ver la realidad?
En una de las tantas presentaciones de su libro, Sinceramente, Cristina, que siempre dice lo que piensa y no oculta sus ideas habló de esta manera: “Permítanme decirles que es necesario algo más que un acuerdo social, se necesita un contrato social de todos los argentinos y argentinas”. Y nadie se dio cuenta de lo que nos estaba diciendo. Ahora parece descifrarse el misterio, que no estaba encriptado.
Para ejemplificar y justificar su propuesta puso como enseñanza el fracaso del pacto social de 1973 de dos colosos de la política y el capital, el general Juan Domingo Perón y su ministro de Economía José Ber Gelbard. Seguidamente contó el porqué de este fracaso y sorprendentemente, para los olvidadizos, narró el enojo de Perón aquel 12 de junio de 1974 con los empresarios incumplidores de los acuerdos. Lo dijo de una manera interesante pues, aseguró, todos nosotros recordamos aun aquellas bellas palabras de Perón cuando por la tarde en la Plaza nos dijo: “Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí, es la palabra del pueblo argentino”.
Sin embargo pocos se acuerdan, observó agudamente, que por la mañana el General estaba enfurecido con los empresarios que estaban boicoteando el pacto. Sin decir por qué no podían cumplirlo, afirmó: “Ahora necesitamos un contrato social”. ¡Atención, empresarios!
Por lo tanto, frente al fiasco de estos dos colosos, un pacto no alcanza, ahora se necesita algo más fuerte y poderoso. Le puso el siguiente título: “un contrato social de ciudadanía responsable”.
¡Contrato social y ciudadanos! Faltan Rousseau, Danton, Marat, Robespierre y estamos todos.
¿Ahora entienden los incautos?
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