
En noviembre de 1820, la Argentina como país enarbolaba una de las acciones de soberanía más destacadas sobre las Islas Malvinas.
En esta se destaca la persona del corsario norteamericano, luego nacionalizado argentino, David Jewett (o Jewitt). Él mismo, capitaneado la Fragata Heroína, tomaría el control pacífico de la Islas e izaría por primera vez el pabellón nacional en Puerto Soledad, tras un sufrido viaje enmarcado en deserciones, motines y enfermedad.
De manera inteligente, junto a sus leales oficiales, montó una escena -con “las formalidades ordinarias”, diría Groussac (1936)- para impresionar a las embarcaciones presentes, en su mayoría balleneros y pesqueros norteamericanos como ingleses. Se realizó una declaración de la toma de posesión de la Islas que fue acompañada por una salva de 21 cañonazos.
El diario El Mercurio de Valparaíso publicaría el 29 de octubre de 1829, una nota de La Gaceta Mercantil de Buenos Aires que recordaba los acontecimiento del 2 de noviembre de 1820, respecto a la carta de tinte diplomático que el Sr. Jewitt le diese al célebre navegante inglés James Weddell (y que éste notificase a su país luego de volver de su campaña antártica). De la misiva destacamos los siguientes párrafos:
“Señor – tengo el honor de informar a Ud. De mi llegada a este puerto, comisionado por el superior gobierno de las Provincias Unidas de la América del Sur, para tomar posesión de estas islas en nombre del país, al que naturalmente pertenecen”.
Uno de los objetivos principales es, esa abusiva destrucción de los recursos tan útiles para aquellos (buques extranjeros) cuyas necesidad los compelen ó convidan á visitar estas Islas, y auxiliar a los que deseen abastecerse á poca costa”.
La Gaceta Mercantil destacaba, en clave geopolítica, la importancia marítima que tenían las Islas: funcionaban como asistencia a embarcaciones, suponían la presencia de destacados productos naturales; como posibles minas de carbón de piedra (combustible producto de la turba) y hasta podían transformarse en un polo de desarrollo industrial. En la misma nota, llama al gobierno a poblarlas y explotarlas.
La nota de relevo del Capitán, en 1821, finalizaría exclamando: “A él, a sus bravos tripulantes, y a todos aquellos que participaron de alguna forma en la empresa, la posteridad debe colocar como epitafio a sus vidas: ¡la Patria agradecida!”.
El autor es licenciado en Ciencia Política por la UBA con orientación en Relaciones Internacionales, trabaja en el Ministerio de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y ha ocupado cargos en la administración pública. Ha escrito artículos de diferente temática relacionados todos con la política.
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