Terminé de leer casi por completo el libro de Cristina Fernández. Lo primero que tengo para decir, antes de hacer cualquier crítica sobre su contenido, es que no lo escribió ella. ¿Cómo lo sé? Por dos razones básicas. Una: he comparado el texto con varios de sus discursos. No tienen ni un poquito que ver. Dos: está claro que el texto de Sinceramente es una desgrabación o la reproducción textual de una conversación con alguien. De otra manera no se explica ese tono coloquial y desacartonado. Más propio de una conversación de café que de un escrito de un expresidente.

Y ya que estamos hablando de un libro firmado por un exjefe de Estado quiero abordar ya mismo el punto esencial. El trabajo me decepcionó. Desde la primera página hasta la última. El motivo principal es que, viniendo de una persona que fue presidenta en dos oportunidades a través del voto popular, debería haber sido concebido como algo más relevante. Algo que tuviera aunque sea la pretensión de legado y no un amasijo de anécdotas ordenadas a la bartola y sin ninguna lógica estructural. En serio. Parece más el resultado de su verborragia imparable que de una concepción ordenada de como debía presentar sus ideas. Y hablando de ideas, no hay una sola que parezca nueva.

No hay una que no sea el producto de sus obsesiones de siempre, de su recurrente victimización, de su creciente paranoia, y de su megalomanía recargada. Para que se entienda bien: todo el texto remite a Ella y nada más que a Ella. Cristina contra Macri. Cristina contra el campo, los Poderes Concentrados y los Medios Hegemónicos. Y no solo remite a su persona. Explica cada hecho con su particular y sesgada visión de la realidad.

Cristina no se presenta a la entrega del bastón y la banda porque no quiere darle el gusto a Macri ni a Cambiemos. Cristina además estaba cansada de los argentinos y decidió no aparecer. Cristina recibe a Gabriela Michetti en una reunión privada y hace una lectura delirante de por qué le pidió la cita. Cristina recibe al actual Presidente en otro encuentro reservado y determina que Macri le sugirió que le quitara las retenciones al campo pensando en su madre, Alicia Blanco Villegas, una terrateniente de Tandil.

Con todo, el libro que le escribieron a Cristina Fernández de Kirchner sirve para confirmar dos sospechas. Una: que se piensa a sí misma como la sucesora del actual gobierno. Y dos: que a pesar de que se viste de blanco, habla en off para el corto dedicado a su hija en un tono pausado, e insiste con la idea de la persecución y la victimización, está más belicosa y radical que nunca. Y no tiene la más mínima intención de acordar con los sectores de la sociedad a los que sigue considerando sus enemigos para siempre: el campo, el periodismo independiente y cualquiera que no piense como Ella, en los más diversos campos de la vida.

Si tuviese que resumirlo en una frase, diría que Sinceramente se parece bastante al contenido de sus inolvidables escuchas, escuchas, pero, como le gusta destacar a Cristina, en letras de molde.

* Editorial leído por Luis Majul en el comienzo de su programa La Tarde en CNN Radio