¿Por qué los equipos deportivos son más exitosos que las empresas?

El éxito empresarial, al igual que el deportivo, no se improvisa: requiere entrenamiento constante, liderazgo, disciplina y trabajo en equipo para transformar el talento individual en resultados colectivos

Empresario, franquiciante, consultor empresarial y líder gremial
Empresario, franquiciante, consultor empresarial y líder gremial
Guardar

En el deporte profesional, nadie espera ganar sin preparación. En las empresas, en cambio, con frecuencia exigimos resultados extraordinarios a equipos que rara vez entrenan o que, en el mejor de los casos, se preparan mientras el cliente ya está en el campo de juego.

Hay una contradicción que me llama profundamente la atención.

PUBLICIDAD

Un equipo de futbol puede entrenar cinco o seis días para disputar un partido de apenas 90 minutos. En el futbol americano, los jugadores deben dominar numerosas jugadas y conocer con precisión sus responsabilidades. Los equipos estudian, ensayan estrategias, analizan a sus rivales, desarrollan habilidades individuales, corrigen errores y miden constantemente su desempeño.

En muchas empresas sucede exactamente lo contrario.

Los colaboradores dedican prácticamente todo su tiempo a ejecutar tareas, atender clientes, vender y resolver problemas. Pero ¿cuánto tiempo invierten realmente en prepararse para hacer mejor su trabajo?

Queremos vendedores extraordinarios que casi nunca practican una negociación. Esperamos que nuestros líderes sepan dirigir equipos sin invertir suficiente tiempo en su formación. Exigimos experiencias excepcionales para los clientes, pero pocas veces ensayamos cómo ofrecerlas.

PUBLICIDAD

He tenido la oportunidad de participar tanto en la dirección de empresas como en la gestión deportiva. Una de las lecciones más importantes que encuentro al comparar ambos mundos es que el rendimiento no se improvisa: se construye.

Imagen 35FZRB7ZJ5FZBOSRRN7JC7NRUI

En el deporte, cada jugador conoce su posición, sus responsabilidades y el objetivo colectivo. Hay entrenadores, indicadores, estrategias y rutinas de preparación que permiten desarrollar el potencial individual y fortalecer el desempeño del equipo.

Una empresa debería funcionar con la misma disciplina.

Imaginemos que cada equipo comercial dedicara tiempo semanal a practicar cómo responder a las objeciones de los clientes. Que los responsables de operaciones analizaran los errores para identificar y corregir sus causas. Que los líderes entrenaran habilidades de comunicación, toma de decisiones y delegación.

Probablemente descubriríamos que muchos problemas que atribuimos a la falta de compromiso son, en realidad, consecuencia de una preparación insuficiente, deficiencias de liderazgo o fallas en el diseño de los procesos de trabajo.

Pero existe otra lección fundamental: en el deporte no basta con reunir grandes individualidades.

Un equipo lleno de estrellas, pero sin coordinación, puede perder frente a otro más disciplinado, con una estrategia clara y jugadores comprometidos con el resultado colectivo.

En las empresas ocurre lo mismo.

Contratar talento es importante, pero contar con profesionales capaces no garantiza, por sí solo, buenos resultados. Es el sistema de trabajo el que permite transformar las capacidades individuales en logros colectivos.

Por eso, antes de exigir mejores resultados, deberíamos hacernos una pregunta diferente:

¿Estamos proporcionando a nuestra gente el entrenamiento, las herramientas y la dirección que necesita para conseguirlos?

Las empresas no deberían limitarse a contratar talento. También deben convertirse en organizaciones capaces de desarrollarlo, fortalecerlo y aprovecharlo mediante una cultura de aprendizaje continuo.

Porque los campeonatos no se ganan solamente durante el partido.

Se construyen durante los entrenamientos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD