La cueva de los cráneos en Chiapas: INAH descubre que las mujeres son mayoría en un tzompantli maya

El análisis del INAH contabiliza 83 mujeres, 79 hombres y tres individuos sin determinar; huellas de cocción y hollín apuntan a ceremonias prehispánicas en la caverna

Varios cráneos humanos antiguos reposan sobre una mesa iluminada dentro de un laboratorio con estantes al fondo
Investigadores del INAH analizan en un laboratorio los cráneos del tzompantli de Frontera Comalapa, entre los cuales identificaron restos de 83 mujeres y 79 hombres. (INAH)
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Un nuevo descubrimiento en Frontera Comalapa, Chiapas por parte de expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha provocado mayores investigaciones y reflexiones sobre las tradiciones y rituales de las culturas mayas. En instancia de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, expertos compartieron detalles de los más recientes descubrimientos de cráneos en Tzompantli.

El tzompantli de Frontera Comalapa esconde 165 cráneos en una cueva de Chiapas: el análisis osteológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia determinó que 83 pertenecen a mujeres, 79 a hombres y tres no pudieron clasificarse por su fragmentación.

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Los indicios de cocción en los huesos y de hollín en la techumbre de la caverna llevan a los especialistas a plantear que el sitio funcionó como espacio de peregrinaje y ritualidad maya en época prehispánica.

El contexto fue localizado en 2012. Tras las primeras indagaciones del antropólogo físico Javier Montes de Paz, las investigadoras Cristell Delesma Pérez y Abigail Reyes López estimaron el sexo de los individuos a partir de rasgos de diferenciación sexual del cráneo: el ángulo del maxilar inferior y la prominencia de la zona supraorbitaria. La ausencia de huesos pélvicos obligó a recurrir a esos dimorfismos craneales, los segundos más utilizados en osteología después de la pelvis.

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El total de 165 cráneos incluye 15 de infantes. La mayoría de los adultos tenía entre 25 y 35 años, aunque se identificaron dos individuos de entre 55 y 70, una edad que, según el investigador Josuhé Lozada Toledo, de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, rebasa el promedio de vida del área maya durante el Posclásico Temprano, estimado en torno a las cuatro décadas entre 900 y 1200 d.C.

Una mujer sentada frente a un monitor con tablas de datos y gráficos, rodeada de cajas de cartón sobre estantes en un almacén
Una especialista del INAH analiza datos estadísticos sobre los cráneos documentados en el tzompantli de Frontera Comalapa, Chiapas. (INAH)

Indicios de rituales y peregrinaje en la cueva

Los restos de tres personas presentan huellas de corte y varios huesos muestran indicios de cocción. Fotografías de archivo registran hollín en la techumbre de la caverna, señal de que sus visitantes entraron con antorchas.

Lozada Toledo sostiene que el fuego y la disposición de los restos apuntan a actividades ceremoniales. “Esto apunta a que los antiguos mayas ingresaron con antorchas y, quizá, realizaron allí diversos rituales que convertían a la caverna en un sitio de peregrinaje, anclado a la vida social de sus pueblos cercanos para pedimentos de lluvia u otras ceremonias”, señaló.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, afirmó que el lugar pudo concentrar prácticas rituales de comunidades mayas y subrayó la responsabilidad de conservar y difundir el patrimonio arqueológico de Chiapas.

El simbolismo de los cráneos en la cosmovisión mesoamericana

El tzompantli de Comalapa sería anterior a los grandes altares del centro de México, como los erigidos en Tenochtitlan durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521 d.C. Lozada Toledo señaló que estructuras como el Huei Tzompantli pudieron responder también a lógicas políticas de demostración de poder, además de cumplir funciones religiosas.

Un cráneo humano sobre una superficie blanca iluminada, con otros cráneos desenfocados en el fondo
Uno de los cráneos del tzompantli de Frontera Comalapa forma parte del conjunto de 165 restos óseos analizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en México. (INAH)

El investigador explicó que varias culturas mesoamericanas concebían entidades anímicas distribuidas en el cuerpo: el teyolía en el corazón, el ihíyotl en el hígado y el tonalli en la cabeza, este último considerado el que albergaba la esencia de los individuos. Bajo esa visión, el tzompantli pudo ser una gran acumulación de esas esencias ofrendadas a las deidades dentro de un espacio sagrado como una cueva.

Los 165 cráneos y 51 huesos largos se resguardan en el Laboratorio de Antropología Física del Centro INAH Chiapas en buen estado de conservación, indicó Delesma Pérez. Entre los hallazgos destaca un martillo del sistema auditivo, huesecillo de apenas ocho o nueve milímetros que rara vez se preserva en contextos arqueológicos.

Los cráneos también exhiben modelado cefálico tabular erecto, modificación lograda con tablillas durante la infancia, así como ausencia de mandíbulas y extracción de dientes superiores en la mayoría de los casos. Esas intervenciones, posteriores a la muerte, revelan rituales complejos de reingreso y remoción de huesos con fines ceremoniales que transformaron la cueva en un depósito ritual.

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