No es solo el agua: estos son los verdaderos factores de riesgo de las piedras en los riñones

La evidencia relaciona los cálculos renales con la dieta, enfermedades metabólicas e intestinales, infecciones urinarias y factores genéticos

Corte de un riñón con cálculos visibles, entre un fondo azul con agua y un fondo rojo con saleros, refrescos y embutidos.
El riesgo de cálculos renales va mucho más allá de la hidratación. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Las piedras en los riñones no aparecen solo por beber poca agua: surgen cuando la orina concentra minerales y compuestos que cristalizan, en personas con predisposición genética, dietas con exceso de sal o proteínas animales, obesidad, enfermedades metabólicas, infecciones o determinados tratamientos.

Pueden formarse durante semanas o meses y dar síntomas cuando bloquean el paso de la orina. El riesgo aumenta cuando varios de esos factores se combinan, según organismos sanitarios y guías de urología.

PUBLICIDAD

Los cálculos renales, también llamados litiasis renal, son masas sólidas que se originan dentro de los riñones a partir de sustancias presentes en la orina, como calcio, oxalato, fosfato y ácido úrico.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos explica que el problema comienza cuando hay demasiadas sustancias capaces de formar cristales o cuando faltan compuestos que impidan que se agrupen.

La orina concentrada es el punto de partida, pero no explica todos los casos

La falta de líquidos y el bajo volumen urinario siguen entre los riesgos más frecuentes. Cuando una persona produce poca orina, aumentan las concentraciones de calcio, oxalato, fosfato o ácido úrico, lo que favorece la sobresaturación y la formación de cristales.

PUBLICIDAD

MedlinePlus señala que el riesgo crece cuando la producción diaria de orina baja de aproximadamente un litro. Esa condición puede aparecer por una ingesta insuficiente de agua, sudoración intensa, ejercicio sin reposición de líquidos o exposición prolongada al calor.

La Clínica Mayo añade que vivir en zonas cálidas y secas, o trabajar en ambientes con altas temperaturas, puede elevar la probabilidad de desarrollar cálculos si las pérdidas de agua no se compensan.

Pero la hidratación no determina por sí sola quién tendrá piedras. La Fundación Nacional del Riñón advierte que una orina con poco líquido y exceso de minerales es solo una parte de la ecuación: la alimentación, el peso, las enfermedades y ciertos medicamentos pueden modificar la composición urinaria incluso en quienes beben una cantidad razonable de agua.

Un hombre con dolor se toca la espalda dejando ver los riñones, acompañado por cuatro piedras minerales de distintas formas y colores.
Cuando una persona produce poca orina, aumentan las concentraciones de calcio, oxalato, fosfato o ácido úrico, lo que favorece la sobresaturación y la formación de cristales.(Imagen Ilustrativa Infobae)

La sal, las proteínas animales y los azúcares cambian la química de la orina

La dieta figura entre los factores modificables con mayor respaldo científico. La Fundación Nacional del Riñón identifica el consumo elevado de sodio, proteínas animales y azúcares añadidos como hábitos asociados con una mayor probabilidad de formar cálculos.

El exceso de sal aumenta la eliminación de calcio por la orina. Ese cambio puede facilitar la aparición de cálculos de oxalato o fosfato de calcio, que son los tipos más frecuentes.

Las dietas abundantes en carne de res, cerdo, aves, pescado y mariscos también pueden elevar el riesgo. Estos alimentos incrementan la carga ácida sobre el riñón, reducen el citrato urinario y pueden aumentar el ácido úrico.

El citrato actúa como un freno natural para la cristalización porque se une al calcio y reduce su disponibilidad para formar piedras. Una baja concentración de esta sustancia, conocida como hipocitraturia, se asocia con mayor riesgo de litiasis de calcio.

Una revisión sistemática publicada en BMC Nephrology relacionó el alto consumo de sodio, fructosa, carne, proteínas animales y refrescos con una mayor incidencia de cálculos. El mismo trabajo vinculó la obesidad con un aumento del 39% en el riesgo de litiasis.

No todos los cambios alimentarios consisten en restringir productos. La Fundación Nacional del Riñón sostiene que una ingesta adecuada de calcio proveniente de alimentos puede reducir la absorción intestinal de oxalato y ayudar a prevenir cálculos de oxalato de calcio.

Las dietas demasiado bajas en calcio pueden producir el efecto contrario en personas predispuestas. Al haber menos calcio disponible en el intestino, queda más oxalato libre para ser absorbido y luego eliminado por la orina.

Frasco de vidrio volcado con sal derramada junto a un modelo en corte de un riñón humano sobre una mesa blanca
El exceso de sal aumenta la eliminación de calcio por la orina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La obesidad, la diabetes y la hipertensión también elevan el riesgo

El sobrepeso y el síndrome metabólico se asocian con una orina más favorable a la formación de piedras. La resistencia a la insulina puede reducir la capacidad del riñón para amortiguar la acidez, lo que baja el pH urinario y facilita los cálculos de ácido úrico.

Un estudio de cohorte realizado en Irán, con más de 10 mil adultos de entre 40 y 70 años, detectó asociaciones entre litiasis renal, diabetes, hipertensión, hígado graso y exceso de peso.

En ese análisis, las personas con hígado graso tuvieron 2,21 veces más riesgo de presentar cálculos. La hipertensión se relacionó con un riesgo 1,43 veces superior y el sobrepeso, con uno 1,35 veces mayor.

La diabetes tipo 2, la obesidad y la gota se vinculan especialmente con los cálculos de ácido úrico. En estos casos, no solo importa la cantidad de ácido úrico eliminada: también resulta decisivo que la orina mantenga una acidez elevada.

La Asociación Europea de Urología incluye al síndrome metabólico entre las condiciones que deben tenerse en cuenta al clasificar el riesgo de recurrencia y de posible daño renal a largo plazo.

Los antecedentes familiares y el tipo de piedra cambian el pronóstico

Haber tenido un cálculo antes es uno de los indicadores más útiles para anticipar otro episodio. Las guías europeas estiman que la recurrencia tras un primer cálculo ronda el 26% a los cinco años.

La historia familiar también importa. El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y MedlinePlus Genetics coinciden en que los antecedentes en familiares cercanos reflejan tanto una susceptibilidad hereditaria como hábitos y condiciones ambientales compartidas.

En la mayoría de las personas, el riesgo genético depende de múltiples variantes que interactúan con la dieta, la hidratación y el estado de salud. En otros pacientes, una alteración hereditaria específica puede ser la causa central de la enfermedad.

La cistinuria, por ejemplo, provoca una eliminación excesiva de cistina en la orina. Como ese aminoácido es poco soluble, puede originar cálculos recurrentes desde la infancia o la adolescencia.

La hiperoxaluria primaria constituye otro trastorno genético de alto riesgo. En este caso, el organismo produce cantidades muy elevadas de oxalato, lo que favorece cálculos de oxalato de calcio y depósitos de minerales dentro del tejido renal.

La Asociación Europea de Urología considera de alto riesgo a quienes tienen litiasis de inicio temprano, recurrencias frecuentes, historia familiar, cálculos de cistina, ácido úrico, brushita o estruvita, además de ciertas enfermedades metabólicas y anatómicas.

Infografía con un modelo de riñón con piedras, textos explicativos, seis paneles con iconos temáticos y el logotipo de Infobae al pie.
Factores y condiciones de salud que favorecen la aparición de cálculos renales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las enfermedades digestivas y las infecciones pueden ser determinantes

Las enfermedades intestinales y algunas cirugías digestivas aumentan el riesgo porque alteran la absorción de grasas y oxalato. MedlinePlus explica que, cuando las grasas no se absorben bien, se unen al calcio en el intestino y dejan más oxalato disponible para ingresar al organismo.

Ese fenómeno, llamado hiperoxaluria entérica, puede presentarse en personas con enfermedad inflamatoria intestinal, resecciones intestinales extensas o cirugía bariátrica de tipo malabsortivo.

Las diarreas crónicas añaden otro problema: pueden causar pérdida de líquidos y bicarbonato. Esa combinación favorece la deshidratación, modifica el pH de la orina y reduce el citrato urinario.

Las infecciones urinarias recurrentes también pueden causar cálculos, sobre todo los de estruvita. Estos se forman en presencia de bacterias que producen ureasa, como Proteus mirabilis, capaces de elevar el pH urinario.

MedlinePlus advierte que los cálculos de estruvita pueden crecer con rapidez y ocupar grandes zonas del sistema colector del riñón. En estos casos, la infección y la piedra pueden alimentarse mutuamente: el cálculo facilita la persistencia de bacterias y la infección contribuye a nuevos depósitos minerales.

Algunos medicamentos requieren una revisión médica

Ciertos fármacos modifican la química de la orina o pueden precipitar directamente en las vías urinarias. Los Institutos Nacionales de Salud incluyen entre ellos algunos diuréticos, antiácidos con calcio, el antirretroviral indinavir y el antiepiléptico topiramato.

El topiramato, utilizado también para prevenir migrañas, puede reducir el citrato urinario y elevar el pH. Ese perfil favorece principalmente los cálculos de fosfato de calcio.

Las dosis altas de vitamina C merecen atención en personas predispuestas, ya que una parte se metaboliza a oxalato. La Clínica Mayo también menciona los laxantes usados en exceso y algunos suplementos entre los productos que pueden aumentar el riesgo.

La revisión de los medicamentos no implica suspender tratamientos por cuenta propia. La decisión debe tomarse con el equipo médico, sobre todo si una persona tuvo cálculos recurrentes o presenta cambios en su función renal.

Un modelo de riñón con cálculos renales, un frasco con pastillas blancas, un contenedor de orina y un estetoscopio sobre una mesa de madera
Ciertos fármacos modifican la química de la orina o pueden precipitar directamente en las vías urinarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La prevención necesita una estrategia adaptada a cada paciente

Las recomendaciones generales incluyen mantener un volumen adecuado de orina, moderar la sal, evitar excesos de proteínas animales y bebidas azucaradas, conservar un peso saludable y controlar enfermedades como diabetes, hipertensión, gota e hiperparatiroidismo.

La Fundación Nacional del Riñón y los Institutos Nacionales de Salud recomiendan que quienes ya tuvieron un cálculo consulten sobre el análisis de la piedra y estudios de orina. Saber si el problema es calcio, oxalato, ácido úrico, estruvita o cistina permite orientar la prevención.

Las guías de la Asociación Europea de Urología plantean una evaluación más amplia para quienes tienen recurrencias, antecedentes familiares, cálculos inusuales, enfermedades digestivas, anomalías urinarias, un solo riñón o sospecha de un trastorno hereditario.

El mensaje central es que beber agua sigue siendo indispensable, pero no basta con tomar más líquidos. La prevención efectiva exige identificar qué factores están alterando la orina y actuar sobre ellos antes de que se forme otra piedra.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD