Ilegal en EEUU, pero usada en Cancún: así opera la clínica mexicana con psicodélicos donde el hijo de Cindy Crawford se internó para tratar sus adicciones

Presley Gerber murió el pasado 20 de septiembre de 2026 a los 27 años dentro de un centro de rehabilitación

La muerte de Presley Gerber, el único hijo de la supermodelo Cindy Crawford y el empresario Rande Gerber, ha vuelto a poner bajo los reflectores la intensa batalla personal que enfrentó durante años

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Presley Gerber, hijo de la modelo Cindy Crawford, murió el pasado domingo 20 de septiembre de 2026 a los 27 años dentro de un centro de rehabilitación en Los Ángeles, mientras la causa del deceso permanece bajo investigación.

Seis meses antes, el joven documentó en redes sociales su ingreso a Beond Ibogaine, una clínica privada de Cancún que administra ibogaína bajo supervisión médica para atender adicciones, trauma, ansiedad y depresión; una sustancia que sigue prohibida para uso clínico en Estados Unidos por su clasificación federal como droga de Lista I.

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La Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles registra que Gerber murió en una instalación de rehabilitación. Su familia confirmó el fallecimiento y pidió privacidad. La causa y la forma de muerte aún no han sido informadas, por lo que no existe evidencia pública que vincule su deceso con el tratamiento de ibogaína que recibió en México durante marzo.

Gerber compartió entonces un video desde Cancún, donde habló sobre su intento por dejar atrás el consumo de sustancias. “Dejar de controlarlo no fue fácil, pero confiaba en que había algo superior a mí que lo guiaba. Sabía por qué estaba allí”, escribió en una publicación difundida desde la clínica.

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La publicación recibió mensajes de respaldo de sus seguidores y de su madre. Crawford le escribió que era “un guerrero” y que se sentía orgullosa de él, de acuerdo con los registros de la publicación citados por medios estadounidenses.

Presley Gerber muere el 20 de septiembre en un centro de rehabilitación de Los Ángeles

(Captura)
(Captura)

El modelo, hijo de Crawford y del empresario Rande Gerber, había hablado en distintos momentos de problemas de salud mental, depresión, ansiedad y consumo de sustancias. En 2019 fue detenido por manejar bajo los efectos del alcohol en Beverly Hills y posteriormente recibió libertad condicional.

La información disponible este 21 de septiembre no establece si las adicciones, un posible consumo de sustancias o cualquier otro antecedente tuvieron relación con su muerte. La autopsia y las pruebas toxicológicas serán las que determinen la causa oficial.

USA Today reporta que un representante de la familia confirmó el fallecimiento y solicitó respeto para el duelo. El medio señaló que, hasta ahora, las autoridades no han informado una causa de muerte ni han hecho pública la ubicación específica de la clínica donde permanecía Gerber.

La prudencia resulta necesaria porque el tratamiento en Cancún ocurrió meses antes del deceso y porque no hay un dictamen médico que establezca una conexión. Presentar la muerte como una consecuencia de la ibogaína sería especulación.

Beond Ibogaine anuncia tratamientos con ibogaína en Cancún

La clínica mencionada por Gerber es Beond Ibogaine, un centro privado localizado en Cancún, Quintana Roo. En sus redes sociales se presenta como un servicio de salud mental orientado a tratamientos con ibogaína y bienestar integral para personas con problemas de ánimo, trauma, dependencia y procesos de recuperación.

En su sitio oficial, Beond asegura que busca “restaurar y optimizar” la función del cerebro y del sistema nervioso mediante un tratamiento de ibogaína supervisado médicamente y combinado con atención clínica de “nivel hospitalario”.

La empresa sostiene que su programa atiende a personas con trastorno por consumo de alcohol, opioides, fentanilo, estimulantes y otras sustancias. También ofrece servicios para pacientes con ansiedad, depresión, estrés postraumático, lesiones cerebrales y lo que describe como optimización emocional o cognitiva.

La propia clínica afirma que su método incluye una fase de preparación a distancia, una valoración médica al llegar a Cancún, administración de ibogaína, recuperación inmediata y acompañamiento posterior. En su descripción pública señala que médicos con licencia y personal de enfermería certificado en cuidados intensivos realizan la evaluación previa.

Beond también asegura que utiliza tecnología de monitoreo cardiaco durante la sesión. Esa parte del protocolo no es menor: la ibogaína puede alterar el ritmo del corazón y prolongar el intervalo QT, un indicador eléctrico cuya modificación puede elevar el riesgo de arritmias graves.

Ilegal en EEUU, pero usada en Cancún: así trabaja la clínica mexicana con psicodélicos donde el hijo de Cindy Crawford intentó vencer sus adicciones
(RS)
Ilegal en EEUU, pero usada en Cancún: así trabaja la clínica mexicana con psicodélicos donde el hijo de Cindy Crawford intentó vencer sus adicciones (RS)

En su página, la clínica señala que ha atendido a más de 3,000 pacientes y que mantiene operaciones en Cancún. También refiere una expansión hacia Austin, Texas, para labores de preparación, educación y seguimiento, sin administrar ibogaína dentro de Estados Unidos.

La “dosis de inundación” concentra el mayor riesgo de la ibogaína

Gerber escribió que se encontraba por recibir una “Pre-Ibogaine Flood Dose”, expresión utilizada para describir una dosis alta de ibogaína antes de una sesión terapéutica. En el lenguaje de varias clínicas, una “dosis de inundación” busca producir una experiencia psicodélica prolongada e intensa.

La ibogaína es un alcaloide psicoactivo obtenido de la raíz de la planta africana Tabernanthe iboga. En comunidades bwiti de África Central se utiliza en ceremonias religiosas y de iniciación. En las últimas décadas, centros privados han promovido su empleo para reducir síntomas de abstinencia y deseo compulsivo de opioides, alcohol, estimulantes y otras drogas.

Los defensores de este enfoque sostienen que una sola sesión puede interrumpir temporalmente patrones de consumo y abrir un proceso de trabajo psicológico. Aun así, la evidencia científica no permite presentarla como una cura probada para las adicciones.

Una revisión publicada en PubMed señala que hay estudios observacionales y algunos ensayos limitados que sugieren reducción del deseo de consumo y de síntomas de abstinencia en personas con dependencia a opioides y cocaína. El mismo análisis advierte que el compuesto tiene una ventana terapéutica estrecha debido a sus efectos cardiovasculares.

Las dosis altas pueden provocar una experiencia de varias horas con alteraciones perceptivas, desorientación, náusea, vómito, dificultad para caminar y fatiga. Por eso las clínicas que ofrecen este procedimiento suelen exigir que los pacientes permanezcan acostados y bajo vigilancia constante durante la fase aguda.

La diferencia entre una microdosis y una dosis de inundación es sustancial. Las microdosis buscan efectos menos perceptibles y se administran de forma repetida. Las dosis altas, en cambio, están diseñadas para provocar un estado psicodélico intenso y prolongado.

Los estudios disponibles sobre microdosis todavía son limitados. No existen ensayos clínicos aleatorizados de gran escala que permitan afirmar que esta modalidad sea eficaz o segura para tratar depresión, ansiedad o dependencia de sustancias.

La ibogaína prolonga el intervalo QT y puede provocar arritmias

La principal alerta médica alrededor de la ibogaína está relacionada con el corazón. La sustancia puede bloquear canales de potasio conocidos como hERG, involucrados en la regulación eléctrica cardiaca. Esa alteración puede prolongar el intervalo QT y favorecer arritmias ventriculares, entre ellas la torsade de pointes.

Una revisión científica sobre seguridad cardiaca refiere reportes de prolongación marcada del QT, paros cardiacos y muertes asociadas temporalmente al consumo de ibogaína. Los casos incluyen personas tratadas en contextos clínicos y otras que recibieron productos sin controles médicos estandarizados.

Los riesgos aumentan si el paciente tiene antecedentes de enfermedad cardiaca, desmayos, arritmias, alteraciones de potasio o magnesio, consumo simultáneo de otras drogas o uso de medicamentos que también prolongan el QT. Antidepresivos, antipsicóticos, antibióticos y tratamientos para el dolor pueden requerir una revisión médica antes de cualquier exposición a ibogaína.

Los mensajes de despedida a Presley Gerber, hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber
(AP/Chris Pizzello)

Un estudio farmacocinético publicado en 2024 documentó que la ibogaína y su metabolito, la noribogaína, prolongan el intervalo QTc. Los investigadores estimaron una prolongación máxima de 67.9 milisegundos y advirtieron que una reducción considerable de dosis sería necesaria para disminuir el riesgo, aunque no está claro si cantidades menores tendrían un beneficio clínico.

La literatura médica revisada no plantea que un electrocardiograma elimine el peligro. Las evaluaciones cardiacas, los análisis de electrolitos, la revisión de medicamentos y la vigilancia continua sirven para detectar factores que podrían elevar el riesgo antes y durante la sesión.

Beond afirma que realiza valoraciones médicas y monitoreo cardiaco. Esas declaraciones forman parte de la información comercial de la clínica y no sustituyen una verificación independiente de sus expedientes clínicos, licencias, protocolos internos, resultados de seguridad o procedimientos de emergencia.

La DEA mantiene a la ibogaína en la Lista I de Estados Unidos

En Estados Unidos, la ibogaína es una sustancia de Lista I bajo la Ley de Sustancias Controladas. La Administración para el Control de Drogas, DEA por sus siglas en inglés, la ubica en la categoría reservada para drogas que el gobierno federal considera con alto potencial de abuso y sin uso médico aceptado.

La clasificación impide que un médico la recete o que una clínica de rehabilitación la administre legalmente como tratamiento comercial dentro de territorio estadounidense. Su uso está restringido a investigaciones autorizadas y sometidas a controles de la FDA y de la DEA.

En septiembre de 2025, la DEA informó la sentencia contra un hombre de Colorado por distribuir ibogaína. En ese comunicado, la agencia reiteró que la sustancia es de Lista I y que no cuenta con un uso médico aceptado en Estados Unidos.

Durante 2026, la FDA permitió el inicio de un estudio clínico temprano sobre noribogaína, un compuesto relacionado con la ibogaína. La autorización para investigar no equivale a una aprobación terapéutica ni modifica la prohibición para su uso comercial o recreativo.

La agencia estadounidense precisó que permitir una fase inicial de investigación significa que un producto puede evaluarse en un entorno clínico controlado, pero no que haya sido considerado seguro o efectivo.

Cancún concentra clínicas para pacientes que viajan desde Estados Unidos

La prohibición estadounidense ha llevado a personas con dependencia de opioides, alcohol y estimulantes a buscar tratamientos fuera de su país. México, Brasil, Canadá y otros destinos se han convertido en puntos de interés para quienes buscan terapias psicodélicas que no tienen autorización en Estados Unidos.

En México, la ibogaína no aparece incluida de forma expresa entre las sustancias controladas de la Ley General de Salud. Esa ausencia ha permitido que clínicas privadas ofrezcan tratamientos con el compuesto en ciudades como Cancún, Tijuana, Rosarito, Playa del Carmen y Tulum.

La falta de una prohibición específica no significa que cada clínica opere bajo el mismo estándar médico ni que el procedimiento tenga una aprobación sanitaria como medicamento. Las instalaciones que administran tratamientos deben cumplir con disposiciones sanitarias, contar con personal médico facultado y sujetarse a las reglas aplicables a los establecimientos de salud.

El modelo también se sostiene en el turismo médico. Reportes sobre Beond señalan que sus programas parten de 12,500 dólares por una estancia de alrededor de 10 días, aunque la empresa puede modificar precios, duración y condiciones de ingreso.

Muerte de Presley Gerber, hijo de la supermodelo Cindy Crawford y el empresario Rande Gerber
(Instagram/@presleygerber)

La publicación de Presley Gerber colocó de nuevo ese modelo bajo escrutinio. El caso reúne tres elementos que explican la atención internacional: un joven que habló de adicciones, una clínica mexicana que ofrece ibogaína a pacientes extranjeros y una sustancia que sigue prohibida en Estados Unidos pese al interés científico por sus posibles aplicaciones.

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