
En un ecosistema digital que dirige la atención mediante recomendaciones automatizadas y contenidos cada vez más breves, el Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México (FECIMX) busca que las audiencias se detengan, contemplen y descubran películas fuera de sus hábitos de consumo.
La novena edición del encuentro cinematográfico se realiza del 2 al 6 de septiembre de 2026, con una programación que incluye 32 obras en competencia, funciones especiales, cine clásico mexicano, actividades de formación y un performance que combinará imagen, música y experimentación escénica.
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En entrevista exclusiva para Infobae México, Emiliano Escoto, codirector del festival, explicó que la propuesta no pretende determinar cuáles son las películas que el público debería ver, sino abrir caminos hacia otras experiencias y recuperar la conversación colectiva alrededor del cine.
“Sostener la mirada”: una pausa frente a la velocidad de las pantallas
El lema elegido para esta edición es “Sostener la mirada”, una invitación a detenerse frente a los ritmos impuestos por las redes sociales, las plataformas de entretenimiento y el consumo acelerado de imágenes.
Escoto, filósofo, gestor, programador y productor cultural, explicó que la mirada y el ojo han sido elementos centrales en la identidad del festival. Sin embargo, este año la reflexión se concentra en la manera en que plataformas como TikTok, Netflix o HBO establecen formas específicas de narrar, observar y relacionarse con las pantallas.
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“Lo que queremos es explorar otras formas de mirar más allá de lo que las redes sociales, TikTok, Internet y todas estas plataformas que viven demasiado a partir de la inmediatez nos dan como un sentido de mirada”, señaló.
A su juicio, las plataformas no solamente distribuyen contenidos, también condicionan sus estructuras, ritmos y estilos: “Si no haces una película a lo Netflix, no entras a Netflix. Si no haces una película a lo HBO, no entras a HBO”.
Frente a esa uniformidad, el encuentro propone interrumpir la búsqueda permanente de novedades y preguntarse qué imágenes podrían surgir si los creadores y espectadores se permitieran contemplar durante más tiempo.
“¿Qué tanto esfuerzo le ponemos a sostener la mirada, poner atención, contemplar? Eso es lo que buscamos: sin tener que estar scrolleando al infinito”, sostuvo.
El derecho a disentir
Uno de los principales obstáculos para acercar el cine independiente a públicos más amplios es, paradójicamente, la abundancia de contenidos disponibles. Para Escoto, las redes sociales representan un arma de doble filo: facilitan el acceso a numerosas obras, pero también encierran al usuario en recomendaciones similares a lo que ya conoce.
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“Vivimos sometidos por el algoritmo. Si ya viste una película y ya te gustó, tus plataformas, tus redes y tus algoritmos te van a mostrar cosas similares”, explicó.
Este mecanismo puede limitar el descubrimiento de otros lenguajes y reducir el tiempo de vida de producciones experimentales o independientes. Aunque algunos festivales consiguen formar nichos especializados, señaló, eso no siempre deriva en una industria capaz de sostener la circulación de las películas.
La apuesta del FECIMX consiste en funcionar como un “resonador” para que las obras lleguen a más personas y permanezcan durante más tiempo en la conversación pública. Parte de ese esfuerzo implica reconocer que una comunidad no necesita estar integrada por individuos que piensen igual.
“Las comunidades para nosotros no tienen que ser necesariamente entre iguales; pueden ser entre diferentes, pero que se atreven a acercarse a una misma experiencia que los va a atravesar distinto a todos”, dijo.
El codirector consideró que el diálogo también debe reconocer la posibilidad de rechazar o cuestionar una película. “¿Cómo vas a saber que no estás de acuerdo si no te atreves a conocer más allá de tu algoritmo?”, planteó.
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Dos clásicos regresan para ser cuestionados
La idea de confrontar al espectador con obras que escapan de los consensos contemporáneos atraviesa la sección Cine Clásico Mexicano Revisitado, integrada este año por Llámenme Mike (1979), de Alfredo Gurrola, y Tintorera (1977), de René Cardona Jr.

La primera, una comedia negra reconocida con cuatro premios Ariel, fue elegida para inaugurar el festival. Ambas cintas permiten revisar las representaciones de las masculinidades, el abuso de poder y el erotismo desde las preguntas del presente.
Escoto reconoció que Tintorera, protagonizada por Andrés García y Hugo Stiglitz, podría considerarse una película “incorrecta” bajo criterios actuales. No obstante, el propósito de exhibirla no es validar su contenido ni cancelar su existencia, sino convertirla en materia de discusión.
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“El mundo de la prohibición y de las cancelaciones nos está impidiendo discutir, y no discutir nos está impidiendo enfrentar y aprender”, afirmó.
“Nosotros no queremos hacer un festival de cine correcto. Queremos hacer un espacio seguro para el disenso y la reflexión a través del cine”, agregó.
Reencuadres abre la conversación sobre las masculinidades
La perspectiva de género también tendrá un espacio específico mediante Reencuadres, iniciativa surgida de una colaboración con Mujeres Lab y la programadora y gestora cultural Paulina Romo.
Durante dos ediciones, el proyecto llevó el nombre de Cine por Mujeres y estuvo dedicado a reflexionar sobre la mirada femenina en la realización, producción y exhibición cinematográfica. Este año cambió su enfoque para involucrar a los hombres en las discusiones sobre violencia y desigualdad.
Escoto explicó que la decisión partió de una pregunta: si los espacios destinados a discutir las violencias contra las mujeres son ocupados principalmente por ellas, ¿cómo involucrar en el diálogo a quienes necesitan revisar las prácticas masculinas aprendidas?
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“Los hombres siguen violentando, las mujeres están levantando la voz, pero parecen ir de manera paralela; no tienen puntos de encuentro”, expuso.
Reencuadres presentará cortometrajes que cuestionan las masculinidades, la paternidad, los afectos y las conductas heredadas desde perspectivas cis y trans. Después de las funciones se realizará una conversación con especialistas y público.
“Esto es un espacio seguro donde podemos hablar de lo que nos duele, de lo que nos gusta, de lo que no nos gusta y de lo que nos parece. Ojalá vengan más hombres”, expresó.
Creando comunidad
El festival nació como una alternativa para exhibir películas de jóvenes cineastas que difícilmente encontraban cabida en encuentros de mayor escala. Con el paso de los años, se consolidó como una ventana para ficciones, producciones híbridas, narrativas experimentales y propuestas arriesgadas.
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La respuesta del público ha permitido llenar espacios con capacidad para entre 500 y 600 personas, incluido, en dos ocasiones, el auditorio de la Biblioteca Vasconcelos. Para 2026, sin embargo, los organizadores eligieron recintos más pequeños con la finalidad de facilitar el intercambio posterior a las funciones.
Entre sus sedes se encuentran Cine Tonalá, Cinemanía, el Centro de Cultura Digital, el Cineclub La Fragua, el Centro Cultural del México Contemporáneo, ESCINE y el Museo Casa de Carranza, entre otros espacios capitalinos.
“Lo que buscamos es la creación de comunidades, una comunidad en donde exista el diálogo horizontal entre realizadores, artistas y públicos”, explicó Escoto.
El FECIMX, añadió, busca actuar como mediador y no como una autoridad que dicta el valor de las obras: “Es una invitación a reflexionar a partir del cine que nosotros proponemos”.
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Penumbra: rompiendo los límites entre el cuerpo y la pantalla
La experimentación ocupará otro lugar central con Penumbra, cine-concierto inmersivo a cargo del colectivo Umbra, originario de Morelia, Michoacán. La propuesta combinará performance, proyecciones y sonido para examinar la relación entre lo digital y lo corporal.
“¿Qué tanto seguimos siendo cuerpos que dialogan a través de aparatos y qué tanto ya somos aparatos que se mueven a través de cuerpos? ¿Sigues siendo tú o ya eres tu celular?”, cuestionó Escoto.
Aunque se presenta como cine-concierto para facilitar que el público comprenda el formato, la actividad estará cercana a una fiesta colectiva. Para el codirector, lo experimental no debería convertirse en una categoría rígida.
“En principio, la palabra experimental es juego, es apuesta, es equivocación”, afirmó. La finalidad del performance, agregó, será “romper el límite de la pantalla y hacernos parte de un ejercicio colectivo a través de la imagen y el sonido”.
Un festival que también busca crear cine
La programación se completa con la Tercera Clínica de Desarrollo para Proyectos de Largometraje, realizada con apoyo del Fideicomiso para la Promoción y Desarrollo del Cine Mexicano en la Ciudad de México (PROCINECDMX) y encabezada por el cineasta Carlos Lenin Treviño.
La clínica trabajará con 10 proyectos de ficción, no ficción e híbridos para identificar el núcleo de sus relatos y ayudarlos a avanzar hacia la producción. La expectativa es que, durante la décima edición del festival, las primeras obras participantes comiencen a circular por otros encuentros cinematográficos.
“La mirada no solo se sostiene frente a la pantalla, sino en cómo mira desde la cámara”, resumió Escoto.
El FECIMX pretende así superar la función de exhibidor y participar también en el origen de nuevas obras. Su propósito es que las miradas alternativas no dependan únicamente de una selección anual, sino que se conviertan en películas capaces de continuar su recorrido.
Experiencias cinematográficas que dejan huella
Al recordar los aprendizajes del festival, Escoto relató lo ocurrido durante la presentación de La marcha del liquen, de Tania Ximena, en la edición anterior. La pieza combinó imágenes del deshielo polar con comunidades afectadas por inundaciones, acompañadas por música ejecutada en vivo.
La dimensión de la pantalla y el diseño sonoro permitieron al público sumergirse en la experiencia. Al terminar, un joven se acercó llorando y le dijo que nunca se había sentido tan cerca de la muerte.
“Qué padre poder gestionar las cosas necesarias para que los artistas presenten sus obras con la mayor posibilidad de alcance que tengan”, recordó el codirector.
Por encima de las aspiraciones institucionales o curatoriales, afirmó, esos momentos resumen el valor del proyecto: provocar emociones, preguntas y experiencias que acompañen a las audiencias después de abandonar la sala.
“Yo me quedo con esos momentos. Más allá de las pretensiones del festival y de las búsquedas, las experiencias que se lleven las audiencias son lo más valioso”, concluyó.
Finalmente, Emiliano invitó al público con una provocación: “Que se atrevan a mirar de otra manera, que se atrevan a sostener la mirada y que sepan que este es un espacio para hacerlo”.
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