La Malinche no fue una traidora: UNAM explica su historia y los cambios de su imagen

Subraya la universidad su condición de mujer indígena esclavizada entregada a los españoles

Era una mujer de origen azteca y posteriormente su nombre paso a Malinche por los españoles.
Los datos firmes sobre la vida de la Malinche son pocos y que el resto son relatos construidos en distintas épocas. Crédito: Wikimedia Commons/Dominio Público
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Malinche fue intérprete, mediadora y una mujer indígena esclavizada cuya imagen cambió con los siglos hasta convertirse en símbolo de traición, origen del malinchismo y, en 2026, en una figura incorporada al Paseo de las Heroínas; esa transformación explica por qué su historia dice tanto sobre la Conquista como sobre la manera en que cada época reescribe el pasado.

Según UNAM Global, entender quién fue realmente exige separar los pocos datos firmes sobre su vida de las representaciones que la convirtieron primero en puente político entre pueblos indígenas y españoles, luego en emblema de deslealtad nacional y después en objeto de revisión académica y feminista. La escasez de testimonios directos es parte del problema: Malinche no dejó escritos propios.

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Uno de los puntos más inciertos es su nombre de nacimiento. De acuerdo con Guadalupe Gómez Aguado, profesora del Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM y doctora en Historia, Marina fue el nombre que recibió al ser bautizada por los españoles; después, hablantes de náhuatl lo pronunciaron como Malina por la ausencia del sonido de la “r” y añadieron el sufijo honorífico “-tzin”, del que surgieron Malintzin y más tarde Malinche.

Entre los datos que la historiografía considera más confiables está su dominio de varias lenguas: hablaba popoloca, náhuatl, maya chontal y maya yucateco, y después aprendió español. También conocía el lenguaje señorial del náhuatl y las reglas políticas empleadas ante los gobernantes mexicas.

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Su papel en la Conquista no se explica como una decisión libre de “traición”

Era una mujer de origen azteca y posteriormente su nombre paso a Malinche por los españoles.
El bautizo español le dio el primer nombre a la Malinche, que en náhuatl se pronunció sin la “r” y sumó el sufijo honorífico “-tzin”, del que derivaron las formas usadas después. Crédito: Wikimedia Commons/Internet Archive

Esos conocimientos permiten entender por qué pudo actuar como intermediaria en negociaciones y alianzas. Al mismo tiempo, no bastan para probar que perteneciera a la nobleza indígena, por lo que el relato de Bernal Díaz del Castillo sobre su supuesto origen como princesa debe leerse con cautela, explicó Gómez Aguado.

La publicación subrayó otro dato central: Malinche fue una mujer indígena esclavizada y, según las crónicas, fue entregada a los españoles. Bajo ese contexto, sus actos no pueden reducirse a una decisión libre detraicionara su pueblo, entre otras cosas porque tampoco fue la única indígena que colaboró con Hernán Cortés.

Pueblos como los tlaxcaltecas y los totonacas también se aliaron con los españoles porque veían en esa relación una vía para derrotar a los mexicas. Malinche quedó inserta así en un proceso político más amplio, no en una historia individual aislada.

Era una mujer de origen azteca y posteriormente su nombre paso a Malinche por los españoles.
Entre los datos más confiables de la Malinche se menciona su dominio de popoloca, náhuatl, maya chontal y maya yucateco, además del aprendizaje posterior del castellano. Crédito: Wikimedia Commons/Jujomx

Después de la Conquista tuvo dos hijos. Martín fue hijo de Hernán Cortés y María de Juan Jaramillo, con quien contrajo matrimonio en 1524 durante la expedición a las Hibueras.

Gómez Aguado señaló que Cortés pudo haber promovido esa unión para asegurar que ella quedara protegida dentro de la nueva sociedad novohispana. También habría podido entregarle las encomiendas de Oluta, en Veracruz, y Tetequipaque, en Oaxaca.

La fecha exacta de su muerte tampoco está plenamente establecida. La profesora indicó que probablemente murió hacia 1529, posiblemente por alguna de las epidemias que afectaron a la Nueva España.

Códices tempranos la muestran como figura política y no como traidora

En Lienzos y códices aparece la Malinche junto a Cortés hablando con gobernantes y participando en alianzas, lo que sugiere que la lectura negativa no fue inmediata. (Imagen: Transcript for
History News Network)
En Lienzos y códices aparece la Malinche junto a Cortés hablando con gobernantes y participando en alianzas, lo que sugiere que la lectura negativa no fue inmediata. (Imagen: Transcript for History News Network)

La manera en que fue representada en los primeros años posteriores a la Conquista ofrece otra pista sobre su papel histórico. En el Lienzo de Tlaxcala, el Códice Azcatitlan, el Códice Florentino y el Códice Durán aparece junto a Cortés en escenas de alto contenido político, hablando con gobernantes, participando en alianzas y actuando como intermediaria.

En varias de esas imágenes ocupa posiciones centrales o un tamaño destacado. Para la especialista, esas representaciones muestran que la idea de Malinche como traidora no fue inmediata ni universal.

Durante los siglos XVII y XVIII su presencia disminuyó en las fuentes. Más tarde, Francisco Javier Clavijero la recuperó en su Historia antigua de México y la presentó como la primera cristiana del Imperio Mexicano, además de resaltar sus servicios en la conquista y la cristianización.

Monumento al mestizaje Hernán Cortés y la Malinche
Tras la Independencia, cuando España pasa a ser enemigo en el relato nacional, se construyó sobre la Malinche la figura de la mujer que habría facilitado la invasión. (Archivo Infobae)

El giro más profundo llegó tras la Independencia. La nueva nación articuló parte de su identidad en torno a la recuperación de una libertad arrebatada por España, y en ese relato los españoles pasaron a ser enemigos mientras Malinche empezó a ser vista como la mujer que ayudó al extranjero a conquistar su propia tierra.

Uno de los primeros ejemplos de esa lectura apareció en Jicoténcal, novela publicada en 1826, donde fue retratada como amante de Cortés, seductora y responsable de facilitar la Conquista. Esa visión influyó en relatos posteriores y afianzó la idea de que habría entregado a su pueblo por amor a un conquistador.

El siglo XIX fijó la imagen de Malinche como símbolo de pecado y deslealtad

La interpretación del siglo XIX la asocia con seducción, pecado y traición, mientras otras mujeres quedan vinculadas a la virtud patriótica. (Archivo Infobae)
La interpretación del siglo XIX la asocia con seducción, pecado y traición, mientras otras mujeres quedan vinculadas a la virtud patriótica. (Archivo Infobae)

La ideología liberal reforzó esa interpretación. En 1861, Ignacio Ramírez la comparó simbólicamente con Eva, mientras Josefa Ortiz de Domínguez fue asociada con María, una oposición en la que Malinche quedó ligada a seducción, pecado y traición, y otras mujeres a virtud patriótica.

Años después, en México a través de los siglos, Alfredo Chavero reconoció su presencia en momentos decisivos de la Conquista, pero sostuvo que había muy pocas fuentes sobre su vida y terminó por reducir su función a la de “simple intérprete.

Esa reducción convivía con el reconocimiento de su presencia constante en episodios políticos. La contradicción consistía en admitir que estaba en momentos decisivos y al mismo tiempo minimizar el peso político y cultural de la interpretación lingüística que ejercía.

La Malinche (Foto: INAH)
La figura de la Malinche fue sujeta a discusión durante la segunda mitad del siglo XIX, varias voces, incluso algunas femeninas, criticaron su participación en la conquista. (Foto: INAH)

Hubo lecturas distintas. Cuatro años después de la obra de Chavero, El Álbum de la Mujer, dirigido por Concepción Gimeno de Flaquer, le dedicó una portada y la presentó como una mujer valiente, inteligente y capaz de ayudar tanto a españoles como a indígenas.

La lectura negativa tampoco fue exclusiva de autores varones. Laureana Wright, periodista y defensora de la educación y los derechos de las mujeres, la describió en Mujeres notables mexicanas, publicada tras su muerte, como alguien que ayudó al destructor de su raza y carecía de patriotismo, dignidad y honor.

El malinchismo nació siglos después de la Conquista

Malinche
En el siglo XX la figura de la Malinche se usó para nombrar la preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. (Archivo Infobae)

En el siglo XX, su figura dejó de referirse solo a una mujer de la Conquista y pasó a nombrar una actitud frente a lo extranjero. Así se consolidó el malinchismo: la preferencia por productos, ideas, costumbres o modelos externos por encima de los nacionales.

Esa asociación no describe lo que Malinche hizo en su tiempo, sino una construcción posterior levantada sobre la idea de que su colaboración con Cortés había sido una elección consciente entre españoles e indígenas. Esa lectura dejó fuera que era una mujer esclavizada y que vivió en una época en la que todavía no existía México como nación.

En 1942, Rubén Salazar Mayén habló incluso de uncomplejo de la Malinche para describir una actitud de subordinación ante lo extranjero. Más tarde, Octavio Paz convirtió esa figura en una referencia central de Los hijos de la Malinche, ensayo incluido en El laberinto de la soledad, donde la vinculó con Conquista, mestizaje, violencia e identidad mexicana.

La Malinche (Foto: INAH)
Gómez Aguado destacó un coloquio en 1992 sobre la Malinche, además de nuevas investigaciones y lecturas feministas que la presentan como sobreviviente en un entorno de violencia (Foto: INAH)

Desde la década de 1990, el enfoque empezó a moverse hacia otra pregunta: no si fue heroína o traidora, sino cómo se fabricó cada una de esas imágenes. Gómez Aguado destacó el coloquio “La Malinche, sus padres y sus hijos”, coordinado por Margo Glantz en 1992, del que salió un libro publicado en 2001 y que impulsó nuevas investigaciones históricas, literarias, filosóficas, sociológicas y lingüísticas.

Entre esos trabajos, la publicación destaca el de Camilla Townsend, centrado en la reconstrucción documental de su vida y su entorno familiar. Al mismo tiempo, escritoras chicanas y movimientos feministas empezaron a reivindicarla como una mujer que sobrevivió en un entorno de violencia y usó sus conocimientos lingüísticos y culturales para moverse dentro de un proceso político complejo.

Esa revisión también llegó al arte y al espacio público mediante esculturas, exposiciones y novelas que la presentan como figura central de la Conquista y del mestizaje, no solo como acompañante de Cortés. Para Gómez Aguado, la dificultad de fondo permanece: “Existen muchas más representaciones e interpretaciones sobre ella que testimonios directos de su propia vida.

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