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Este es el sitio real detrás de la película “Loco México Mágico” y el director llamó “el lugar más feliz del país”

Carlos Santos convierte en comedia el recuerdo de un puerto veracruzano donde, hace 20 años, vecinos se sumaron al rodaje por iniciativa propia y marcaron para siempre la historia que ahora llega a salas

Cuatro hombres con sombreros junto a una pequeña embarcación con motor en la orilla del mar. Uno corre en el agua; dos, cerca del bote. Sol bajo en el horizonte
El municipio portuario que el cineasta visitó hace 20 años para filmar un cortometraje y del que nunca olvidó su alegría ni su sentido de comunidad. (Visit México/Secretaría de Turismo)
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Silverio Palacios, Daniel Sosa, Fernando Cuautle y Sofía Carrera protagonizan Loco México Mágico, la comedia del director Carlos Santos ambientada en Alvarado, Veracruz: el municipio portuario que el cineasta visitó hace 20 años para filmar un cortometraje y del que nunca olvidó su alegría ni su sentido de comunidad.

La película, que llegó a más de 1,500 cines este 13 de agosto, nació de un recuerdo que Santos guardó durante dos décadas. Cuando era estudiante de cine, viajó a Alvarado con recursos limitados y encontró algo que no esperaba: una comunidad que se involucró en el rodaje sin que nadie se lo pidiera.

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“La gente ayudaba porque quería ayudar. Veías a personas cargando equipo o resolviendo cosas sin que nadie se los pidiera. Eso habla mucho del lugar y también del país”, declaró el comediante Daniel Sosa, quien protagoniza la cinta, en rueda de prensa en Guadalajara.

Municipio de Alvarado Veracruz/Facebook

El lugar que inspiró la película

La nueva película de Carlos Santos pone en el centro de su propuesta la risa, el ingenio y el orgullo mexicanos como ejes de la historia. (Foto cortesía: Cinépolis Distribución)
La nueva película de Carlos Santos pone en el centro de su propuesta la risa, el ingenio y el orgullo mexicanos como ejes de la historia. (Foto cortesía: Cinépolis Distribución)

Alvarado no es un escenario inventado ni un telón de fondo genérico. Es un puerto lacustre de 57,035 habitantes construido sobre el complejo lagunar que forman los ríos Papaloapan y Blanco antes de desembocar en el Golfo de México, en el centro-sur del estado de Veracruz.

Su nombre viene del conquistador Pedro de Alvarado, quien navegó el río Papaloapan en 1518. Antes de eso, los grupos olmecas y totonacas que lo habitaban lo llamaban Atlizintla: “junto al agua abundante”.

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El escudo del municipio resume su carácter en símbolos: anclas que evocan su tradición marinera, un pez que representa su economía pesquera y dos manos entrelazadas como señal de comunidad. La fecha 1846 en el centro recuerda el episodio en que sus habitantes rechazaron una flotilla naval estadounidense en el fuerte de Santa Teresa —un hecho histórico que el propio equipo de Loco México Mágico desconocía y descubrió durante el rodaje.

Una identidad cultural construida entre el mar y el fandango

Plaza con un kiosco de techo rojo, un edificio con arcos y un campanario con reloj, varias palmeras, farolas blancas y jardines verdes
La Feria de la Pesca —que toma su nombre de la actividad que durante generaciones sostuvo a las familias alvaradeñas— y las Cruces de Mayo, con fandango y regatas, completan el calendario festivo de un municipio donde confluyen tradiciones americanas, africanas y europeas. (Visit México/Secretaría de Turismo)

Alvarado es tierra de son jarocho, carnaval y gastronomía de mar. Su Carnaval, que arrancó en 1947 como celebración del primer centenario de aquella batalla contra las tropas estadounidenses, se celebra de forma ininterrumpida y reúne comparsas, batucadas y reinas elegidas cada año.

La Feria de la Pesca —que toma su nombre de la actividad que durante generaciones sostuvo a las familias alvaradeñas— y las Cruces de Mayo, con fandango y regatas, completan el calendario festivo de un municipio donde confluyen tradiciones americanas, africanas y europeas.

En la mesa, Alvarado ofrece arroz a la tumbada, róbalo a la veracruzana con aceitunas y alcaparras, ceviche de pescado marinado en limón y sopa de mariscos con epazote. Sus playas —Isla del Amor, Antón Lizardo, El Zapote— y los manglares del sistema lagunar completan un perfil de destino que la película convierte, precisamente, en el sueño de su alcalde ficticio.

La trama que el municipio real inspiró

Municipio de Alvarado

En Loco México Mágico, el presidente municipal Benito —interpretado por Silverio Palacios— tiene una revelación tras ver 007: Spectre y decide levantar una producción cinematográfica al estilo Hollywood para convertir a Alvarado en epicentro del turismo internacional.

Sin guion, sin presupuesto y sin experiencia, reúne a los habitantes del pueblo como equipo técnico. El camarógrafo de las fiestas de 15 años del lugar asume la dirección. La trama que filmarán enfrenta a los personajes contra invasores estadounidenses que pretenden robarles una piedra con poderes mágicos: la fuente de la felicidad alvaradeña.

“Juntó estas dos ideas: haber estado en Alvarado y haber visto a la gente, y haber visto la felicidad ahí, y que los gringos no pueden tener nuestra felicidad, por más que tengan la mejor economía”, explicó Santos en entrevista con Quadratín.

Un rodaje sin estímulos fiscales ni camerinos

Carlos Santos, junto a un elenco encabezado por Silverio Palacios, Daniel Sosa, Fernando Cuautle y Sofía Carrera invitan a la audiencia a ver el lado luminoso del país en "Loco México Mágico". (Ilustración: Jesús Aviles - Fotografías cortesía: Cinépolis Distribución)
Carlos Santos, junto a un elenco encabezado por Silverio Palacios, Daniel Sosa, Fernando Cuautle y Sofía Carrera invitan a la audiencia a ver el lado luminoso del país en "Loco México Mágico". (Ilustración: Jesús Aviles - Fotografías cortesía: Cinépolis Distribución)

Detrás de cámaras, la producción real no estuvo lejos del caos que retrata en pantalla. Santos filmó Loco México Mágico sin apoyos gubernamentales ni estímulos fiscales: la financió con inversión privada y recursos propios, lo que obligó al equipo a improvisar soluciones en cada jornada.

Una de las locaciones fue una plataforma petrolera abandonada donde no había baños, la comida llegaba fría y los camerinos no existían. “Cuando veíamos el monitor entendíamos que todo valía la pena”, recordó el director en declaraciones a El Informador.

La población de Alvarado volvió a comportarse como 20 años antes: se sumó al rodaje de forma espontánea, apareció frente a las cámaras y colaboró con el equipo sin que nadie lo convocara formalmente. La misma comunidad que inspiró la historia terminó siendo parte de ella.

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