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Los veterinarios lo confirman: los gatos no amasan mantas por comodidad, sino porque repiten un hábito de cuando eran chicos

Al amasar, el gato deja esas señales químicas sobre el lugar, lo que le permite identificarlo como propio y favorecer una percepción de bienestar mientras se relaja

Un gato atigrado gris y blanco amasa una manta de lana color crema en un sofá. El fondo desenfocado muestra cojines de tonos crema, verde y azul.
Un gato doméstico de pelaje atigrado gris y blanco amasa una manta de lana color crema sobre un sofá en una sala hogareña. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cuando un gato amasa una manta, un almohadón o el regazo de una persona, no solo busca comodidad: el gesto conserva un reflejo de la lactancia y también le sirve para dejar señales químicas que refuerzan su sensación de seguridad, tal como coinciden veterinarios y etólogos.

La conducta aparece con frecuencia antes de dormir o mientras el animal recibe caricias. Los especialistas señalan que los gatitos presionan de forma alternada las patas sobre las glándulas mamarias de la madre para estimular la salida de leche, y que ese patrón motor suele mantenerse después del destete.

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Ese origen temprano ayuda a entender por qué el amasado reaparece en momentos de calma y confort físico. De acuerdo con los expertos citados por el medio, no se trata únicamente de acomodar el sitio donde el felino va a descansar.

Un hermoso gato naranja bebé se asoma entre las cálidas mantas de su cama (Imagen ilustrativa Infobae)
Un hermoso gato naranja bebé se asoma entre las cálidas mantas de su cama (Imagen ilustrativa Infobae)

El amasado también funciona como marca química del territorio seguro

Es importante mencionar que los etólogos describen algunas respuestas instintivas como “conductas de desplazamiento” cuando resurgen en contextos distintos a los de su origen.

En este caso, una acción asociada primero a la alimentación vuelve a manifestarse en la vida adulta en superficies blandas o sobre personas con las que el animal mantiene un vínculo afectivo.

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Además, las almohadillas delanteras tienen glándulas que liberan feromonas. Al amasar, el gato deja esas señales químicas sobre el lugar, lo que le permite identificarlo como propio y favorecer una percepción de bienestar mientras se relaja.

Otra explicación evolutiva para este comportamiento es que antes de convivir con humanos, los felinos salvajes aplastaban la vegetación para formar una superficie adecuada para descansar, y ese hábito habría permanecido dentro de su repertorio conductual.

Por esa razón, el movimiento hoy puede verse sobre mantas, almohadones o incluso en la falda de una persona. La acción no expresa siempre la misma intensidad ni se manifiesta del mismo modo en todos los animales.

Un gato doméstico atigrado gris y blanco con ojos semicerrados amasa una manta de lana gruesa color crema sobre un sofá en una sala.
Un gato doméstico de pelaje atigrado gris y blanco amasa con las patas delanteras una manta de lana gruesa color crema sobre un sofá en una sala hogareña con luz natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La frecuencia del gesto cambia en cada felino y no siempre indica un problema

También es importante mencionar que no todos los gatos amasan igual. La forma, la intensidad y la frecuencia varían por factores como la genética, la personalidad y las experiencias previas, y algunos lo hacen con las uñas retraídas mientras otros las estiran un poco.

Según los especialistas, esos matices no suelen ser señal de trastornos. La observación se vuelve necesaria cuando la conducta parece compulsiva o surge junto con signos de dolor o con un cambio visible en el comportamiento del animal.

En términos generales, veterinarios y conductistas consideran que el amasado forma parte del comportamiento normal de los felinos domésticos. Por eso recomiendan ofrecer espacios donde puedan expresar esa conducta, como cajas, alfombras, rascadores y estantes para trepar.

Ese tipo de entorno enriquecido reduce el estrés y favorece la salud física y emocional del animal. Los expertos también subrayan que la ausencia de amasado no implica por sí misma un problema de salud.

Algunos gatos nunca repiten esa conducta y aun así se mantienen sanos. Para valorar su bienestar, los especialistas aconsejan observar señales generales como el apetito, la actividad, la higiene y la sociabilidad con las personas del hogar.

En caso de duda, la recomendación es acudir con un veterinario para descartar problemas y confirmar que el animal dispone de un ambiente seguro.

Patas delanteras de un gato con pelaje naranja y blanco amasan un almohadón azul. Se ven las almohadillas rosadas de las patas.
Las patas delanteras de un gato doméstico con pelaje naranja y blanco amasan un almohadón de tela aterciopelada azul oscuro, y se ven sus almohadillas rosadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diario resume que el amasado combina aprendizaje temprano, funciones sociales y un rastro evolutivo que sigue presente en la conducta felina adulta.

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