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Por qué los médicos advierten contra la dieta keto si tienes hígado graso

Instituciones científicas alertan sobre aumento del colesterol y complicaciones hepáticas

Infografía de la dieta cetogénica con secciones sobre su composición, funcionamiento, origen y versión popular, ilustradas con alimentos y órganos.
Dieta cetogénica: composición, funcionamiento y orígenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los médicos de grandes instituciones internacionales suelen advertir contra la adopción espontánea de la dieta cetogénica en personas con hígado graso debido al riesgo de empeoramiento del perfil lipídico, la posible elevación de enzimas hepáticas, la falta de evidencia de seguridad a largo plazo y el conflicto con las guías clínicas vigentes.

Esta advertencia es especialmente relevante en pacientes con enfermedades metabólicas asociadas al hígado graso, que presentan alto riesgo cardiovascular y suelen requerir intervenciones integrales, según indican la American Association for the Study of Liver Diseases, la Mayo Clinic y la European Association for the Study of the Liver.

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Enfoque en déficit calórico y perfil graso

La guía de la AASLD, actualizada en 2023, establece que la base del tratamiento para la enfermedad hepática grasa no alcohólica debe ser la modificación del estilo de vida, principalmente a través de una dieta hipocalórica y ejercicio regular.

Recomienda explícitamente reducir grasas saturadas y carbohidratos refinados, priorizando el consumo de fibras y grasas insaturadas.

La dieta mediterránea se cita como ejemplo de patrón dietético preferente, debido a su beneficio tanto hepático como cardiovascular.

La misma guía reconoce la existencia de dietas bajas en carbohidratos, pero no promueve la cetogénica como opción principal, en parte porque muchas versiones populares incrementan el consumo de grasas saturadas.

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En su análisis, la AASLD advierte que el aumento del colesterol LDL asociado a estas dietas puede ser perjudicial para personas con hígado graso, quienes ya tienen un riesgo elevado de complicaciones cardíacas.

Un hombre en una cocina come carne, con un esquema de hígado amarillo sobre su abdomen. En la mesa hay huevos, aguacates, salmón, lechuga y un libro.
¿Hígado graso y keto? Especialistas de la AASLD y Mayo Clinic aconsejan evitar dietas extremas por riesgo de colesterol LDL y daño hepático. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Revisión de riesgos y sostenibilidad

En una revisión publicada en Mayo Clinic Proceedings, los especialistas subrayan que el tratamiento del hígado graso se basa en la pérdida de peso gradual mediante restricción calórica y actividad física.

Destacan que la dieta mediterránea es la más respaldada por la evidencia, mientras que las dietas extremas, como la cetogénica, no cuentan con estudios a largo plazo que avalen su seguridad y eficacia.

Harvard Health Publishing advierte que la dieta cetogénica puede aumentar el colesterol LDL debido a su alto contenido en grasas saturadas y, además, generar deficiencias de micronutrientes cuando no se planifica correctamente.

El equipo editorial remarca que la aplicación no supervisada de la dieta puede derivar en efectos adversos, como elevaciones de enzimas hepáticas, cuadros de hiperlipidemia o agravamiento de enfermedades preexistentes.

Dieta mediterránea y exclusión de patrones extremos

Las guías europeas conjuntas de la EASL, la EASD y la EASO recomiendan una intervención centrada en la restricción calórica y la promoción de la dieta mediterránea, con bajo a moderado contenido de grasas y preferencia por carbohidratos complejos.

Este documento destaca que la dieta mediterránea ha demostrado reducir la grasa hepática y mejorar la sensibilidad a la insulina en estudios que emplean técnicas avanzadas de imagen.

Los expertos europeos insisten en que la composición de macronutrientes debe alejarse del patrón occidental, rico en grasas saturadas y azúcares, y que la pérdida de peso debe ser gradual para reducir riesgos de descompensaciones hepáticas.

No se recomienda la dieta cetogénica como estrategia de primera línea, y se menciona solo tangencialmente como alternativa bajo estricta supervisión.

Pescado asado, ensalada griega con queso feta y aceitunas, pimientos, calabacín y berenjena asados, hummus, aceitunas, pan, aceite de oliva y ajos.
La dieta mediterránea es la más respaldada por la evidencia, mientras que las dietas extremas, como la cetogénica, no cuentan con estudios a largo plazo que avalen su seguridad y eficacia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Advertencias prácticas para pacientes con hígado graso

Cleveland Clinic, en sus materiales educativos para pacientes, enfatiza la importancia de evitar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable y adoptar una dieta rica en verduras, frutas y grasas insaturadas, siguiendo el modelo mediterráneo.

La institución señala que la dieta cetogénica puede incrementar el riesgo de elevación del colesterol LDL, deshidratación y daño renal, especialmente en pacientes con insuficiencia cardíaca o renal.

El sistema de salud británico, NHS, recomienda cambios de estilo de vida basados en una alimentación equilibrada y ejercicio regular.

Aunque no menciona la dieta cetogénica como opción estándar, el NHS destaca la necesidad de controles periódicos y la supervisión médica continua en pacientes con hígado graso para evitar complicaciones asociadas a intervenciones no validadas.

Estudios recientes: beneficios controlados y limitaciones de la dieta keto

Investigaciones recientes, como la revisión de Dyńka y colaboradores en 2024 y el ensayo dirigido por Farrell en 2026, muestran que versiones bien formuladas de la dieta cetogénica pueden reducir la grasa hepática y el peso corporal en el corto plazo.

Sin embargo, estos beneficios aparecen acompañados de señales de riesgo, como aumentos del colesterol LDL y elevaciones de transaminasas, lo que motiva la recomendación de aplicarla únicamente bajo seguimiento especializado.

Luukkonen y su equipo, en un estudio de 2020, documentaron que una dieta cetogénica controlada reduce la esteatosis hepática, pero puede provocar un aumento transitorio de enzimas hepáticas, lo que sugiere precaución ante posibles lesiones hepatocelulares.

Los propios autores destacan la importancia de la monitorización constante y la limitación de grasas saturadas al implementar este patrón alimentario.

Corte transversal del abdomen humano con hígado graso inflamado y mesa con carnes, quesos y huevos al frente.
No se recomienda la dieta cetogénica como estrategia de primera línea, y se menciona solo tangencialmente como alternativa bajo estricta supervisión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Énfasis en educación y adherencia

La World Gastroenterology Organisation (WGO), en sus guías sobre hígado graso, prioriza la promoción de una dieta hipocalórica, moderadamente restringida en energía, y la exclusión de alimentos ultraprocesados, grasas trans y azúcares añadidos.

La organización reconoce que la adherencia a largo plazo es un reto y que el peso puede recuperarse si no se mantiene un cambio sostenido de hábitos.

La dieta cetogénica no figura como recomendación en estos documentos globales, lo que refuerza la preferencia institucional por patrones como la dieta mediterránea, acompañados de programas educativos y apoyo profesional.

Postura institucional y recomendaciones para pacientes

La advertencia médica contra la dieta keto en personas con hígado graso responde a la convergencia de evidencia clínica, recomendaciones de sociedades científicas y la experiencia de grandes hospitales.

Estas entidades, como la AASLD, EASL, Mayo Clinic, Cleveland Clinic, NHS y la WGO, coinciden en priorizar la pérdida de peso gradual, la dieta mediterránea y el manejo integral de comorbilidades.

Infografía con título sobre dieta cetogénica y riesgos para el hígado graso. Muestra un cuerpo humano, órganos, alimentos, iconos de salud y texto informativo.
Dieta cetogénica: riesgos y efectos en el hígado graso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El uso de la dieta cetogénica se reserva para contextos muy controlados, siempre bajo supervisión y monitorización frecuente.

En la práctica, las recomendaciones actuales indican que quienes viven con hígado graso deben evitar dietas extremas no supervisadas y optar por patrones sostenibles y equilibrados, priorizando la salud cardiovascular y la prevención de complicaciones hepáticas a largo plazo.

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