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El relato inédito del amigo colombiano de “El Mencho” en prisión: chistes, peleas y su gusto por ver la maldad de los otros

Bernardo, colombiano que compartió tres años de prisión con Nemesio Oseguera Cervantes en Texas, narra cómo era antes del CJNG

Foto inédita de El Mencho en los años 90. (X/@siete_letras)
Foto inédita de El Mencho en los años 90. (X/@siete_letras)
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Antes de que su nombre se convirtiera en sinónimo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes era un preso al que sus compañeros buscaban para escuchar chistes, jugar cartas o levantar pesas. Esa imagen desconocida del hombre que el mundo conocería años después como “El Mencho” fue reconstruida por Bernardo, un colombiano que compartió tres años con él en la cárcel federal de Big Spring, en Texas, a principios de los años 90, y que 30 años después de salir libre decidió revelar su historia junto con una fotografía inédita que guardó en un cajón desde 1995.

El testimonio lo recogió el periodista Antonio Nieto, quien publicó la fotografía en su cuenta de X y reveló los detalles en su canal de YouTube Infiltrado.

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Bernardo, oriundo de Fredonia, Antioquia, un municipio marcado en los años 80 por el Cártel de Medellín, cogió la drogadicción a los 12 años con crack. Pasó de consumidor a vendedor en una tienda de droga, luego a cultivador, y escaló varios peldaños del narcotráfico hasta que la DEA lo detuvo en Nueva York el 11 de noviembre de 1990 por ayudar a una traficante a pasar cocaína.

Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, detenido en 1986 y 1989. (Departamento de Policía de San Francisco, EEUU)
Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, detenido en 1986 y 1989. (Departamento de Policía de San Francisco, EEUU)

Fue sentenciado a 63 meses de prisión. Tras pasar por varias cárceles federales donde coincidió, según su relato, con el mafioso John Gotti y el asesino serial Jeffrey Dahmer, en 1992 llegó al centro correccional de Big Spring, conocido entre los internos como “el Hotelito” por su apariencia exterior de muros blancos rodeados de césped. Adentro, según sus palabras, “el Hotelito mataba lentamente”.

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En ese mismo recinto conoció a Nemesio Oseguera Cervantes, detenido por cargos federales de drogas. La cárcel albergaba 90% de extranjeros: mexicanos venidos de la sierra de Durango y Sinaloa, muchos de ellos ligados al incipiente narcotráfico del Cártel de Guadalajara, colombianos, africanos y centroamericanos. Casi no había estadounidenses blancos.

Bernardo consiguió trabajo como auxiliar de médico, uno de los empleos más difíciles de obtener dentro del Hotelito porque implicaba un pago. Desde ese puesto revisaba a cada interno que ingresaba: edad, procedencia, tatuajes. Muchos de los mexicanos que llegaban de la sierra no sabían cuándo habían nacido. Bernardo les asignaba una fecha de cumpleaños. Con el tiempo, varios le agarraron cariño por ese detalle.

“Me acordé de él porque no tenía tatuajes”

El Mencho CJNG EEUU
Foto: Departamento de Estado de EEUU

Cuando Oseguera Cervantes pasó por la revisión médica, Bernardo notó de inmediato que no tenía tatuajes: “Me pareció raro”, dijo a Infiltrado. A diferencia de casi todos los internos, el futuro líder del CJNG no pertenecía a ninguna pandilla, no llevaba marcas en el cuerpo y no venía con el sello de Sur 13 ni de ninguna otra organización. Adentro lo conocían como Ramón.

El primer contacto directo ocurrió días después, en el patio. Bernardo pasaba cuando El Mencho lo vio y le gritó: “Hey, pensé que no estabas preso. Yo pensé que tú eras un empleado de los que habían entrado”. Bernardo le respondió: “Yo soy igual que tú”. Ese intercambio rompió el hielo.

A partir de ahí construyeron lo que Bernardo describe como una amistad. Jugaban handball, básquetbol y cartas en la celda. Comían atún y levantaban pesas: “Era un tipo muy agradable, muy inteligente, muy buen conversador y sobre todo muy gracioso”, dijo Bernardo. El Mencho lo buscaba específicamente a él porque Bernardo tenía una risa estentórea. “Ven, ven, ahora te tengo un chiste nuevo”, le decía. Y Bernardo se reía a carcajadas. Eso le gustaba.

Según Bernardo, desde que Oseguera Cervantes pisó el Hotelito se vio que era un líder nato. “Llegó y luego, luego ya tenía cuatro detrás de él. Luego esos cuatro fueron seis y luego esos seis fueron ocho”. Nadie le asignó ese rol. Lo tomó sin pedirlo. Dentro de la cárcel, donde todos eran iguales ante las reglas y nadie tenía privilegios, eso era lo que llamaba la atención.

Las agrupaciones existían igual: los de la Mara con los de la Mara, los africanos con los africanos, los chinos con los chinos. El Mencho llegó y se rodeó de mexicanos, “la Raza”. Lo que Bernardo tardaría en comprender era de dónde venía realmente ese liderazgo.

El motín que reveló la otra cara del Mencho

Fotografía de El Mencho con sus hijos, entre ellos El Menchito, hoy detenido en EEUU. (Redes sociales)
Fotografía de El Mencho con sus hijos, entre ellos El Menchito, hoy detenido en EEUU. (Redes sociales)

Un sábado de mediados de 1994, Bernardo se dirigía al gimnasio. Había quedado con un amigo colombiano de hacer pesas, pero ese amigo se detuvo primero en un evento religioso que traían de afuera para los internos.

Cuando Bernardo llegó al gimnasio encontró a El Mencho ahí con otro muchacho. También estaban tres africanos en un rincón, conversando, sin hacer ejercicio. El Mencho lo miró de una manera que no reconoció.

Él me miró con ojos como: ‘¿Qué haces aquí?’. Pero no me dijo nada”, relató Bernardo. Estaba a punto de saludarlo cuando llegó corriendo su amigo colombiano y lo jaló del brazo: “Vámonos de aquí, va a haber un meeting”. Meeting era la palabra que se usaba entonces para un enfrentamiento.

Lo que siguió fue, según Bernardo, “la cosa más terrorífica que he visto en mi vida”. Cuarenta mexicanos atacaron por la espalda a los africanos con los discos de las pesas. “Les daban en la cabeza y eso volaba sangre para todas partes”. Entraron a las celdas de los africanos. El motivo tenía días de incubación: en un partido de fútbol americano, los africanos habían golpeado a un mexicano de edad avanzada, lo habían dejado sin vista y se habían reído. Nadie pidió disculpas. La Raza esperó el momento.

El disturbio duró seis horas. Hubo colchones quemados, redadas, gases lacrimógenos y la intervención del SWAT. Varios internos fueron trasladados a otras prisiones. Cuántos resultaron muertos nunca quedó claro: “Parece que no hubo muertos. Nunca se supo”, dijo Bernardo a Nieto.

El Mencho no participó directamente en la golpiza. La observó. “Le gustaba ver la maldad de los otros, pero como espectador y como analítico”, dijo Bernardo. Nunca volvieron a hablar del incidente.

La foto del último día

Bernardo, amigo de El Mencho. (YouTube: Infiltrado/Captura de pantalla)
Bernardo, amigo de El Mencho. (YouTube: Infiltrado/Captura de pantalla)

La fotografía que Nieto publicó en X fue tomada en 1995, el último día de Bernardo en el Hotelito. Él era el fotógrafo de la cárcel, el encargado de retratar a los internos en sus cumpleaños. La foto con el Mencho la tomó otra persona, ya que Bernardo aparece en ella.

Fue el propio Oseguera Cervantes quien pidió que los retrataran juntos. “Yo quiero quedar contigo en la foto”, le dijo. Bernardo recuerda que El Mencho no lo dijo con alegría desbordada: “Lo veo con una actitud de como allá con tu amigo”, describió.

A El Mencho le faltaban tres meses para salir. Le dijo a Bernardo: “Ya te vas a ir y no te vas a quedar para mi cumpleaños. Voy a hacer una fiesta y quiero que estés”. Bernardo salió antes. La libertad no esperaba. Tres meses después, Oseguera Cervantes también cruzó las puertas del Hotelito. Tenía 30 años.

Bernardo guardó la foto en un cajón durante tres décadas. La desempolvó en febrero de 2026, cuando la muerte del líder del CJNG en Tapalpa, Jalisco, se convirtió en noticia internacional y vio que un reportero mexicano afirmaba haber visto el cadáver.

Contactó a Nieto por X y éste verificó la historia en varias sesiones por videollamada y teléfono con Bernardo, quien vive actualmente en Colombia. Bernardo nunca volvió a la cárcel. Regresó a su país natal, estudió y hoy es contador público pensionado.

“Yo siento que él pudo haber tomado otro camino, porque era muy inteligente y no era una persona que tomara la violencia con sus propias manos”, finalizó Bernardo.

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