
Pese a pertenecer al Cártel de Sinaloa, que ha dejado miles de muertos y al menos 135 mil desaparecidos por al menos cinco sexenios sólo en México, Ismael “El Mayo” Zambada se autopercibe como un hombre mediador y que usa la violencia como último recurso, según se ha documentado en capítulos de libros y periodistas que lo han entrevistado.
Dos semanas antes de su captura, Ismael "El Mayo" Zambada concedió una entrevista que reforzó la imagen con la que él mismo buscó definirse dentro del Cártel de Sinaloa: la de un mediador que privilegiaba la negociación, rechazaba la confrontación abierta y se asumía incluso como “pacifista”, una versión que después reapareció tanto en testimonios periodísticos como en documentos de su defensa legal.
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La conversación con María Scherer Ibarra duró cerca de ocho horas e incluyó desayuno y comida en una zona rural de Sinaloa, según contó la periodista a Proceso. Scherer relató que en ese encuentro percibió a un Zambada tranquilo, confiado y sin señales de anticipar una detención cercana.
“Por supuesto que no lo veía venir. Alguien que se siente amenazado al límite no se sienta a platicar con una periodista. Por eso creo que fue emboscado”, dijo la reportera. La observación partió del tono con el que lo vio conducirse durante toda la jornada y de la ausencia de actitudes de alarma.
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“El Mayo” dijo que conoce “gente (del narco) que está metida en todos lados, en la Policía Municipal, Estatal y Federal”, pero más importante, fue la confesión que hizo sobre la coptación de gobernadores. “Ahí hay de todo. Unos que sí, otros que no”, dijo Zambada sobre los gobernadores, sin revelar nombres acerca de quiénes trabajan engarzados con el crimen organizado en México.
Sobre el entonces presidente López Obrador, “El Mayo” dijo que “tiene razón el (ex)presidente: los balazos son peligrosos”, además, se declaró admirador del libertador indio Mahatma Gandhi, incluso ella pudo ver una imagen del de este pensador y una de sus famosas frases, “soy pacifista, yo sólo me protejo”, argumentó.
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Scherer describió a Zambada como un hombre críptico y controlador
Scherer contó que la conversación fue una de las más difíciles de su carrera. Definió a Zambada como un hombre hermético, que respondía solo lo que quería y que mantenía el control absoluto del intercambio.
“Es un hombre muy, muy críptico. No te contesta, no te contesta y es inamovible. (...) Él dice exactamente lo que quiere decir, contesta lo que quiere contestar y no hay forma de insistirle”, afirmó. Esa impresión, según la periodista, contrastó con la disposición de sentarse durante horas a hablar de asuntos personales, familiares y políticos.
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Durante el encuentro, el líder criminal habló de su familia, de su visión sobre la estrategia de seguridad en México y de aspectos cotidianos de su vida. Scherer dijo que tuvo nervios, aunque no por miedo, sino por la dimensión periodística de la oportunidad que tenía enfrente.
La reportera también sostuvo que Zambada se alejaba del estereotipo más difundido del gran capo del narcotráfico. Lo describió vestido con camiseta tipo polo, pants y tenis, mientras se recuperaba de una lesión en una pierna.
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“Si no lo conocieras, pensarías que este hombre es un agricultor o un ganadero orgánico”, relató Scherer. La imagen, añadió, era consistente con un entorno sobrio, de estilo rural y sin lujos visibles.
La casa donde se realizó la entrevista tenía mobiliario campirano y un movimiento constante de personas, pero sin fiestas, música fuerte ni despliegues ostentosos. La periodista aclaró que esa sobriedad no negaba la posible existencia de riqueza en otros bienes, como reses, hectáreas, terrenos, propiedades, efectivo o recursos en paraísos fiscales, sino que en el lugar donde estuvo eso no aparecía a la vista.
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Gandhi, “abrazos, no balazos” y la idea de un jefe conciliador
Una de las escenas que más llamó la atención de Scherer fue la presencia de una fotografía de Mahatma Gandhi en una de las propiedades de Zambada, acompañada por una frase vinculada al pacifismo. Para la periodista, la escena condensaba una de las mayores contradicciones del personaje.
En aquella entrevista, Zambada se declaró admirador de Gandhi y dijo: “Soy pacifista, yo sólo me protejo”. También respaldó la estrategia de seguridad del presidente AMLO resumida en “abrazos, no balazos”, al sostener que los balazos eran “muy peligrosos”.
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Al mismo tiempo, expresó respeto por la política de seguridad del expresidente Felipe Calderón, de quien dijo que hizo “lo que tenía que hacer”. Ese cruce de posturas reforzó la imagen de un operador que se movía más por cálculo que por consignas ideológicas.
Scherer resumió esa contradicción en una frase: “Se asume como un pacifista. Asesinos son otros, él es un partidario del pacifismo, cuando todos sabemos las consecuencias que ha tenido el tráfico de drogas durante estas épocas”. La periodista dijo en entrevistas de radio como con Guillermo Ortega y Nacho Lozano que la ironía de ese discurso era imposible de ignorar.
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Esa idea del capo como figura conciliadora no solo apareció en el terreno testimonial. En una carta enviada a una corte de Estados Unidos, el abogado Frank Pérez sostuvo que, a diferencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán, su cliente buscó primero otras salidas antes que la violencia para mantener la paz dentro del Cártel de Sinaloa.
El documento señaló: “Sin pretender en absoluto minimizar la gravedad de los crímenes del Sr. Zambada, los registros indican que, de los dos, Ismael Zambada era conocido por buscar primero otras soluciones para intentar mantener la paz”. La defensa usó ese contraste para distinguirlo de su antiguo socio.
La imagen de un jefe menos impulsivo y más analítico también apareció entre habitantes del valle de San Lorenzo, según el texto fuente. Campesinos, vecinos y pistoleros de la zona lo describieron como una persona dadivosa, reflexiva y alejada de la violencia abierta contra la población.
“El señor debió tener su carácter; no por nada llegó a dónde llegó, porque yo me imagino que si se la hacías se la pagabas, y más en el mundo que se movía, pero eso de que haya sido abusivo, o violento con la gente, para nada”, dijo un vecino de Tacuichamona a Río Doce.

Buscó mediar entre los Beltrán Leyva y Los Zetas con la Federación
La reunión de la “Federación” convocada por Ismael “El Mayo” Zambada en Morelos, donde estuvo presente Édgar Valdez Villarreal (“La Barbie”), fue una cumbre histórica de capos efectuada a finales de los años 2000, sin embargo se mencionan diversas reuniones desde 2017.
El objetivo principal de este encuentro fue intentar un pacto de no agresión entre las distintas facciones del narcotráfico. En esta junta, celebrada en Morelos, participaron figuras clave de la cúpula criminal:
Ismael “El Mayo” Zambada (Cártel de Sinaloa)
Joaquín “El Chapo” Guzmán
Arturo Beltrán Leyva
Édgar Valdez Villarreal “La Barbie”
Heriberto Lazcano “El Lazca” (Los Zetas)

Aunque el propósito oficial de esta reunión era frenar la ola de violencia y los homicidios entre los cárteles, estas reuniones entre las altas esferas del crimen organizado han sido ampliamente documentadas tanto en los testimonios posteriores emitidos por los mismos capos a las autoridades, como en las investigaciones federales.
Ramón Pequeño García, jefe de la División Antidrogas de la Policía Federal, dijo que Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, confesó haber tenido una reunión con importantes capos del narcotráfico en Cuernavaca, Morelos. Asimismo la periodista Anabel Hernández refiere estos encuentros en su libro Los Señores del Narco, atribuidos a diversas fuentes allegadas al cártel y sus entrevistas con Fernando Gaxiola, abogado defensor de Vicente Zambada Niebla (“El Vicentillo”) hijo de Ismael “El Mayo” Zambada.
Lo secuestraron por ayudar a su amigo
En una carta de Ismael ‘El Mayo’ Zambada, quien se refirió a Héctor Melesio Cuén como “amigo mío desde hacía mucho tiempo” reveló que había sido engañado y secuestrado por su ahijado Joaquín Guzmán López.

El ‘Señor de las Montañas’ publicó un escrito en el que remarca que fue entregado en contra de su voluntad a las autoridades de Estados Unidos y aseguró que fue emboscado por Joaquín Guzmán López, ‘El Güero’, que lo raptó y lo subió a una avioneta con destino a la Unión Americana.
Aceptó reunirse con Joaquín debido a una especie de disputa entre Cuén y el gobernador Rocha Moya.
Antes de su muerte, Cuén Ojeda denunció reiteradamente amenazas contra él y su familia, cuestionó supuestos manejos irregulares demiles de millones de pesosen la administración estatal y advirtió públicamente queresponsabilizaba a Rocha Moyapor cualquier daño a su integridad.
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