Mundial 2026 y Marcha del Orgullo: la disputa por el espacio público y por la defensa de derechos humanos

En una mesa de diálogo organizada por la UNAM, activistas y académicos expusieron la falta de mecanismos institucionales para que ambas celebraciones compartieran el Zócalo

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Marcha LGBTQ+, CDMX, 28 junio 2025
Créditos: Cuartoscuro

En la antesala de la Copa Mundial de Futbol 2026, la convivencia entre la fiesta deportiva y la 48va Marcha del Orgullo LGBTTTIQA+ en la Ciudad de México puso en el centro del debate la disputa por el espacio público y la defensa de los derechos humanos.

La mesa de diálogo virtual “¿Marcha del Orgullo o Fiesta Mundialista? Fuera de Lugar en el Zócalo”, organizada por el Centro de Estudios Sociológicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, evidenció la ausencia de mecanismos institucionales para garantizar que ambas celebraciones pudieran compartir el Zócalo sin que una desplazara a la otra.

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Activistas y académicos advirtieron que el traslado de la Marcha del Orgullo a las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes representa un retroceso para el movimiento en un contexto donde el reconocimiento pleno de las diversidades sexogénericas enfrenta nuevos obstáculos.

Esta mesa virtual fue moderada por Naomi Rasgado Reyes, estudiante de Antropología, y Carlos Martínez-Carmona, profesor de la FCPyS.

El desplazamiento de la Marcha y el valor simbólico del Zócalo

El Comité Histórico recordó que la coincidencia de fechas entre la instalación de la fiesta mundialista y la Marcha del Orgullo era un hecho conocido desde años atrás. Alonso Hernández, integrante del Comité, sostuvo que el reconocimiento de la Marcha como patrimonio cultural habría proporcionado herramientas jurídicas para exigir el respeto al recorrido tradicional y al punto de cierre emblemático en el Zócalo.

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Por su parte, Sergio Ángel, representante del Comité Orgullo y Dignidad, mencionó que el uso del Zócalo para distintos eventos durante el último sábado de junio es frecuente desde administraciones pasadas. Sin embargo, subrayó el peso simbólico del lugar para las colectividades de las disidencias sexogénericas. “El que hoy nos manden a la Alameda al evento final es retroceder”, dijo Ángel, aludiendo al significado político de ocupar el corazón de la ciudad.

Accesibilidad y obstáculos para la participación

Sectores tradicionalmente marginados dentro del propio movimiento también enfrentan dificultades adicionales con el traslado. Ana de Alejandro, de la Red de Madres Lesbianas, advirtió que la complejidad logística de la movilización ha crecido en los últimos años y afecta especialmente a familias, infancias, personas mayores y con discapacidad.

Muchas personas no pueden recorrer trayectos largos y congestionados. Un Zócalo ocupado por la fiesta mundialista complica aún más la posibilidad de manifestarse libremente, expuso de Alejandro.

La falta de diálogo entre autoridades y representantes de la diversidad sexual fue señalada como una oportunidad perdida para construir soluciones inclusivas. Joe M. Almaguer, de CADI, retomó que futbol y diversidad no son ámbitos incompatibles y mencionó ejemplos de convivencia en los Juegos Latinoamericanos LGBT+. En la Ciudad de México se perdió la ocasión de lanzar un mensaje potente de inclusión en un mundo donde se comienza a retroceder en los derechos y el reconocimiento a las diversidades sexogénericas, consideró Almaguer.

La pregunta sobre cómo preservar la memoria y la dignidad política de la Marcha del Orgullo frente a la comercialización y espectacularización de los movimientos sociales atravesó toda la discusión. Las y los ponentes coincidieron en que avanzar hacia el reconocimiento de la movilización como patrimonio cultural inmaterial de la Ciudad de México permitiría dotarla de mayor protección jurídica y simbólica.

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