
El operativo en el que fue detenida —y posteriormente liberada— hace una semana Mónica del Rosario Zambada Niebla volvió a poner en el mapa a El Álamo, una pequeña ranchería al sur de Culiacán que, durante décadas, ha estado ligada a la historia personal y criminal de su padre, Ismael “El Mayo” Zambada.
Más que un punto geográfico, El Álamo ha sido descrito por la periodista Anabel Hernández como la “tierra sagrada” del capo: el lugar donde creció en la pobreza, formó su familia y al que regresó una y otra vez incluso en los años de mayor presión de las autoridades.
Lo ocurrido recientemente en la finca familiar no solo reactivó la atención sobre el poblado, sino que expuso el peso simbólico y estratégico que ha tenido en la historia del líder del Cártel de Sinaloa: un territorio que funcionó como refugio, punto de reunión y base de lealtades durante generaciones.

De cuna humilde a santuario criminal
El Álamo, ubicado a apenas 17 kilómetros al sur de Culiacán, es el punto de origen de Ismael Zambada García. Su infancia transcurrió allí, marcada —según testimonios del abogado Fernando Gaxiola recogidos por la periodista Anabel Hernández— por la pobreza extrema y la unión familiar para sobrevivir a la adversidad.
Tras la muerte de su padre cuando apenas tenía 12 años, Zambada abandonó los estudios y se convirtió en sostén de su madre y seis hermanos, forjando el temple, la discreción y la lealtad que después caracterizarían su liderazgo criminal.
En El Álamo, el joven Ismael aprendió los oficios del campo, cortando leña, haciendo cercos y lavando llantas en un ingenio azucarero del vecino Eldorado. Pero fue también ahí donde, años después, sentó las bases de su familia, casándose con Rosario Niebla y convirtiendo el poblado en su centro emocional y logístico.

La transformación de El Álamo llegó con la fortuna ilícita: el propio Zambada, convertido en capo, se ofreció a reconstruir el pueblo tras una tormenta devastadora.
Según la autora de “El Traidor”, El Mayo Zambada levantó la iglesia, empedró calles, uniformó bardas y reconstruyó viviendas. De benefactor pasó a “gobernante” informal del poblado, asumiendo funciones que el Estado nunca cumplió, afirma.
El Álamo, de ser una ranchería pobre, se transformó en un sitio pintoresco y leal a su mecenas. “La comunidad recibió tantos beneficios de El Mayo que se hicieron leales, es una forma de corrupción”, recalcó en su momento Gaxiola a Anabel Hernández.
Centro de impunidad

La relación de El Mayo y El Álamo va más allá de la nostalgia. Desde los años 70, la ranchería funcionó como base de operaciones para sus primeras incursiones en el tráfico de drogas, guiado por su cuñado, el cubano Antonio Cruz Vázquez (“Niko”).
El expediente judicial de Niko al que Hernández tuvo acceso detalla cómo la “granja familiar Vázquez-Zambada” funcionó como eje productivo y logístico: aquí se cultivaba, procesaba y enviaba heroína hacia Estados Unidos, y el propio Zambada se entrenó en todas las fases del negocio.
“La heroína salía de ahí rumbo a la frontera estadounidense en vuelos clandestinos... Este pequeño rancho comenzó a transformarse en una pieza fundamental para toda la red: desde la capacitación de ‘El Mayo’ en los oficios de cultivo, procesamiento y traslado, hasta la consolidación de El Álamo como sitio de operaciones inidentificable para la DEA y el ejército mexicano.”
Con el auge de la organización, El Álamo también se volvió el corazón financiero y empresarial del clan Zambada. Empresas fachada como Nueva Industria de Ganaderos de Culiacán, Establo Puerto Rico y otras surgieron con sede y operaciones en la zona, mezclando dinero del narco con actividades agropecuarias y comerciales “limpias”.

La finca familiar, situada junto a la iglesia del pueblo y reconocible por sus techos rojos y bardas, es símbolo de ese poder. Con múltiples salidas, exuberante vegetación y vigilancia permanente, la propiedad fue lugar de largas temporadas para Zambada, reuniones con su abogado y refugio ante presiones judiciales o violentas. Incluso tras ser expuesto en reportajes y libros, ni él ni su familia abandonaron el sitio: “Continuaron con arrogancia, sabiéndose impunes, visitando el lugar”, narra Anabel Hernández.
El legado familiar
La historia de El Mayo y El Álamo es también la de un modelo de familia. Desde el principio, Zambada impuso la convivencia entre todos sus hijos y parejas, sin distinguir entre hermanos y medios hermanos, fortaleciendo la unidad del clan en la finca, narra Hernández en el más reciente capítulo de su podcast Narcosistema.
La pedagogía de El Álamo es la de la familia como núcleo, la discreción como virtud, la palabra como ley y la traición como condena. Pero también es una condena generacional: “Como príncipe, nací esclavo”, reconocía Vicente Zambada, “El Vicentillo”, en su diario al que tuvo acceso Anabel Hernández.
La madrugada del 19 de marzo, la habitual calma en la finca de los Zambada en El Álamo se rompió por primera vez en décadas, cuando un despliegue de la Secretaría de Marina irrumpió para tener a una de las hijas del capo: Mónica del Rosario Zambada Niebla, de 45 años.
Pobladores de El Álamo, sindicatura de El Salado, en Culiacán, Sinaloa, capturaron el momento. (Redes sociales)
La hija de El Mayo y Rosario Niebla fue señalada desde 2007 en Estados Unidos de ser parte de la red de lavado de dinero del cártel. La versión oficial señala que su detención fue “casual”, producto de un operativo contra otro objetivo, y que la liberaron porque no existía orden de aprehensión en su contra.
Sin embargo, Anabel Hernández señala que documentos judiciales confirman que Mónica obtuvo un amparo ese mismo día para evitar ser remitida ante la Fiscalía General de la República, y que se trata de una figura que sigue operando empresas señaladas por el Departamento del Tesoro.
La finca no solo sigue siendo centro de vida familiar, sino símbolo de poder: aunque el Mayo fue detenido en 2024 y la guerra interna con Los Chapitos ha dejado episodios de violencia, la familia nunca dejó de acudir a la propiedad.
El operativo, según versiones recabadas por la periodista, pudo haber sido para detener a Ismael Zambada Sicairos, “Mayito Flaco”, actual jefe de la facción, usando a la familia como carnada, afirma Anabel Hernández.
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