
El estado de Querétaro, y más concretamente su capital homónima, se encuentra en una encrucijada que muchas ciudades mexicanas conocen muy bien: el crecimiento urbano avanza mucho más rápido que la capacidad de sus servicios públicos. Si nos centramos en el acceso al agua de calidad -sin duda el servicio más indispensable- no suele haber soluciones fáciles.
Ante este escenario, el gobernador del estado, Mauricio Kuri, impulsó el proyecto “El Batán: Agua para Todos” que promete ser una estrategia audaz para garantizar agua potable en la ciudad de Querétaro durante décadas, mediante su reúso avanzado y con el apoyo de tecnología de última generación.
El reto no es fácil. Actualmente la capital queretana tiene poco más de 2 millones de habitantes, sin embargo, de acuerdo con datos del gobierno estatal, diariamente llegan a Querétaro 120 nuevos residentes, la mayoría a la capital. A este ritmo, para el año 2050 habrá cerca de 3.5 millones de queretanos-capitalinos. Garantizar el suministro de agua para ellos es una labor titánica que requiere de recursos, esfuerzos y acciones inmediatas.
El proyecto estatal planea tratar aguas residuales, almacenarlas en la presa El Batán, que se encuentra en Corregidora, municipio conurbado de la capital queretana, mezclarlas con agua pluvial y potabilizarlas con tecnología multicapa, como microfiltración y ósmosis inversa.

Los resultados previstos incluyen un aumento del 43% en la disponibilidad de agua para 2028 y hasta 1,800 litros por segundo, un ritmo comparable con fuentes como el
Acueducto II, que capta agua de la presa de Zimapán, en Hidalgo, y la conduce a través de 123 kilómetros hasta Querétaro.
El programa El Batán rápidamente se politizó y los seguidores del oficialismo lo criticaron inmediatamente al acusar que se trata de una forma de privatización del agua. Aunado a estos ataques, expertos alertaron sobre la calidad del agua que llegará hasta los hogares, pues contaminantes emergentes como microplásticos, hormonas o metales pueden escapar a tratamientos básicos, y la normatividad mexicana (NOM-127-SSA1-2021) no contempla el reúso directo como apto para consumo humano.
Además, el presupuesto destinado ha crecido exponencialmente. En enero de 2024 la Comisión Estatal de Agua de Querétaro anunció una inversión de 1,500 millones de pesos (mdp) y para mediados de junio del año en curso la Secretaría de Finanzas local ya hablaba de 11,000 mdp extendiéndose hasta 41,000 mdp en las próximas tres décadas.
Sin embargo, llama la atención que, entre tanta polémica, el proyecto El Batán recibió el espaldarazo de la Presidenta Claudia Sheimbaum, lo que se tradujo inmediatamente en un cese al fuego por parte de las huestes oficialistas.

Entre las principales ventajas que presenta el multicitado plan destaca la reducción a mediano y largo plazo en la extracción de acuíferos, que actualmente se encuentran alarmantemente sobreexplotados, pues El Batán se convertiría en una fuente complementaria de agua que presumiblemente sería confiable.
Otro punto a favor es la estructura de los recursos. El Gobierno estatal ha informado que sería mediante una Asociación Público-Privada, que busca evitar la deuda pública mientras mantiene el control estatal de la operación, lo que en teoría ayudaría a tener unas finanzas estatales sanas.
Es importante señalar que el reúso de agua potable no es ninguna invención. Funciona en diversas partes del mundo y no hay efectos adversos extendidos reportados. El ejemplo más claro es el de Singapur, donde el programa NEWater cubre hoy hasta 40% de las necesidades hídricas de dicha nación, con proyección de llegar al 55% para 2060, gracias a procesos muy similares a los previstos para El Batán.
Sin embargo, en un país como el nuestro, la clave no está sólo en la tecnología, sino en la transparencia, la educación pública y el monitoreo constante.

En opinión de este columnista “El Batán” tiene más puntos a favor que en contra y puede convertirse en un proyecto transformador, punta de lanza nacional. Sin embargo, esto sólo sucederá si se atienden las críticas de manera frontal y se establecen mecanismos independientes de control.
Ignorar las dudas que genera el proyecto sería tan irresponsable como no actuar frente a la escasez hídrica que se vive actualmente en el estado. Querétaro no puede darse el lujo de quedarse sin agua, pero tampoco debe perder la confianza de quienes la consumen.
** Las expresiones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien las escribe y no necesariamente coinciden con la línea editorial de Infobae México, respetando la libertad de expresión de expertos.
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