
Lo que parecía ser una aventura única se transformó en una pesadilla para una familia mexicana de creadores de contenido sobre viajes. Con la ilusión de comenzar de nuevo en un supuesto país europeo llamado Liberland, terminaron envueltos en un escenario de engaño, extorsión, amenazas y explotación laboral.
La historia comenzó cuando Chris, el padre de familia, decidió registrarse en el portal oficial de Liberland. Este territorio, ubicado entre Croacia y Serbia, se promociona como una nación libertaria con su propia criptomoneda y un gobierno encabezado por el político checo Vit Jedlicka, quien en 2015 se autoproclamó presidente. Meses después de enviar su solicitud, Chris recibió una llamada inesperada: un supuesto representante consular en México quería hablar con él.

La sorpresa llegó cuando este emisario descubrió que la familia tenía un blog de viajes. La invitación parecía hecha a la medida: viajar a Liberland, convertirse en los primeros residentes oficiales y generar contenido exclusivo para sus plataformas. La promesa incluía pasaportes, tierras, empleo y estabilidad económica, todo bajo el amparo de una “nueva nación” que buscaba consolidar su identidad.
Carmina, la madre, recuerda la emoción que los embargó al aceptar:
“Yo tenía muchas ganas de crear contenido sobre este nuevo lugar, Liberland. Parecía algo diferente y nos entusiasmaba la idea de participar en algo histórico”, declaró en entrevista con Azteca Noticias.

Con sus dos hijas pequeñas, la familia vendió sus pertenencias y emprendió el viaje. Sin embargo, al llegar a Europa descubrieron que la realidad era muy distinta a la promesa. En vez de ser recibidos en un país, fueron llevados a Apatin, un municipio serbio donde se alojaron en una cabaña. No había infraestructura, no había territorio consolidado y mucho menos una nación reconocida.
Liberland resultó ser apenas una franja de 7 kilómetros cuadrados en disputa, deshabitada y sin servicios básicos. “Jamás nos imaginamos que iba a ser así”, relató Carmina. Lo que hallaron fue una estructura que operaba con dinámicas similares a una secta.

De acuerdo con el testimonio, Vít Jedlicka, primer ministro de Liberland y su grupo de colaboradores obligaban a los nuevos “colonos” a trabajar hasta 20 horas diarias. Cuando Chris se negó a pagar 20 mil dólares por dos pasaportes, comenzaron las amenazas. “Cada mes ocurría algo para asustarnos; una vez nos lanzaron un conejo sin cabeza”, recordó.
La tensión escaló a niveles insoportables. Con miedo por su seguridad y la de sus hijas, una noche escaparon del lugar y buscaron ayuda en la embajada mexicana. Fue así como lograron salir de Serbia y regresar a México, aunque con las manos vacías y en una situación económica crítica.
La familia mexicana denunció el caso ante la Fiscalía General de la República (FGR), que lo clasificó como estafa, trata de personas y explotación laboral. Hoy residen en una pensión en la Ciudad de México, en espera de un apoyo gubernamental que, aseguran, no ha llegado.
Chris expresó su enojo con las autoridades: “Me molesta la excusa de que no somos el único caso; les digo que no me importa si tienen diez mil casos, todos deben ser atendidos”. Su reclamo apunta directamente a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), que según él no ha cumplido las promesas de ayuda.

Por su parte, Carmina ha recurrido a sus redes sociales para alertar a otros viajeros sobre los riesgos de caer en este tipo de engaños. Explica que muchas veces la sola presencia de un lugar en los mapas digitales lleva a pensar que se trata de un país real, cuando en realidad puede ser apenas un terreno sin control jurídico ni reconocimiento internacional.
El caso ha despertado debate en internet, donde varios usuarios han mostrado incredulidad ante la existencia de Liberland y empatía hacia la familia. La experiencia refleja no solo la vulnerabilidad de quienes buscan nuevas oportunidades en el extranjero, sino también los riesgos de creer en proyectos que prometen mucho sin ofrecer pruebas sólidas de legitimidad.
A pesar del trauma, la familia mexicana continúa creando contenido y busca rehacer su vida en el país. Su historia es un llamado de atención para quienes confían en iniciativas digitales sin verificar su autenticidad, recordando que un sueño mal fundamentado puede convertirse en pesadilla.
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