
La Guelaguetza (del zapoteco "Guendalezaa“, que se traduce como “ofrenda”, “presente” o “cumplimiento”) es mucho más que una festividad; es un poderoso símbolo de la identidad oaxaqueña y una tradición que reúne a comunidades de todas las regiones del estado de Oaxaca en torno a la danza, la música y el intercambio de ofrendas.
Uno de los eventos centrales de la celebración es la danza escénica que recorre las cuatro grandes etapas históricas de esta fiesta, conocida como el Bani Stui Gulal, que en lengua zapoteca significa “repetición de lo antiguo”. Esta se representa dos semanas antes de que inicie la Guelaguetza.
Esta presentación artística, según el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), permite que el público explore, a través de la danza y el colorido folclor, el recorrido de la Guelaguetza desde su nacimiento en la época prehispánica hasta la actualidad.

En la primera sección de la danza, dedicada a la época prehispánica, se revive el modo en que los pueblos originarios, sobre todo de cultura zapoteca y mexica, rendían culto a la diosa Centeotl, deidad del maíz tierno.
Las coreografías muestran las tradiciones ligadas a los ciclos agrícolas y el agradecimiento a la tierra, piezas en las que figuras femeninas —“las vírgenes”— cobran protagonismo, pues de entre ellas se elegía a la doncella que sería sacrificada como muestra de respeto y devoción. La escena, aunque ritual y solemne, resalta también la danza de jóvenes guerreros, simbolizando la fuerza y el paso generacional en la comunidad.
El segundo gran momento corresponde a la época de la Colonia, cuando las costumbres indígenas debieron adaptarse tras la llegada de los españoles. De acuerdo con el INPI, la danza refleja la persistencia de las celebraciones zapotecas y mexicas, ahora mezcladas con elementos de devoción católica.

Los danzantes representan procesiones en honor a la Virgen del Carmen, tradición que fue adoptada por la población local. En este segmento, destacan las figuras de las marmotas (estructuras móviles y decoradas), las “chinas de calenda”, los zancudos de Zaachila y la “sierpe”, una serpiente de gran tamaño llevada por los danzantes, todo acompañado por el ritmo alegre de una banda musical. Estas representaciones muestran la integración de elementos indígenas y europeos, fusionados en la danza y el desfile.
La tercera etapa retrata los años del México independiente. La coreografía incorpora símbolos nacionales y personajes icónicos: las catrinas (figuras de calaveras vestidas elegantemente), charros, y las chinas de calenda, danzando entre los asistentes y comerciantes.
Ya en la época contemporánea, la última etapa del Bani Stui Gulal imprime el sello actual de la Guelaguetza. El escenario se llena de trajes típicos que representan a cada región de Oaxaca, mientras un poema dedicado al estado recorre la atmósfera y los bailes muestran la diversidad, el orgullo y el dinamismo del pueblo oaxaqueño. Este segmento finaliza con un despliegue espectacular de fuegos artificiales, símbolo de la unión y la festividad que envuelve a participantes y público.
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