
El lunes, el nombre de Ofelia Medina volvió a sacudir las redes sociales. Esta vez no por el estreno de algún proyecto, sino por una despedida. Su reciente salida de MasterChef Celebrity Generaciones provocó una oleada de emociones entre espectadores, jueces y participantes.
La ovación fue inmediata. Hubo lágrimas, abrazos y palabras que más que despedida, sonaron a homenaje. La actriz se marchó con la frente en alto, dejando una huella profunda, incluso en un entorno ajeno al teatro o al cine: la cocina.
Ofelia Medina encarnó así a Frida Kahlo
Pero para entender por qué su partida pesa, hay que mirar más atrás. Mucho antes de sus experimentos culinarios en televisión, Medina ya había transformado la historia del cine mexicano con una de las actuaciones más poderosas que se hayan registrado en la pantalla nacional.
En 1983, bajo la dirección del visionario Paul Leduc, Ofelia Medina protagonizó Frida, naturaleza viva. No fue una biopic convencional. Tampoco una recreación biográfica al uso. Fue un retrato visceral, íntimo y sensorial del alma de Frida Kahlo.

Su interpretación fue una irrupción. En una época en la que el nombre de Frida no era aún símbolo de mercancía global ni de culto cultural, Medina apostó por la complejidad de una mujer que amó con furia, pintó con las entrañas y vivió con el cuerpo en llamas. El desafío era enorme.
“En ese entonces no existía nada sobre ella”, recordó alguna vez la actriz, consciente de que el camino que eligió no tenía mapas.
La cámara de Leduc no necesitó adornos. Bastaba el rostro de Medina, sus silencios, su voz recitando cartas y memorias, y su cuerpo invadido por el dolor físico y emocional que también había sido de Kahlo.
Cada gesto, cada plano, fue una confesión sin palabras. La película se convirtió en un poema visual sobre la resistencia, el amor y la creación como forma de supervivencia.
Ofelia Medina ganó este premio por la interpretación de Frida Kahlo
Décadas más tarde, en 2021, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas entregó a Ofelia Medina el Ariel de Oro. No como un simple galardón, sino como un acto de justicia. Fue el reconocimiento a una carrera sólida, pero sobre todo, al riesgo y a la profundidad con la que interpretó a una de las figuras más icónicas de México.
Frida, naturaleza viva no sólo documentó una vida. Fue una obra que detonó la curiosidad del mundo por Kahlo, mucho antes de que Hollywood la convirtiera en figura de exportación. Y esa hazaña tiene nombre y rostro: Ofelia Medina.
Ahora que su salida de MasterChef nos ha recordado su presencia en los medios, también nos obliga a mirar hacia su legado más duradero. Porque mientras otros compiten por minutos de pantalla, Ofelia Medina ya forma parte de la memoria cultural de un país.
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