
El Servicio de Administración Tributaria, SAT, es la principal institución fiscal del país, tiene el encargo de supervisar la recaudación de los impuestos de los contribuyentes, su alcance es nacional, tiene una normativa propia y, por consiguiente, cuenta con facultades que otros organismos no.
El SAT tiene la facultad de realizar visitas domiciliarias a los contribuyentes como parte de su estrategia para verificar el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
Estas inspecciones, reguladas por el Código Fiscal de la Federación (CFF), no requieren notificación previa y pueden efectuarse en cualquier momento del año. El objetivo principal de estas visitas es revisar la documentación y las operaciones que respaldan las declaraciones fiscales de los contribuyentes entregadas al SAT, tanto personas físicas como morales.

La razones por las que se originan estas visitas son varias, como inconsistencias detectadas en las declaraciones fiscales, omisiones en los pagos correspondientes o dudas sobre la veracidad del domicilio fiscal registrado.
Entre los contribuyentes sujetos a estas inspecciones se encuentran asalariados, prestadores de servicios por honorarios, arrendadores y aquellos inscritos en el Régimen Simplificado de Confianza, así como las personas morales también están incluidas en este procedimiento.
Incluso los jubilados y pensionados pueden ser objeto de estas revisiones si sus ingresos superan los montos exentos de impuestos o si cuentan con ingresos adicionales que puedan ser revisados.
El procedimiento de las visitas domiciliarias está regulado por el artículo 44 del CFF, el cual en ninguna parte establece que no se deba notificar con anticipación al contribuyente.

La visita se formaliza en el momento en que los funcionarios del SAT se presentan en el domicilio fiscal, entregando una orden de visita debidamente firmada por la autoridad competente. Este mecanismo busca preservar la eficacia de las inspecciones y evitar que los contribuyentes oculten información o alteren documentos antes de la diligencia.
Durante la visita, los funcionarios del SAT están obligados a identificarse correctamente y presentar la documentación que respalde su autoridad para realizar la inspección. Si no cumplen con estos requisitos, el contribuyente tiene el derecho de negarles el acceso a su domicilio. Si todo está en orden, es obligación del visitado permitir el acceso a los trabajadores públicos.
Además, los contribuyentes cuentan con derechos fundamentales que deben ser respetados durante el proceso, como recibir un trato digno y respetuoso, verificar la identidad de los inspectores, ofrecer pruebas que respalden su situación fiscal y presentar aclaraciones si es necesario.
Una vez concluida la visita, el SAT emite un oficio de observaciones en el que detalla los hallazgos de la inspección. El contribuyente dispone de un plazo para responder antes de que se emita una resolución definitiva. En caso de no estar de acuerdo con la determinación, tiene la opción de impugnarla mediante un recurso de revocación o un juicio contencioso administrativo.
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