
Tras un acelerado proceso de organización, encontrando día a día nuevas dificultades y nuevas soluciones, desde el Instituto Nacional Electoral veo la elección de este domingo 1º. de junio como una meta lograda que, en lo organizativo, será pronto una prueba superada. No tengo duda de que el servicio social que el INE presta a la sociedad volverá a ser un servicio caracterizado por su calidad e integridad, una elección donde los votos se cuentan y cuentan.
En lo político, sin embargo, las cosas no son tan claras. Durante estos años, la función y desempeño del organismo han sido cuestionados, y su institucionalidad atacada desde diversos flancos. Como resultado, en esta elección de jueces, el INE encuentra la necesidad de reafirmar la calidad organizativa y democrática de su trabajo, frente a objetores de buena y mala fe, de distintos puntos del espectro político. El desempeño del Instituto este domingo debe ser un gran mentís para estos ataques.
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Para ello, el INE cuenta con grandes fortalezas, que como tales se manifestarán:
La inmensa mayoría de las casillas se instalarán en el lugar previsto, a tiempo y con la totalidad de funcionarios que les correspondan. Las excepciones serán ínfimas y no alcanzarán, ni de lejos, al 1% de éstas.
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Cada votante encontrará su casilla cerca de su domicilio, y en ella sus personales boletas esperando para ser marcadas. Verá su registro con fotografía en el padrón, votará en secreto y volverá a casa sin ningún tipo de contratiempo.
Al concluir la votación, ciudadanas y ciudadanos verán en las puertas de las casillas anunciando cuántas personas votaron y, en consecuencia, cuantas boletas no fueron utilizadas. Días después, al concluir los cómputos, podrá confirmar que ese número de boletas no utilizadas fue el mismo hasta el final, conjurando cualquier temor de que pudieran haber sido utilizadas ilegalmente en favor de algún candidato.
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Finalmente, el INE entregará con puntualidad los resultados de todas las elecciones, que habrán sido vigiladas en todas sus etapas por cientos de miles de personas.
El Instituto volverá a acreditar que su actuación es garantía de que la ciudadanía puede votar en libertad, incluso cuando fuera de las casillas, en espacios que el INE no controla ni puede controlar, se intente presionar a los votantes. Las casillas, el espacio electoral definitivo, garantizan que cada quién pueda emitir su voto de acuerdo con su propia voluntad, en total secreto, y sin que nadie pueda vigilarlo. Garantizan, pues, elecciones libres.
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