
Está documentado que los piratas solían atacar costas mexicanas en territorios que actualmente pertenecen a los estados de Campeche y Quintana Roo, sin embargo, los asaltos de los corsarios también se registraron en la costa del Pacífico.
En las profundidades de la bahía de Zihuatanejo, Guerrero, yacen los restos de una historia que marcó el siglo XVIII, en la cual tres barcos mercantes fueron hundidos por el corsario inglés George Anson en 1742.
De acuerdo con el historiador de la SAS, Eduardo Cruz Soto, la Sala 4 del museo se ha transformado para destacar la relevancia de Zihuatanejo en la ruta transpacífica del Galeón de Manila, que conectaba Asia con América.
Este corredor marítimo no solo fue clave para el comercio, sino también un objetivo recurrente de los piratas durante los siglos XVII y XVIII.

En este contexto, se narra cómo George Anson, al mando del HMS Centurion, capturó tres barcos mercantes españoles: Nuestra Señora del Monte Carmelo, Nuestra Señora del Carmen y El Aranzazú.
Estos navíos, capturados entre finales de 1741 y principios de 1742 en las costas de Chile y Perú, fueron llevados por Anson hacia la Nueva España con la intención de interceptar un galeón de Manila que se dirigía a Acapulco.
Sin embargo, al encontrarse con las defensas del puerto, el corsario decidió desviar su convoy hacia Zihuatanejo. Allí, en marzo de 1742, optó por desmantelar y quemar las naves capturadas, cuyos restos permanecen en el fondo de la bahía.
Este hecho dio origen a las leyendas locales que atribuyen los nombres de las playas ‘de la Madera’ y ‘de la Ropa’ a los restos de madera y mercancías que flotaron en el mar tras el incidente.
Este episodio, que dejó una huella en la región y en la historia marítima, es uno de los ejes temáticos del renovado Museo Arqueológico de la Costa Grande (Macogra), que recientemente reabrió sus puertas tras una profunda rehabilitación arquitectónica y museográfica.

El museo ahora incorpora por primera vez el tema de la piratería, destacando la importancia estratégica de la región en las rutas marítimas de la época.
El Macogra, ubicado en el céntrico Paseo del Pescador, fue renovado con la colaboración de figuras como la artista Carmen Parra y la restauradora Marisa Gómez Dantés. Además.
El recinto está abierto al público de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con una entrada general de 15 pesos. La incorporación de nuevos contenidos y piezas históricas busca no solo preservar el legado de la región, sino también fomentar el interés por su rica historia entre locales y visitantes.
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