
Décadas antes de que TikTok catapultara éxitos virales en cuestión de segundos, un grupo europeo ya había conquistado las pistas de baile del mundo con una fórmula infalible: ritmos electrónicos, estribillos pegajosos y una energía imposible de ignorar.
A principios de los 2000s, O-Zone se convirtió en un fenómeno global con su hit “Dragostea din tei”, una canción que marcó un antes y un después en la manera en que la música pop, y particularmente la eurodance, cruzaba fronteras sin necesidad de traducciones.
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Así fue el show de O-Zone en I love dance
Más de 20 años después, ese mismo tema sigue siendo una chispa eléctrica en cualquier fiesta. Prueba de ello fue su reciente presentación en México durante el festival I Love Dance 2025, celebrado en las instalaciones del Pepsi Center, dentro del complejo del WTC en la capital del país.
La nostalgia se mezcló con la euforia y la música se volvió puente entre generaciones que corearon en unísono cada palabra de una lengua que, aunque desconocida para muchos, se sentía familiar desde la primera nota.
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Desde el primer instante, el show fue una explosión sensorial. El beat se coló por los altavoces como un latido acelerado que se sincronizó con los corazones de los asistentes. Las luces estroboscópicas pintaban de neón las paredes del recinto, mientras una lluvia de papeles brillantes descendía del techo como si una fiesta de los 2000 hubiera sido embotellada y destapada en pleno 2025.
Ambiente eléctrico con O-Zone
Pelotas gigantes rodaban y rebotaban sobre las cabezas de una multitud que no dejaba de moverse. El ambiente era eléctrico.
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“Ma-ya-hi, Ma-ya-hu, Ma-ya-ho, Ma-ya-ha-ha!” retumbó como un eco multicolor en todo el lugar. Los tres integrantes de O-Zone irrumpieron en el escenario vestidos de blanco, con gafas oscuras y una sonrisa que no se les borró en toda la noche. La energía de su entrada fue suficiente para que el público estallara en gritos, saltos y aplausos. No se trataba solo de un concierto, era una cápsula del tiempo abierta de par en par.
“¿Qué tal?”, preguntaron en un español claro, arrancando una ovación que sacudió el recinto. La conexión fue instantánea. El público respondió con una nueva ronda del coro de “Dragostea din tei”, ahora más fuerte, más comprometido, más festivo. “Cantemos juntos”, pidieron ellos.
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Y se cantó. Mientras tanto, vendedores de agua simple se abrían paso entre la marea humana con charolas de madera en equilibrio perfecto sobre la cabeza, sin perder ni un paso del espectáculo que se desplegaba frente a ellos.
“¿Se sienten bien? Tenemos pocas canciones”, advirtieron los anfitriones con sinceridad y cercanía, lo que sólo provocó que los gritos de emoción subieran de tono. El setlist incluyó no sólo sus temas propios sino también una selección de covers que alimentaron el espíritu fiestero de la noche. “I Gotta Feeling”, de Black Eyed Peas, encendió la chispa del pop moderno, mientras que con “Pump It Up”, hit de la película “La Sustancia”, el ritmo se desató por completo, como si el recinto entero hubiera sido poseído por la energía frenética de una pista de baile de película.
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“¡Canten y salten con nosotros, alcen sus brazos, ustedes nos hacen muy feliz!”, animaron antes de soltar una ráfaga de éxitos brasileños como “Ai Se Eu Te Pego” y “Bará Bará, Berê Berê”, ambos conocidos por haber puesto a medio planeta a bailar en algún momento de la última década. Cada beat era una invitación a olvidar la rutina, a dejarse llevar por una música sin complicaciones, diseñada para el goce inmediato.
La fiesta continuó más allá de O-Zone. En esta noche vibrante, que también se replicó en Guadalajara, el Pepsi Center se convirtió en una auténtica máquina del tiempo. Grupos y artistas emblema del fenómeno dance se adueñaron del escenario:
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Vengaboys cerró con broche de oro una jornada inolvidable, mientras que nombres como 2Unlimited, Evi Goffin (voz original de Lasgo), Milli Vanilli, David Tavaré, Guztavo MX y El Azteca fueron parte del cartel que tejió una fiesta intergeneracional, una celebración sin prejuicios, donde la única regla era bailar.
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