
La bipolaridad, o trastorno bipolar, es una afección de salud mental caracterizada por alteraciones extremas en el estado de ánimo, que varían entre episodios de euforia excesiva o manía y episodios de extrema tristeza o depresión que pueden afectar significativamente la vida diaria de quienes lo padecen.
Aunque el trastorno bipolar se estudió por primera vez en 1854 por el neurólogo francés Jules Baillarger, en la actualidad sigue existiendo mucha desinformación sobre el tema en la población en general, pues en muchas ocasiones se utiliza el término “bipolar” para describir personas con cambios de humor constante, una situación muy alejada de su verdadero significado clínico.
Como una medida para la concientización y reflexión sobre el tema, la Sociedad Internacional de Trastornos Bipolares (ISBD) en conjunto con la Red Asiática de Trastorno Bipolar (ANBD) y la Fundación Internacional Bipolar (IBPF) proclamaron el 30 de marzo como el día Mundial del Trastorno Bipolar, inspirados en la fecha de nacimiento del histórico pintor Vincent Van Gogh, que fue diagnosticado con bipolaridad de manera póstuma.
Los tipos de bipolaridad

De acuerdo con información del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) el trastorno bipolar puede clasificarse en tres tipos, cada uno presentará cambios evidentes en el estado de ánimo, energía y los niveles de actividad.
- Trastorno bipolar tipo I: Presenta episodios maníacos que duran al menos siete días, estos pueden ser de mucha intensidad y el paciente puede requerir hospitalización. Este tipo de trastorno también produce episodios depresivos separados, que suelen durar al menos dos semanas.
En este trastorno existe la posibilidad que ocurran episodios de alteraciones en el estado de ánimo con características mixtas simultáneas.
- Trastorno bipolar tipo II: En este tipo de trastorno se presentan patrones de episodios depresivos y episodios hipomaníacos, pero no tan extremos como los del tipo I.
- Trastorno ciclotímico: La persona presenta síntomas hipomaníacos y depresivos persistentes que no son tan intensos ni duran lo suficiente como para calificarlos como episodios. Estos síntomas ocurren al menos dos años en los adultos y un año en las y los niños y adolescentes.
Este trastorno puede ocurrir simultáneo a otro tipo de enfermedades mentales tales como la psicosis (alucinaciones y delirios), trastornos de ansiedad y de déficit de atención con hiperactividad; uso nocivo de drogas y alcohol y trastornos de la alimentación.
¿Cómo se diagnostica el trastorno?

Aunque el término ha ganado popularidad en los últimos años y esté más presente en el vocabulario popular, el National Institute of Mental Health del gobierno de los Estados Unidos menciona que el diagnóstico del trastorno bipolar se realiza a través de una evaluación psiquiátrica, un examen físico completo y pruebas médicas para descartar otras enfermedades.
El profesional de la salud mental o psiquiatra es el encargado de diagnosticar el trastorno bipolar con base en los síntomas, el transcurso de la vida, antecedentes familiares y las experiencias de la persona afectada.
Algunos síntomas del trastorno bipolar se parecen al de otras enfermedades, lo que puede desencadenar que los profesionales de la salud den un diagnóstico erróneo. Esto ha derivado que, por varios años, personas vivan con este trastorno y no sepan que lo padecen.
Por su parte entre los síntomas más comunes de la fase maníaca del trastorno se encuentran:
- Fácil distracción
- Participación excesiva en las actividades
- Poca necesidad de dormir
- Capacidad de discernimiento deficiente
- Poco control del temperamento
- Falta de autocontrol y comportamientos imprudentes, tales como beber o consumir drogas ilegales en exceso, aumento de relaciones sexuales de riesgo, apostar y gastar o regalar mucho dinero
- Estado de ánimo muy irritado, pensamientos apresurados, hablar mucho y tener creencias falsas acerca de sí mismo o de sus capacidades
- Hablar rápidamente
- Preocupación acerca de cosas que no son ciertas (delirios)
Mientras que los síntomas de la fase de depresión son:
- Estado de ánimo deprimido o tristeza diariamente
- Problemas para concentrarse, recordar o tomar decisiones
- Problemas en la alimentación como falta de apetito y pérdida de peso o consumo exagerado de alimentos y aumento de peso
- Fatiga o falta de energía
- Sentimientos de minusvalía, desesperanza o culpa
- Pérdida del placer al realizar actividades que alguna vez disfrutaba
- Pérdida de la autoestima
- Pensamientos de muerte o suicidio
- Dificultad para conciliar el sueño o dormir demasiado
- Alejarse de los amigos o las actividades que alguna vez disfrutaba
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