
El teporingo, también conocido como conejo de los volcanes, una especie única y diminuta de mamífero que habita las laderas de cuatro volcanes extintos en México central, se encuentra en peligro de extinción, según expertos en conservación.
El teporingo cuenta con una larga lista de nombres y apodos, muchos de ellos provenientes de la lengua náhuatl. Desde “zacatuche” hasta “teporingo” o “conejo de los volcanes”, la diversidad de nombres refleja su importancia cultural y ancestral.
Este pequeño conejo, científicamente conocido como Romerolagus diazi, pesa hasta 0.45 kg y cuenta con orejas regordetas y pelaje denso de color negro o marrón, que le permite camuflarse en los suelos rocosos y volcánicos de su hábitat.
Con menos de 7 mil especímenes estimados en estado salvaje, enfrenta diversas amenazas que ponen en riesgo su supervivencia.

Hábitat y características del Teporingo
Este pequeño mamífero es endémico de ciertas regiones heladas de México, específicamente en las altas montañas del eje Neovolcánico transversal, al sur del valle de México.
Su grueso pelaje le brinda protección contra las condiciones climáticas extremas de estas áreas, y es posible avistarlos en alcaldías de la CDMX y pastizales cercanos a los volcanes como el nevado de Toluca, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
El hábitat del Teporingo se extiende a altitudes de entre 3,048 y 3,657 metros sobre el nivel del mar, en un área que se ha visto reducida a menos de 20 fragmentos de praderas y bosques de pino.
El mamífero, que pesa aproximadamente 0.45 kilogramos, y es considerado el segundo conejo más pequeño del mundo, reconocible por su pelaje negro o marrón y sus características orejas redondas, que le permiten mimetizarse con el entorno volcánico y rocoso.

Su dieta principal es un pasto llamado zacatón, pero incorpora más de 70 tipos diferentes de plantas en su alimentación, lo que refleja la diversidad de la flora en su hábitat natural.
Las hembras de esta especie son más grandes que los machos, y en sus grupos sociales, las hembras dominantes son comunes. Solo las más fuertes tienen la oportunidad de reproducirse después de un periodo de gestación de 39 a 41 días.
De manera única, los teporingos y los pikas son los únicos conejos que emiten sonidos para socializar. Su comunicación, a través de vocalizaciones y de un triángulo de color dorado detrás de las orejas, es un fenómeno sorprendente y peculiar.
Pese a que la caza del Teporingo está prohibida en México, la aplicación de las leyes es débil. No obstante, inicio de actividades de conservación por parte de comunidades cercanas a los hábitats naturales del mamífero es un signo positivo de la creciente toma de consciencia sobre la necesidad de proteger a esta especie única antes de que sea demasiado tarde.

Las amenazas al teporingo
En medio de la rica biodiversidad de especies endémicas que México atesora, el teporingo destaca como el conejo más tierno del mundo, pero también enfrenta una amenaza inminente de extinción.
Su hábitat se ve fragmentado por el desarrollo agrícola, urbano y de caminos, lo que limita la diversidad y abundancia de vida vegetal esencial para su alimentación. Además, la presión agrícola, la actividad ganadera y las prácticas de quema del pasto contribuyen a la disminución de los recursos alimenticios del conejo.
El cambio climático también se cierne como una amenaza adicional, ya que se proyecta que las crecientes temperaturas obligarán a los teporingos a desplazarse a altitudes más elevadas, reduciendo aún más su ya limitado rango de hábitat.
La situación se vuelve más crítica dado que, a pesar de las leyes que prohíben la caza de estos animales, la aplicación de las mismas no es suficientemente firme.
En respuesta a estos desafíos, algunas comunidades indígenas, como la comunidad Milpa Alta, han establecido brigadas de protección para supervisar a los conejos y contribuir a su conservación. Sin embargo, estas iniciativas enfrentan dificultades debido a la falta de financiamiento y recursos.
Expertos y conservacionistas hacen un llamado urgente a la acción para proteger al teporingo y preservar su hábitat único.

Se insta a fortalecer la aplicación de las leyes de protección, así como a buscar y asignar recursos adicionales para apoyar las iniciativas comunitarias de conservación. La conciencia pública sobre la importancia de la conservación de esta especie también se presenta como una herramienta clave en la lucha por la supervivencia del conejo de los volcanes.
La pérdida de esta especie no solo representaría un golpe para la biodiversidad de la región, sino también una trágica pérdida de un ícono natural único y una parte integral del patrimonio mexicano. La protección del teporingo es esencial para garantizar que las generaciones futuras puedan admirar y preservar la riqueza biológica de México.
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