
Aunque el nombre rinoceronte proviene del griego y significa literalmente “nariz cornuda”, estos majestuosos animales podrían estar condenados a perder su rasgo más distintivo si quieren sobrevivir en el contexto actual de caza furtiva.
Según un nuevo estudio publicado el 30 de mayo de 2024 en la revista Science, el descornado —la remoción de los cuernos de los rinocerontes— redujo considerablemente la probabilidad de que estos animales sean víctimas de los cazadores furtivos. La investigación, que abarcó más de una década de datos, ofrece una de las evaluaciones más detalladas y sistemáticas hasta la fecha sobre esta práctica.
Durante años, la caza furtiva de rinocerontes es impulsada por la alta demanda de cuerno en mercados ilegales, particularmente en Asia, donde se le atribuyen propiedades medicinales no comprobadas y se le considera un símbolo de estatus. Como resultado, las poblaciones de rinocerontes han disminuido drásticamente en África, especialmente en Sudáfrica, que alberga aproximadamente el 80% de los rinocerontes del mundo. Ante esta crisis, las autoridades han implementado diversas medidas de conservación, desde patrullas armadas hasta tecnologías de vigilancia. Sin embargo, la estrategia del descornado, aunque polémica, ha emergido como una de las más efectivas.
El efecto del descornado

La investigación, liderada por Laura Freeman y su equipo de la Universidad de Helsinki, se centró en los datos de más de 5 mil rinocerontes blancos y negros en la provincia sudafricana de Mpumalanga, recogidos entre 2010 y 2020. Durante ese periodo, aproximadamente mil de estos animales fueron cazados ilegalmente. El análisis demostró que los rinocerontes que habían sido descornados tenían un 37% menos de probabilidades de ser abatidos por cazadores furtivos en comparación con aquellos que aún conservaban sus cuernos.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron modelos estadísticos de supervivencia que incorporaban factores como la ubicación, el tamaño del área protegida, la densidad de rinocerontes y la intensidad de la actividad de los guardabosques. También se controlaron variables como la distancia al acceso más cercano a la reserva y la cercanía a caminos o puntos de entrada utilizados por los cazadores. La solidez de estos datos permitió a los autores concluir con confianza que el descornado tiene un efecto protector tangible.
Además, el estudio encontró que la probabilidad de caza furtiva no era uniforme a lo largo del tiempo, sino que respondía a presiones estacionales y al valor del cuerno en los mercados ilegales. En ese sentido, el descornado ofrecía una respuesta flexible y adaptativa, ya que los cuernos vuelven a crecer y el procedimiento puede repetirse según sea necesario.
“Nuestro estudio proporciona una de las evaluaciones más completas hasta ahora sobre el impacto del descornado en la caza furtiva”, declaró Freeman en un comunicado de prensa. “La evidencia sugiere que esta medida, cuando se combina con otras estrategias de conservación, puede ser una herramienta eficaz para reducir las pérdidas por caza ilegal”.
Los hallazgos representan una inflexión significativa en el debate sobre cómo enfrentar la caza ilegal de una de las especies más amenazadas del continente. Los autores subrayan que, más allá de fortalecer la vigilancia o endurecer las penas, es urgente reducir la rentabilidad de la caza furtiva. Como explicó la profesora Dame EJ Milner-Gulland, experta en biodiversidad de la Universidad de Oxford y asesora del estudio, “vale la pena considerar maneras de disminuir la rentabilidad esperada de la caza furtiva, en lugar de centrarse exclusivamente en aumentar sus riesgos o costos”.
Un dilema ético al descornar rinocerontes

No obstante, el descornado no está exento de desafíos. El procedimiento, que implica anestesiar al animal y remover quirúrgicamente el cuerno —hecho de queratina, como las uñas humanas— debe realizarse con regularidad, ya que el cuerno vuelve a crecer con el tiempo. Esto representa un importante compromiso económico y logístico, sobre todo para parques y reservas con presupuestos limitados. Además, existen riesgos para los animales durante la anestesia y el procedimiento en sí, aunque los expertos aseguran que, cuando se realiza correctamente, el proceso es seguro y no causa dolor duradero.
Otra preocupación es el impacto que la ausencia del cuerno puede tener en el comportamiento y la ecología del rinoceronte. Si bien investigaciones anteriores indican que los animales pueden adaptarse, el cuerno cumple funciones importantes en el cortejo, la defensa personal y la búsqueda de alimento. La eliminación sistemática de este rasgo podría alterar dinámicas sociales y reproductivas dentro de las poblaciones, aunque los estudios sobre estos efectos aún son limitados.
Por otro lado, la percepción pública sobre el descornado es ambivalente. La agencia de noticias The Associated Press señala que algunos grupos conservacionistas lo consideran una medida desesperada que modifica la esencia del animal para protegerlo del ser humano. “Es como quitarle las alas a un ave para que no sea atrapada. Se pierde algo esencial”, expresó en su momento un portavoz de la organización Pro Wildlife. Sin embargo, otros defensores argumentan que, ante la inminente amenaza de extinción, este tipo de intervenciones son necesarias y justificables.
La reticencia inicial de algunas autoridades a implementar el descornado también influye en su aplicación desigual en el país. Según el estudio, muchas áreas protegidas no adoptan la medida de manera sistemática, en parte debido a preocupaciones presupuestarias, logísticas y éticas. Freeman y sus colegas sugieren que la expansión del descornado debería ir acompañada de estrategias de concienciación pública, capacitación técnica y apoyo financiero sostenido por parte del gobierno y organismos internacionales.
¿El descornado detiene por completo la caza furtiva?

Si bien los hallazgos del estudio son alentadores, los autores advierten que el descornado no es una solución definitiva. Los cazadores furtivos, en algunos casos, siguen matando rinocerontes incluso cuando no tienen cuernos, posiblemente como una forma de evitar rastros o simplemente por error. Además, la demanda del cuerno sigue siendo alta, y mientras exista un mercado ilegal activo, los incentivos para la caza persistirán.
“La realidad es que la caza furtiva es un problema complejo que requiere un enfoque multifacético”, explicó Freeman. “El descornado puede reducir significativamente el riesgo, pero debe ir acompañado de medidas más amplias, como la reducción de la demanda en los países consumidores, el fortalecimiento de la aplicación de la ley y el desarrollo de alternativas económicas sostenibles para las comunidades locales”.
En ese sentido, varios expertos han señalado que la verdadera clave para salvar a los rinocerontes reside en una transformación profunda de los factores que alimentan la caza furtiva. Esto incluye desde campañas educativas en Asia para desmitificar las supuestas propiedades del cuerno, hasta programas de desarrollo rural que ofrezcan opciones viables a las personas que de otro modo podrían involucrarse en el comercio ilegal.
A pesar de sus limitaciones, el estudio publicado en Science representa un paso crucial en la comprensión de cómo las intervenciones directas pueden alterar el riesgo de caza furtiva en el corto plazo. También ofrece una base empírica sobre la cual formular políticas de conservación más informadas y adaptadas a las realidades del terreno. Como concluye el artículo, “el descornado no debe considerarse una panacea, sino una herramienta dentro de un arsenal más amplio de estrategias de conservación. En un contexto de crisis, cada acción que reduzca la mortalidad de rinocerontes cuenta”.
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