
En el complejo mundo natural, donde la supervivencia depende de un equilibrio preciso en los ecosistemas, el cambio climático está generando impactos inesperados. Más allá de transformar hábitats y alterar ciclos vitales, esta crisis ambiental está poniendo a prueba los vínculos entre parejas animales.
Desde especies como los albatros hasta los pingüinos, estas especies enfrentan el deterioro de sus lazos bajo la creciente presión de un planeta en calentamiento.
La ciencia sigue demostrando que las dinámicas de pareja en el reino animal son tan variadas y sorprendentes como las humanas, y ahora enfrentan nuevos desafíos impuestos por las tensiones ambientales, según lo reportó el medio británico, The Guardian.
El fin de una larga relación

En un fenómeno que ha desconcertado tanto a expertos como al público, el cambio climático podría estar influyendo en las tasas de separación entre algunas especies animales.
Factores ambientales como el aumento de las temperaturas y las alteraciones en los ecosistemas están vinculados a un incremento en los “divorcios” de aves como el albatros de ceja negra en las Islas Malvinas.
Este hallazgo, que los investigadores han denominado “divorcio impulsado por el medio ambiente”, pone de manifiesto cómo las condiciones climáticas extremas pueden afectar incluso a las relaciones más duraderas en el reino animal.
Un ejemplo de estas rupturas se remonta a 2011, cuando Bibi y Poldi, dos tortugas gigantes de Galápagos que habían compartido más de un siglo juntas en el zoológico Happ, en Austria terminaron su relación.
De acuerdo con el medio The Guardian, la relación entre las tortugas ambas de 115 años, llegó a un abrupto final cuando Bibi atacó a su compañero, mordiéndole el caparazón y causándole heridas. Este comportamiento agresivo obligó al personal del zoológico a separarlos en recintos distintos, poniendo fin a una convivencia que había durado casi un siglo.
Aunque las tortugas gigantes de Galápagos no son monógamas en su hábitat natural, la longevidad de su vínculo había sido considerada excepcional. Sin embargo, los intentos de reconciliación fracasaron. “Tenemos la sensación de que ya no soportan verse”, lamentó en su momento Helga Happ, directora del zoológico.
Según explicó el profesor Simon Griffith, ecólogo evolutivo de la Universidad Macquarie, a The Guardian, la monogamia social, que implica la convivencia y la formación de lazos fuertes, es poco común entre los mamíferos, pero más frecuente en aves.
Griffith señaló que menos del 10% de las especies de mamíferos exhiben este comportamiento, debido a las diferencias en la inversión parental entre machos y hembras. En la mayoría de los mamíferos, las hembras asumen la mayor parte del cuidado de las crías, mientras que los machos suelen desempeñar roles más limitados, como proteger el territorio.
Las relaciones entre aves

El caso de las aves es distinto, pues según el ecólogo Griffith, los machos pueden contribuir significativamente al cuidado de las crías, lo que fomenta la formación de parejas estables.
“En las aves, el padre puede cuidar casi tanto como la madre en términos de alimentar a las crías”, explicó. Este comportamiento ha llevado a que más del 90% de las especies de aves sean consideradas socialmente monógamas, aunque investigaciones recientes han revelado que la fidelidad sexual no siempre acompaña a la monogamia social.
El profesor Raoul Mulder, de la Universidad de Melbourne, destacó al medio británico que los avances en las técnicas de análisis genético han desafiado la percepción de que las aves son completamente fieles.
Por ejemplo, en el caso del ave conocida como el ratonero soberbio, se descubrió que el 76% de los polluelos en los nidos eran engendrados por machos distintos al compañero de la hembra. Este fenómeno, conocido como “cuculismo”, alcanza tasas aún más altas en especies como la urraca australiana, con un 82%.
Sin embargo, la duración de las relaciones en las aves también puede estar influenciada por factores ambientales. Griffith señaló que las aves australianas tienden a divorciarse menos que las especies europeas, debido a las condiciones climáticas impredecibles en Australia.
En regiones áridas, donde las lluvias y la disponibilidad de recursos son variables, las parejas fuertes tienen más probabilidades de optimizar sus oportunidades de reproducción.
Entre las aves, el albatros errante es considerado un símbolo de monogamia. Esta especie, que puede vivir hasta 50 años, forma vínculos de pareja que suelen durar toda la vida.

Ruijiao Sun, investigadora de la Universidad de California en Santa Bárbara, el proceso para establecer un vínculo en los albatros es largo y complejo, pero una vez formado, permite a las parejas coordinarse de manera eficiente para criar a sus crías.
“Cada vez que se reproducen, afinan sus comportamientos y se coordinan mejor, haciendo que la reproducción sea más sencilla con el tiempo”, explicó Sun.
No obstante, incluso entre los albatros, las separaciones no son inexistentes. Sun estimó que la tasa de divorcio en esta especie ronda el 10%, una cifra significativamente menor en comparación con otras aves como el pingüino rey, cuya tasa de separación alcanza el 80%.
Factores como la mortalidad, la proporción de sexos y las condiciones ambientales pueden influir en estas rupturas. Un estudio sobre los petreles de nieve en la Antártida, liderado por Sun, encontró que un aumento en los días de nieve durante la temporada de reproducción estaba relacionado con un incremento en las tasas de separación.
La acumulación de nieve en los nidos puede congelar los huevos, lo que lleva al fracaso en la incubación y, en algunos casos, a que las aves abandonen tanto el nido como a su pareja.
En las Islas Malvinas, los albatros de ceja negra también han mostrado tasas más altas de divorcio en años con temperaturas inusualmente cálidas en el agua. Según los investigadores, estas separaciones podrían ser una consecuencia no reconocida del cambio climático, que altera los ecosistemas y genera estrés en las especies.
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