
Chainsaw Man empezó a publicarse en diciembre de 2018 en la revista Weekly Shonen Jump. Su creador, Tatsuki Fujimoto, ya había llamado la atención con Fire Punch, pero fue esta nueva serie la que lo convirtió en uno de los nombres más reconocidos del manga contemporáneo. La primera parte, conocida como el arco de Seguridad Publica, se extendió hasta diciembre de 2020. Luego de un silencio de un año y medio, en julio de 2022 comenzaba la segunda parte, el arco escolar, y al mismo tiempo se anunciaba una adaptación animada a cargo del estudio MAPPA.
La historia arranca con Denji, un adolescente de 16 años que vive en la indigencia. Heredó la deuda de su padre con la yakuza y la paga cazando demonios, literalmente vendiendo partes de su cuerpo. Su único compañero es Pochita, un demonio de motosierra con forma de perro. Cuando la yakuza lo traiciona y lo deja despedazado en un contenedor de basura, Pochita hace un trato con él: se convierte en su corazón y le transmite sus poderes. Denji regresa del otro lado como el Hombre Motosierra, un híbrido humano-demonio capaz de generar motosierras en brazos y cabeza.
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En ese momento cruza camino con Makima, una agente gubernamental que dirige la División Especial 4 de Exterminio de Demonios de Seguridad Pública. El objetivo de esa división es cazar al Demonio Pistola, una entidad que 13 años atrás mato a 1,2 millones de personas en menos de cinco minutos.

Una premisa violenta con algo más adentro
La serie no esconde su violencia ni su crudeza. Fujimoto construyo un mundo donde cualquier personaje puede morir en cualquier momento, y eso incluye a los protagonistas. Pero Chainsaw Man no es una obra que use la brutalidad como un fin en sí mismo. Los demonios de la serie nacen del miedo: hay uno para cada concepto o cosa que los humanos teman. Un demonio de la caída, uno de la eternidad, uno de las serpientes. Cuanto más miedo inspira algo, más poderoso es el demonio correspondiente. Como explica un personaje, un demonio del café sería bastante débil.
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En esa lógica reside buena parte de la crítica social que late bajo la acción. La serie está ambientada en una versión alternativa de los años noventa, un detalle que no es casual. Ese periodo coincide con el estallido de la burbuja económica japonesa y el inicio de lo que se conoce como las Décadas Perdidas, un largo ciclo de estancamiento que remodelaría la sociedad de Japón. Esa ansiedad colectiva permea la historia de Denji, un personaje cuya visión del mundo está determinada por haber tenido tan poco que sus aspiraciones más grandes son comer bien y que alguien lo quiera.
El guionista de la adaptación animada, Hiroshi Seko, lo explicaba en una entrevista: lo que más le impactó al leer el manga por primera vez fue ver a un protagonista cuyo motor narrativo es una necesidad tan cruda y honesta. Denji quiere dinero para comer y para estar con mujeres. Seko señalaba que esa clase de impulso tan básico como fuerza central de un personaje es algo verdaderamente poco común en la ficción de acción.
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El precio de la comodidad
Lo que hace que Chainsaw Man sea difícil de olvidar es la forma en que examina el costo de las cosas más simples. Desde el comienzo, Denji entra en una relación de dependencia con Makima que reproduce exactamente la dinámica que tenía con la yakuza: una autoridad que lo utiliza como herramienta y que lo trata, literalmente, como a un perro. Denji lo sabe. Aun así, sigue adelante, en parte por su atracción hacia ella y en parte porque la alternativa es volver a no tener nada. La autoestima es un precio pequeño comparado con tener una cama y comida.
Esa misma tensión aparece en los personajes secundarios. Kobeni, una de sus compañeras de trabajo, permanece en un empleo que detesta porque necesita el dinero. Aki, otro cazador de demonios, funciona como contrapeso serio a los impulsos de Denji. Power, un demonio que habita el cuerpo de una joven, es incluso más impulsiva que el protagonista. La dinámica entre estos tres, y el resto del elenco, genera una trama de relaciones que va mucho más allá de la acción.
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El veterano Kishibe resume bien la lógica del mundo que Fujimoto construyó: los únicos cazadores que sobreviven son los que tienen algunos tornillos flojos. Lo que en realidad quiere decir es que sobrevivir en ese sistema requiere una moral distorsionada. Es una trampa: incluso si Denji llega a viejo, el precio es endurecer el corazón.

La adaptación animada de MAPPA
Cuando la primera temporada del anime llegó en 2022, quedó claro que MAPPA había tratado el proyecto como algo personal. La producción adapta aproximadamente los primeros cinco volúmenes del manga en 12 episodios. Cada episodio tiene una secuencia de créditos finales distinta, con estilos de animación y canciones completamente diferentes entre sí. Los créditos de apertura, por su parte, están llenos de referencias cinematográficas: Pulp Fiction, The Big Lebowski, Sin lugar para los débiles y Había una vez en Hollywood aparecen como guiños evidentes, coherentes con la influencia del cine en la obra de Fujimoto.
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Las peleas del anime tienen un aire cinematográfico que el manga ya anticipaba en sus páginas. Fujimoto es un cineasta de corazón, o al menos eso sugiere su forma de componer paneles: una coreografía de planos que fluye como una secuencia filmada. La adaptación de MAPPA incorporó planos de seguimiento, uso del CGI con criterio y un nivel de producción que se comparaba sin problema con series de acción consagradas como Demon Slayer o Attack on Titan.

Reze Arc: la película que profundiza la pregunta central
En noviembre de 2025 llegó a los cines Chainsaw Man - The Movie: Reze Arc, también con guion de Hiroshi Seko. La película retoma exactamente donde termino la primera temporada y enfrenta a Denji con una pregunta que la serie había dejado pendiente: ahora que tiene comida, techo y cama, ahí se le cumplieron los deseos, ¿todavía le falta algo?
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Reze, la chica que conoce en la calle y de quien se enamora, le señala con toda la naturalidad del mundo que lo que tiene es el mínimo indispensable para cualquier ser humano. La película explora esa disonancia: Denji siente algo diferente con Reze que con Makima, y esa diferencia lo obliga a confrontar lo que realmente quiere, no solo lo que aprendió a conformarse con desear.
El tono de Reze Arc es ligeramente distinto al de la serie. El estilo visual es más gráfico, y la segunda mitad escala hacia una intensidad sin respiro. Pero la pregunta de fondo es la misma que atraviesa toda la obra: ¿puede alguien que creció sin nada aprender a creer que merece algo más que lo básico? Esa tensión, entre la satisfacción resignada y el deseo de algo genuino, es lo que le da a Chainsaw Man su peso particular.
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