
Rachael Watts tenía solo siete años cuando, en 1990, sobrevivió a un ataque brutal que la vinculó de inmediato con uno de los casos de abuso y asesinato infantil más estremecedores de la historia reciente de Brighton.
Su testimonio y perseverancia fueron decisivos para que, tras décadas de errores judiciales y policiales, Russell Bishop fuera finalmente condenado por crímenes atroces que habían dejado una marca indeleble en la comunidad.
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El doble crimen que sacudió a Brighton
El 9 de octubre de 1986, Nicola Fellows y Karen Hadaway, ambas de nueve años, desaparecieron tras salir a jugar cerca de sus casas en el barrio de Moulsecoomb, Brighton. Las familias, alertadas por la ausencia, notificaron rápidamente a la policía local, tal como reconstruyó Crime and Investigation.
La noticia movilizó a cerca de 200 voluntarios, entre vecinos y agentes, que se sumaron a la búsqueda. Entre los presentes estaba Bishop, conocido en la zona y quien aseguraba contar con un perro rastreador, una actitud que, retrospectivamente, la policía consideró inusualmente proactiva.

La búsqueda terminó de la peor manera. Los cuerpos de las niñas aparecieron al día siguiente, ocultos en un refugio improvisado en Wild Park, a unos 800 metros de sus viviendas. Las autopsias revelaron que ambas habían sido víctimas de agresión sexual y estrangulamiento. El hallazgo sacudió a la sociedad británica y marcó el comienzo de una larga lucha por justicia para las familias Fellows y Hadaway.
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Sospechas, errores y la impunidad inicial
Russell Bishop se convirtió rápidamente en el principal sospechoso. Además de encabezar la búsqueda junto a los voluntarios, fue quien localizó los cuerpos y su coartada presentaba inconsistencias. Sin embargo, la investigación policial estuvo plagada de errores: la escena del crimen no fue debidamente preservada, las pruebas forenses se manipularon de forma deficiente y los testimonios clave, como el de la pareja de Bishop, variaron a lo largo del proceso, de acuerdo con Crime and Investigation.
Estos fallos resultaron determinantes. En 1987, Bishop fue llevado a juicio por el doble asesinato, pero las pruebas resultaron insuficientes para condenarlo y fue absuelto. La sensación de impunidad generó indignación y temor en el vecindario, mientras las familias de las víctimas continuaban exigiendo justicia y denunciando la falta de rigor en la investigación.
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El ataque a Rachael Watts: la sobreviviente que cambió la historia
El 4 de febrero de 1990, Rachael Watts, que se había mudado recientemente a un barrio cercano, patinaba en la calle cuando fue abordada por Bishop, quien reparaba un coche rojo.
Según relató la propia Watts, el agresor la levantó y la introdujo en el maletero del vehículo. “Todo fue muy rápido”, recordó, según Crime and Investigation. A pesar del temor, la niña reaccionó: se quitó los patines para poder correr si lograba escapar y perforó el maletero con la esperanza de que sus gritos fueran escuchados.
Bishop la condujo hasta Devil’s Dyke, en South Downs Way, una zona alejada de la ciudad. Allí, la agredió sexualmente y la estranguló, creyendo haberla asesinado. Sin embargo, Watts recuperó la conciencia unos 20 minutos después y, gravemente herida, logró pedir ayuda. Una pareja que pasaba por el lugar la encontró y alertó a la policía.
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El caso generó una inmediata repercusión mediática. Rachael fue sometida a diversos análisis. “Debió de ser horrible para mi madre. Ella estuvo conmigo en todas las entrevistas y exámenes”, rememoró la sobreviviente. Su testimonio resultó fundamental para identificar a Bishop en una rueda de reconocimiento y vincularlo directamente con el ataque.
La condena y la nueva investigación
Gracias al valor y la colaboración de Watts, Bishop fue detenido y, en diciembre de 1990, sentenciado por intento de asesinato, secuestro y abuso sexual, de acuerdo con Crime and Investigation. La prensa la bautizó como “la niña más valiente de Gran Bretaña”, mientras crecía la presión para reabrir el caso de Fellows y Hadaway, en el que Bishop había sido absuelto.
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La policía, bajo el escrutinio público y la insistencia de las familias de las víctimas, decidió en los años siguientes revisar las pruebas originales. Los avances en la ciencia forense, especialmente en el análisis de ADN, permitieron reexaminar restos biológicos que en los años ochenta no podían ser procesados con la misma precisión.

Justicia tardía y reparación para las familias
En 2018, más de tres décadas después del doble asesinato, nuevas pruebas de ADN incriminaron de manera concluyente a Russell Bishop en los crímenes de Nicola Fellows y Karen Hadaway. En diciembre de ese año, un tribunal lo declaró culpable y lo sentenció a cadena perpetua.
El fallo fue recibido con alivio y emoción por las familias, que finalmente vieron reconocida su lucha y perseverancia. “Se hizo justicia. Esperamos que ahora puedan descansar en paz”, señalaron los familiares al conocerse el veredicto.
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Bishop falleció en prisión poco después de la condena, cerrando un ciclo de horror e impunidad que había durado demasiado. Rachael Watts expresó que solo tras la muerte del agresor pudo relatar su experiencia con libertad y comenzar un proceso real de sanación, tras años de silencio y temor.
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