
Un murmullo recorría las calles de Londres en junio de 1663. Decenas de curiosos se agolpaban frente a la cárcel de Old Bailey, ansiosos por ver de cerca a la famosa Mary Carleton, bautizada por todos como la “Princesa Alemana”. En el centro de la escena, Mary enfrentaba un juicio por bigamia. El caso, cargado de intriga y escándalo, capturó la atención de miles y convirtió a esta mujer en el personaje más comentado de la ciudad.
Carleton estaba acusada de haberse casado con John Carleton mientras todavía tenía un vínculo legal con John Steadman en Canterbury. Su historia se destacó no solo por los cargos judiciales, sino por el debate social que generó.
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Si bien su acusación formal era la bigamia, ganó notoriedad por el supuesto engaño de hacerse pasar por extranjera acomodada y así concretar un matrimonio lucrativo con John Carleton, un joven aprendiz de abogado de dieciocho años.
Aunque Mary afirmó descender solo de nobleza, la sociedad británica la denominó “Princesa Alemana”, reforzando la leyenda alrededor de su verdadero origen.

La reconstrucción de la vida de Mary Carleton presenta numerosos vacíos y contradicciones. Según datos recogidos por la Universidad de Michigan, nació como Mary Moders en Canterbury en 1642, hija de un músico. Contrajo matrimonio primero con Steadman, un zapatero, y luego posiblemente con un cirujano de Dover.
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De acuerdo con The Public Domain Review, en 1663, tras casarse con John Carleton, fue absuelta del cargo de bigamia. El tribunal no logró pruebas sólidas para condenarla, ya que solo se presentó un testigo, y el testimonio de Steadman no fue posible por motivos económicos.
Años después, enviaron a Carleton a Jamaica acusada de robo; regresó a Inglaterra de forma clandestina y su vida terminó en la horca en 1673 tras una condena por hurto.

El auge literario y la leyenda de la “Princesa Alemana”
El caso de Mary Carleton desató una fiebre editorial sin precedentes. Solo en 1663 aparecieron más de doce panfletos y folletos dedicados a su historia, entre ellos varias defensas escritas por la propia Mary y dos respuestas de John Carleton.
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Según las publicaciones de la época, Mary llegó por la mañana al Exchange Tavern de Londres acompañada de un párroco. Al pedir refugio contra los avances del religioso, el dueño del local le ofreció alojamiento y pronto la presentó a John Carleton, quien la cortejó y desposó rápidamente.
Los relatos sobre este encuentro son dispares. Las propias publicaciones de Mary, como A Vindication of a Distressed Lady y An Historical Narrative of the German Princess, insisten en su origen alemán, utilizando como prueba su dominio de varios idiomas y habilidades artísticas.

Atribuyó los cargos de robo a calumnias previas y negó toda vinculación con otros delitos de los que se la acusó. En los textos, describió su matrimonio con Carleton como precipitado, sujetado por la presión de la familia de su esposo, que pretendía asegurarse su supuesta fortuna antes de que un tercero interfiriera.
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Por su parte, John Carleton presentó una versión completamente opuesta, considerándose víctima de un ardid bien planeado. Explicó en The Replication y The Ultimum Vale of John Carleton que cayó engañado por la astucia teatral de Mary, quien no mostraba fisuras en su papel nobiliario ni generaba sospechas en su entorno.
La figura de la “Princesa Alemana” trascendió los tribunales y alcanzó dimensión literaria. De acuerdo con reconstrucciones modernas mencionadas por The Public Domain Review, se la considera precursora tanto de la novela inglesa como de la fascinación actual por las estafadoras y suplantadoras de identidad, incluyendo figuras recientes como Anna Delvey.
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La prensa y la literatura del siglo XVII tejieron una imagen ambigua: para algunos, fue una criminal ingeniosa; para otros, un personaje casi novelesco, símbolo del ingenio femenino en una sociedad limitada por leyes como la de la cohabitación que otorgaba a los maridos la totalidad de los bienes.
Según estudios de la época, la historia de Mary Carleton penetró en la cultura popular y cuestionó la percepción del rol femenino, la manipulación de la identidad y la naturaleza del engaño. Francis Kirkman, contemporáneo suyo, la describió como una mujer cuya falsedad resultaba casi imposible de delimitar. Su historia circuló por decenas de textos que mezclaron realidad y ficción sin establecer frontera clara.
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De acuerdo con especialistas literarios, la vida y los escritos de Carleton anticiparon el surgimiento del concepto moderno de la impostora y la exploración del individuo como constructor de su propia identidad. Los relatos que produjo sobre sí misma presentaron una dualidad: inocente y astuta, víctima y manipuladora.
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