
Alexander Grothendieck fue un matemático singular que revolucionó la ciencia, desafió las convenciones de su época y optó por una vida de absoluto aislamiento cuando estaba en la cima de su carrera.
Pese a que su nombre no es tan conocido por el común de la población mundial, su obra cambió la manera de entender la matemática moderna. En tanto, su historia personal ilustra una radical coherencia ética y una decisión firme de vivir alejado del reconocimiento, tal como detalla New Scientist.
De una infancia de exilio a la cima de la ciencia
Nacido en Berlín en 1928, Grothendieck fue hijo de un anarquista judío ruso y una escritora alemana, ambos perseguidos políticos. Su infancia estuvo marcada por la guerra y el exilio: tras la llegada de los nazis al poder, sus padres participaron en la Guerra Civil Española y luego se refugió junto a su madre en Francia. Mientras tanto, su padre fue arrestado en París y deportado a Auschwitz, donde murió en 1942, según detalló The New York Times.

Grothendieck completó la secundaria en Le Chambon-sur-Lignon, un pueblo que protegía a niños judíos. Terminada la guerra, estudió matemáticas de manera casi autodidacta en Montpellier y luego se incorporó en Nancy al corazón de la renovación matemática francesa. Allí fue alumno de Jean Dieudonné y Laurent Schwartz, que identificaron en él una intuición inusual y lo sumaron al influyente grupo Bourbaki.
Durante los años cincuenta, Grothendieck enseñó en la Universidad de São Paulo y después viajó a Estados Unidos, impartiendo conferencias en Harvard y Kansas. De regreso en Francia, fue invitado a unirse al Institut des Hautes Études Scientifiques (IHES), donde poco después lideró un equipo de jóvenes talentos y consolidó su posición como figura central de la matemática contemporánea, según documentó The New York Times.
Revolución conceptual: la mirada de Grothendieck
Lo que distinguió a Grothendieck no fue solo la solución de problemas matemáticos, sino la invención de nuevas formas de pensar y comunicar la matemática.

En la década de 1960, introdujo el revolucionario concepto de “esquema”, una estructura que permitió unir distintos campos bajo reglas abstractas y generales. Esta aproximación cambió la manera de abordar problemas clásicos y generó un lenguaje común entre especialistas de diversas áreas, destacó New Scientist.
La introducción de los “esquemas” hizo posible avanzar en la resolución de problemas históricos. Junto a su equipo, Grothendieck logró demostrar tres de las cuatro conjeturas de Weil en 1965, un logro que su discípulo Pierre Deligne completó en 1974 con las herramientas conceptuales que le brindó su maestro, informó The New York Times. Además, sus ideas facilitaron después la demostración del último teorema de Fermat y abrieron nuevas conexiones entre la matemática pura y la física teórica.
Grothendieck también desarrolló el concepto de “topos”, un marco aún más general que expandió las fronteras de la geometría y continúa siendo fundamental en la investigación actual. Sus tratados y seminarios, escritos en colaboración, se convirtieron en referencias ineludibles para generaciones de especialistas, como relató The New York Times.

Su capacidad para abstraer principios y construir teorías generales llevó a que medios como Le Monde y The New York Times lo describieran como “el mayor matemático del siglo XX”, y a que su influencia fuera equiparada a la de Albert Einstein, aunque su trabajo rara vez resultó accesible fuera de entornos académicos. A diferencia de Einstein, Grothendieck nunca buscó ni aceptó el papel de figura pública.
Independencia, ética y ruptura
La vida de Grothendieck estuvo marcada por una profunda independencia intelectual y un compromiso ético inflexible. Rechazó la fama y los reconocimientos: en 1966, cuando le otorgaron la Fields Medal, rechazó asistir a la ceremonia en Moscú en señal de protesta contra las políticas represivas de la Unión Soviética, tal como subrayó New Scientist. Más tarde, abandonó el IHES apenas supo que recibía financiamiento militar, priorizando siempre la coherencia de sus principios por encima de cualquier éxito profesional.
Grothendieck fue una figura de una honestidad radical. Fundó la organización Survivre, dedicada a alertar sobre los riesgos nucleares y el deterioro del planeta, y dedicó tiempo a escribir textos filosóficos y científicos en los que criticó la competitividad y la ambición desmedida dentro del ámbito académico.

En lo personal, Grothendieck fue reservado y hermético. Aunque se casó una vez, tuvo varios hijos de distintas relaciones, pero evitó siempre exponer detalles íntimos, como indicó The New York Times.
El retiro absoluto y los años finales
En la década de 1990, Grothendieck tomó una decisión extraordinaria: rompió todo vínculo con la comunidad matemática y desapareció del escenario público, instalándose en un pequeño pueblo del sur de Francia.
Levantó un muro de silencio, no respondía a cartas ni llamadas y vivió de manera austera, llegando incluso a subsistir únicamente a base de sopa de diente de león, hasta que algunos vecinos lo ayudaron, relató New Scientist.
Aunque continuó escribiendo, en 2010 solicitó de forma explícita que no se publicaran sus manuscritos inéditos. Su muerte, el 13 de noviembre de 2014 en Ariège, fue noticia en toda Francia y motivó un tributo del presidente François Hollande, quien lo describió como “uno de nuestros más grandes matemáticos y una personalidad fuera de lo común en su filosofía de vida”, según reportó The New York Times.
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