Mordía a sus víctimas hasta matarlos y vendía la carne humana en el mercado negro: el caso de Fritz Haarmann, el carnicero de Hannover

Entre 1918 y 1924, este policía alemán asesinó al menos a 24 jóvenes en una ciudad marcada por la pobreza y el caos de posguerra. Utilizaba su autoridad para captar víctimas vulnerables, las mataba y luego desmembraba los cuerpos

Fritz Haarmann nació el 25 de octubre de 1879 en Hannover, hijo menor de seis hermanos en una familia marcada por la violencia.
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Friedel Rohte no sabía que aquel café sería el último. Tampoco pensó que lo tomaría con su asesino. Tenía apenas 17 años y un mundo de posibilidades por delante cuando desapareció en Hannover, Alemania, en septiembre de 1918. La última vez que lo vieron fue junto a Fritz Haarmann, un reconocido policía del lugar quien, tiempo después, confesaría 26 asesinatos. Entre ellos, el de Friedel.

Fritz Haarmann
Fritz Haarmann, el 'Carnicero de Hannover', asesinó al menos a 24 jóvenes entre 1918 y 1924 (Wikipedia)

Según reseñó DW, cuando fueron a interrogarlo para saber acerca de la última vez que vio a Friedel Rohte, encontraron a Fritz Haarmann junto a un niño de 13 años en la cama. No había rastro del joven que buscaban. “Deberían haber mirado bien, porque probablemente el cráneo de Friedel Rohte estaba en la pared, escondido bajo revistas y libros”, dijo el detective jubilado Jürgen Veith, quien se refirió a Haarmann como el “Jack el Destripador alemán”.

Fritz Haarmann nació el 25 de octubre de 1879 en Hannover, hijo menor de seis hermanos en una familia marcada por la violencia. Creció bajo la sombra constante del abuso: la mano dura y la botella de su padre, y, según sostiene la psicóloga criminalista Lydia Benecke, la amenaza solapada del abuso sexual. “Tuvo una infancia muy mala. Su padre era un alcohólico y le pegaba. Debió sufrir abusos sexuales a manos de un hermano mayor”, explicó a DW la profesional.

Fritz Haarmann
Haarmann mataba a sus víctimas con mordidas en la garganta y desmembraba los cuerpos (dpa/picture alliance)

En la década de 1920, Hannover era un sitio sin certezas. El desempleo y la escasez minaban la esperanza de las calles y fomentaban el mercado negro y el tráfico ilegal de múltiples cosas, entre ellas, personas. Haarmann era uno más de la población. El entonces policía aprovechaba su tiempo libre para vender ropa robada en la estación central de la ciudad. Allí elegía a sus víctimas: jóvenes a quienes llamaba “Mis marionetas”. Muchos de ellos invisibles en la ciudad.

Pero para Haarmann, no pasaban inadvertidos. Él los notaba, los veía y los atraía. Jóvenes de entre 10 y 22 años se dirigían sin dudar hasta el piso del policía, cautivados por aquella figura que les sacaba de la invisibilidad por un momento. Allí, bajo el silencio de la noche les arrancaba la garganta a mordiscos. Tiempo después admitió que esto lo excitaba. Descuartizaba los cuerpos en la penumbra y ocultaba los restos donde podía.

“El comercio ilegal de carne era algo cotidiano, por lo que vender carne de sus víctimas en el floreciente mercado negro podría haber sido un método muy pragmático tanto para eliminar partes de cadáveres como para enriquecerse con ellas”, señaló Benecke. Y agregó: “Se desconoce si alguna vez consumió parte de la carne”, pero lo que sí es seguro es que se deshizo de muchos de los huesos de sus víctimas en el río Leine.

Fritz Haarmann
Parte de la carne humana era vendida en el mercado negro, según testimonios de la época (dpa/picture alliance)

Según precisó ABC, las autoridades identificaban en sus archivos a Haarmann como un “enfermo mental peligroso”, antecedente que se reflejaba en repetidas detenciones por delitos como “corrupción de menores” y “tocamientos obscenos” a menores de edad. Mientras tanto, sus vecinos acumulaban quejas por ruidos sospechosos a altas horas, fiestas interminables y la presencia de jóvenes que ingresaban a la vivienda y jamás salían. Pese a todas estas advertencias, la reacción policial permanecía sorprendentemente limitada.

Pero su modus operandi tendría fin una tarde en la que unos niños jugaban en la orilla del río y descubrieron varias calaveras. Al principio creyeron que eran huesos de ahogados. Pronto, la policía reuniría cerca de 500 fragmentos humanos. Los titulares de los diarios hicieron eco la noticia. Con el nombre del “Carnicero”, “Hombre lobo” y “Vampiro de Hannover”, el mundo hablaba del caso.

Tras perseguir pistas, los investigadores llegaron a Fritz Haarmann. Su detención ocurrió en junio de 1924. Dentro de su vivienda, los policías encontraron restos y ropas manchadas de sangre, pruebas contundentes contra el “Carnicero de Hannover”.

El juicio fue un teatro desbordante. Los periodistas viajaron desde todas partes para cubrir la caída del asesino. “Casi nunca un juicio importante se llevó a cabo de forma tan incompetente, mezquina e insensata”, expresó Theodor Lessing, periodista contemporáneo al caso. Según detalló a DW, no se examinó debidamente la cordura de Haarmann.

Haarmann reconoció 26 asesinatos —jóvenes entre 10 y 22 años—. Otras fuentes sitúan la cifra en 24, pero Jürgen Veith, detective jubilado que revisó el caso décadas después, cree que la cuenta real supera los cincuenta: “Esos son solo los que recordaba”, afirmó.

Fritz Haarmann
Tumba de Fritz Haarmann (Wikipedia)

Pese a todo, el 15 de abril de 1925, Haarmann entregó el cuello al filo de la guillotina. La huella que dejó en el imaginario alemán es visible no solo en el miedo, sino en la cultura, donde su historia alimentó el teatro y el cine.

Incluso, en España, se publicó un cómic titulado: “Haarmann. El carnicero de Hannover, un asesino en serie”. La obra fue firmada por la dibujante Isabel Kreitz y el guionista Peer Meter. Según detalló ABC, en 2011, la historieta recibió el premio Sondermann en la Feria del Libro de Frankfurt.

Décadas después, el caso permanece vivo. Ya sea a través de un cómic, una obra de teatro o una nota periodística, Fritz Haarmann pasó a la historia como ‘El Carnicero de Hannover’.

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