
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprovechará el discurso sobre el Estado de la Unión del martes para defender sus medidas estrictas en materia de inmigración, los recortes al gobierno federal, su impulso por mantener los aranceles generalizados que la Corte Suprema acaba de derogar y su capacidad para ordenar acciones militares rápidas en todo el mundo, incluidos Irán y Venezuela.
El mandatario republicano espera persuadir a los estadounidenses, cada vez más escépticos, de que sus políticas han mejorado sus vidas, que la economía estadounidense es más sólida de lo que muchos perciben y que deben votar por la continuidad en noviembre.
El equilibrio entre celebrar su agitado primer año de regreso en la Casa Blanca y defender de manera convincente a su partido en las elecciones de mitad de mandato, en las que él no será candidato, representa un desafío para cualquier presidente. Para Trump, esto resulta especialmente delicado, dada su inclinación a alejarse del guion y omitir los mensajes cuidadosamente preparados.
Uno de los ejes principales será que el país atraviesa un periodo de auge, con incremento en la producción nacional y la creación de nuevos empleos, pese a que muchos estadounidenses no lo advierten. “Va a ser un discurso largo porque tenemos mucho de qué hablar”, anticipó Trump, quien prometió centrarse en la economía.

También se prevé que el presidente condene la sentencia de la Corte Suprema contra sus políticas arancelarias emblemáticas y exponga sus intentos de sortear esa decisión sin depender del Congreso ni inquietar a los mercados financieros. Es probable que inste a los legisladores a aumentar el presupuesto militar y a endurecer los requisitos de identificación de votantes, mientras defiende operativos migratorios que han suscitado críticas bipartidistas tras la muerte a tiros de dos ciudadanos estadounidenses.
Jeff Shesol, ex redactor de discursos del presidente demócrata Bill Clinton, explicó que Trump suele adoptar un tono más convencional en los discursos sobre el Estado de la Unión que en sus intervenciones habituales, pero tiende a exagerar reiteradamente. “Su trabajo, por el bien de su partido, es mostrar el lado positivo”, afirmó Shesol. “Pero si insiste en que el lado positivo es oro, nadie se lo va a creer. Y será una posición muy difícil de defender para los republicanos en la campaña electoral”.
Michael Waldman, ex redactor jefe de discursos de Clinton, sostuvo que los presidentes en su segundo mandato “tienen un trabajo difícil porque lo que todos quieren decir es: ‘Oigan, miren el gran trabajo que he estado haciendo, ¿por qué no me quieren?’”.
Las cuestiones relacionadas con la accesibilidad económica cobran gran importancia
A pesar de los comentarios preparados, Trump suele desviarse hacia quejas personales, por lo que el martes probablemente abordará temas como negar que perdió las elecciones presidenciales de 2020. Su falta de disciplina en los mensajes quedó expuesta luego de que la preocupación por el alto costo de la vida impulsara victorias demócratas en todo el país en las elecciones del pasado noviembre. Posteriormente, la Casa Blanca prometió que el presidente recorrería el país casi todas las semanas para asegurar a los estadounidenses que tomaba en serio la asequibilidad, aunque Trump ha preferido culpar a los demócratas y ridiculizar la idea de que los problemas cotidianos requieran atención presidencial.
Trump se jacta de haber controlado la inflación y sostiene que la economía avanza con solidez, destacando que el índice Dow Jones Industrial Average superó recientemente los 50.000 puntos por primera vez. Sin embargo, estos beneficios no resultan tangibles para quienes no poseen inversiones bursátiles y persisten temores de que los aranceles generen aumentos de precios que, a largo plazo, perjudiquen la economía y la creación de empleo. El crecimiento económico se desaceleró en el último trimestre del año pasado.
Waldman, actualmente presidente del Brennan Center for Justice, organización dedicada a la defensa de la democracia y las libertades civiles, señaló que mandatarios anteriores enfrentaron situaciones similares de “inquietud económica”. Esto plantea la pregunta de “cuánto se puede vender frente al dolor del electorado”, según Waldman.
Shesol añadió que Trump “siempre ha creído, desde sus días en el sector inmobiliario, que puede venderle cualquier cosa a cualquiera. Sigue haciéndolo. Pero el problema es que no se le puede decir a alguien que ha perdido su trabajo y no puede conseguir uno nuevo que las cosas van muy bien. No puede vender a la gente una realidad que, para ellos y, francamente, para la mayoría de los estadounidenses, no existe”.
Este escenario podría resultar políticamente riesgoso de cara a las elecciones de noviembre, que podrían devolver el control del Congreso a los demócratas, al igual que la “ola azul” de 2018 limitó la agenda de la administración Trump durante su primer mandato. Mientras tanto, varios demócratas del Congreso anticiparon que no asistirán al discurso y participarán en una concentración alternativa denominada El estado de la Unión del pueblo en el National Mall de Washington.
La política exterior en el centro de atención

El discurso de Trump se produce en un contexto internacional tenso, con dos portaaviones estadounidenses desplegados en Oriente Medio ante el aumento de las tensiones con Irán. El presidente relatará cómo los ataques aéreos estadounidenses del verano pasado destruyeron las capacidades nucleares de Teherán y elogiará la incursión que derrocó al dictador venezolano Nicolás Maduro, así como la mediación de su administración para lograr un alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamas en Gaza.
No obstante, Trump ha tensado las alianzas militares de Estados Unidos con la OTAN, tanto por su intento de adquirir Groenlandia a Dinamarca como por su falta de firmeza ante el presidente ruso Vladimir Putin para buscar el fin de la guerra en Ucrania.
Lograr que la política exterior resulte relevante para los estadounidenses nunca es sencillo. Jennifer Anju Grossman, ex redactora de discursos del presidente republicano George H. W. Bush y actual directora ejecutiva de la Atlas Society, organización que promueve las ideas de la autora y filósofa Ayn Rand, explicó que Trump podría subrayar que las políticas socialistas de Maduro llevaron a la economía venezolana, una de las mayores productoras de petróleo del mundo, a un punto en el que no podía cubrir sus propias necesidades energéticas. Ahora, el petróleo venezolano contribuirá a reducir los precios de la gasolina en Estados Unidos.
A pesar de ello, Grossman consideró: “Creo que va a ser un poco difícil dejar claro por qué esto es relevante para la situación interna”.
(Con información de AP)
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