
Los restos de una niña llamada Natalie García, rebautizada por sus padres adoptivos como Kennedy Schroer, fueron encontrados enterrados en el patio trasero de la vivienda familiar en Kansas, Estados Unidos, tras cuatro años de permanecer desaparecida.
La investigación determinó que Joseph Schroer y Crystina Schroer, quienes adoptaron a la menor en 2019, sabían dónde estaba el cuerpo y continuaron viviendo en esa casa sin notificar a las autoridades.
Según People, la desaparición sucedió en 2020, pero recién en 2024 se emitieron los primeros reportes oficiales, originados por una alerta relacionada con la salud mental de Crystina Schroer.

Ese mismo año, en septiembre, la policía halló los restos de la niña en avanzado estado de descomposición, envueltos en una bolsa de basura y enterrados a unos 60 centímetros de profundidad junto al dormitorio principal familiar. La autopsia concluyó que la causa de muerte fue homicidio con probabilidad de asfixia. La fiscalía estableció que el crimen y el lugar del enterramiento se mantuvieron en secreto hasta el hallazgo.
El proceso judicial finalizó con la condena de Joseph Schroer a 60 días en una cárcel local más cuatro años en libertad condicional, bajo advertencia de una pena inmediata de 14 meses de prisión por violación de condiciones.
El relato sobre los años previos al hallazgo se reconstruyó a partir de los testimonios de los niños del hogar, biológicos, adoptivos y de acogida, quienes describieron una rutina de abusos y privaciones por parte de Crystina Schroer.
People informó que la madre adoptiva mantenía un control extremo sobre los menores, usaba cámaras para vigilancia, imponía castigos físicos y psicológicos y, en el caso de Kennedy, la forzaba a permanecer quieta de noche bajo amenaza de meterla en una pequeña caja si se movía. Según el testimonio de la hermana de la víctima, al finalmente abrir la caja, el cuerpo de la niña cayó sin vida, con una coloración azul.
La falta de alertas por parte de servicios sociales y la escuela propició que nadie advirtiera la ausencia de la menor en los cuatro años siguientes al crimen. El caso evidenció graves deficiencias en los controles de bienestar infantil en Kansas, ya que la intervención ocurrió únicamente a raíz de un episodio de crisis en la madre adoptiva.

Por su parte, Crystina Schroer fue sentenciada a 215 meses de prisión (17 años y 11 meses) por cargos de asesinato en segundo grado, abuso infantil, falsedad documental y robo, según los registros del Tribunal de Distrito del Condado de Butler. Aunque se declaró inocente en agosto, la acumulación de testimonios y pruebas forenses acreditó su autoría en la muerte de la niña y su papel en los abusos.
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