
En el noreste de Cataluña, Girona se alza como una ciudad cargada de historia, belleza y rincones inesperados. Sus murallas medievales, los icónicos puentes sobre el río Onyar y el trazado laberíntico del Barri Vell convierten a la ciudad en un destino imprescindible para los amantes del patrimonio y la arquitectura. Pasear por Girona significa recorrer siglos de convivencia cultural, entre monumentos como la imponente catedral, el Call Jueu —uno de los barrios judíos medievales mejor conservados de Europa— y una sucesión de plazas y callejuelas que invitan a perderse sin rumbo.
Pero entre fachadas coloridas y calles adoquinadas, la ciudad esconde una joya singular que desafía las expectativas de cualquier visitante: la plaza dels Raïms, considerada la más pequeña de España y una de las más diminutas del continente.
Un rincón diminuto en el corazón del Barri Vell
Sorprende pensar que en una ciudad con más de 100.000 habitantes pueda encontrarse un espacio tan reducido, pero la plaza dels Raïms —apenas 24 metros cuadrados— es una realidad tangible en pleno centro histórico. Situada a escasos metros de la concurrida rambla, esta pequeña plaza se integra en la vida cotidiana de Girona como un enclave pintoresco que despierta la curiosidad de vecinos y turistas.
El nombre de la plaza tiene su origen en la función que desempeñó en el pasado: aquí se instalaba un mercado de uvas, producto que dio identidad a este rincón y que aún se recuerda en su denominación. Antes de llamarse dels Raïms, el lugar era conocido como plaza de la Palla, reflejando una etapa anterior en la que la paja era la mercancía protagonista. Este cambio de nombre no solo ilustra la evolución comercial de la ciudad, sino también la capacidad de Girona para conservar las huellas de su historia en la toponimia urbana.

El acceso a la plaza dels Raïms es casi tan singular como su tamaño. Para llegar, hay que adentrarse en el entramado de callejuelas del Barri Vell: desde la céntrica plaza de Catalunya, se recorre la Rambla de la Llibertat y se cruza toda la calle de l’Argenteria. Al final, un giro a la derecha por la calle de la Cort Reial conduce hacia la plaza de les Voltes d’en Rosés. Allí, en una de las esquinas, una bóveda estrecha da paso a un callejón de apenas un metro de ancho. Solo unos pasos más y el visitante desemboca en el que podría ser el espacio público más reducido de toda Europa.
La plaza, de forma irregular y no más de 5 o 6 metros de ancho, se encuentra completamente rodeada por edificios altos. Esta peculiar disposición arquitectónica provoca una notable escasez de luz solar, generando una atmósfera íntima y misteriosa. Una de las postales más buscadas de Girona es, precisamente, la del cielo visto desde el centro de la plaza, enmarcado por las fachadas que la rodean.
Un escenario de tradiciones y curiosidades
A pesar de su tamaño mínimo, la plaza dels Raïms ha sido testigo de eventos que han quedado grabados en la memoria colectiva de la ciudad. En 2017, los Marrecs de Salt, una reconocida colla castellera, eligieron este espacio para levantar un impresionante castell humano, desafiando las limitaciones físicas del lugar con una muestra de destreza y tradición catalana. Ese mismo año, la plaza fue protagonista durante el Temps de Flors, cuando los balcones y fachadas de los edificios que la rodean se transformaron con coloridas decoraciones florales, sumando así un atractivo visual que multiplica el encanto de este rincón.
Más allá de los eventos puntuales, la plaza dels Raïms se ha consolidado como uno de los puntos de interés más curiosos de Girona. Numerosos visitantes acuden cada año para comprobar por sí mismos la existencia de este espacio mínimo y fotografiar uno de los lugares más singulares de España.
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