
En el corazón del Valle del Corneja, entre las sierras de Villanueva y El Mirón por el norte y Villafranca y Santiago por el sur, se ubica uno de los rincones más especiales de Ávila. Se trata de un pueblo en el que cada paso es un viaje a la Edad Media, pues en sus calles todavía se respira el esplendor de esta época. Sus casas de piedra, su impresionante castillo y su dilatada historia convierten a esta villa en un destino ideal para una escapada de fin de semana.
Estamos hablando de Bonilla de la Sierra, una localidad situada a más de 1.000 metros de altitud que es de las más bonitas de España. De hecho, forma parte de la prestigiosa lista de Los Pueblos más Bonitos de España y fue el primero de Ávila en conseguirlo. Pero no solo eso, pues gracias a su rico patrimonio histórico y cultural, y a su arquitectura única, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1983.
La capital episcopal de Ávila

El origen de Bonilla de la Sierra se remonta a la época romana, cuando las rutas ganaderas como la “calzadilla” desde el puerto de Villatoro favorecieron los primeros asentamientos humanos. Ya en el siglo X, Fernan González, conde castellano, tomó la localidad, y un siglo después, la expansión de Ávila como frontera castellano-árabe propició la repoblación y la entrega de tierras por parte de la Corona. Fue entonces cuando el obispo Domingo Blasco recibió Bonilla, convirtiéndose esta en eje del patrimonio episcopal.
Desde el siglo XIII, Bonilla fue villa de jurisdicción episcopal y centro administrativo, con la secretaría del obispado instalada en la calle del Mirón. En 1307, integraba numerosas aldeas dentro de una comunidad de villa y tierra, basada en una economía agrícola-ganadera con cultivos de cereal y ganadería ovina, vacuna y porcina. La trashumancia y la artesanía crecieron con fuerza, junto con industrias molineras y textiles en torno al río Corneja.
A pesar de las crisis del siglo XIV, Bonilla resistió mejor que otras localidades. Fue sede de sínodos y de las Cortes castellanas, y residencia de figuras como Alonso de Madrigal “El Tostado” o el cardenal Juan de Carvajal. La presencia judía fue relevante hasta su expulsión en 1492. No obstante, la villa perdió su dependencia episcopal en el siglo XIX con la Desamortización de Mendizábal, pero a día de hoy la villa conserva todo su esplendor medieval con monumentos tan impresionantes como los restos del castillo y su iglesia fortificada.
El castillo y su imponente colegiata

Un paseo por Bonilla de la Sierra descubre uno de los conjuntos monumentales más impresionantes de Castilla y León. Sus calles empedradas descubren una arquitectura medieval que hace viajar en el tiempo y su historia está latente en cada rincón. Así, todo su casco histórico está rodeado en parte por restos de una antigua muralla y aún se conservan varias puertas de acceso al recinto, como el Arco de la Villa. A su vez, los restos del castillo es uno de sus principales atractivos. La fortaleza primitiva data del siglo XIV y cuenta con un patio central desde donde se distribuyen las estancias, hasta en tres alturas, construidas la mayoría a raíz de la reforma efectuada en el siglo XVI.
La parte más llamativa del castillo es su torre del homenaje, que, aunque tiene unas modestas dimensiones, es su parte mejor conservada. Por su parte, el otro gran monumento que atesora Bonilla de la Sierra es su impresionante colegiata de San Martín, un templo que data del siglo XV y que es el emblema de la localidad. Su imponente arquitectura gótica sorprende al viajero gracias a su fachada y su torre cuadrada. Su única nave cuenta con una excelente distribución donde destacan el coro, las capillas de los Chaves y Álvarez de Guzmán y los retablos.
Pero Bonilla de la Sierra no se limita a estos rincones, sino que un paseo por su casco histórico revela casas solariegas con escudos heráldicos, ventanas góticas y balcones de madera que remiten a una época de esplendor medieval. La plaza Mayor, empedrada y sin apenas intervenciones modernas, es el núcleo social del pueblo. A ella se asoman edificios que combinan elementos populares con reminiscencias nobles. Igualmente, el Pozo de Santa Bárbara es otro de sus atractivos. Este fue construido entre los siglos XII y XIII con el fin de abastecer a la población de agua y cuenta con dos aberturas, la más original, en un lateral, con escaleras cubiertas por ocho bovedillas adoveladas de medio punto. Por las escaleras, de las que se dice que hay tantas como frases tiene el credo, se puede llegar hasta el agua.
Rutas de senderismo
Bonilla de la Sierra ofrece una experiencia en la que la historia y el entorno natural conviven en equilibrio. Su localización en pleno Valle del Corneja, a más de 1.100 metros de altitud, la sitúa en un entorno montañoso dominado por robledales, encinares y praderas que cambian de color con cada estación. Estos paisajes son ideales para el senderismo, la observación de aves y el descanso, especialmente en otoño, cuando los bosques se tiñen de ocres, o en invierno, cuando la nieve cubre tejados y caminos.
La tradición ganadera, arraigada desde la Edad Media, sigue presente en la vida local, vinculada a la trashumancia y a la red de cañadas que atraviesan el término municipal. Aún se conservan rutas históricas utilizadas por los pastores y referencias en documentos como los libros de Fábrica de Bonilla. Este legado ha dado forma a una economía rural que, aunque reducida, continúa viva a través de pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas.
Además, las festividades religiosas y populares, como las dedicadas a San Martín de Tours, mantienen viva la identidad cultural del pueblo. Los actos litúrgicos, procesiones y celebraciones comunitarias refuerzan el vínculo entre los vecinos y su paisaje, proyectando una forma de vida tranquila, íntimamente ligada al territorio.
Cómo llegar
Desde Ávila, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la carretera Soria - Plasencia y la N-110. Por su parte, desde Salamanca el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 5 minutos por la carretera CL-510.
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