
Las colinas de Val d’Orcia son bien conocidas por pertenecer a una de las comarcas más bellas de la Toscana, donde se albergan perlas paisajísticas conocidas en todo el mundo. La naturaleza particular de Orcia tiene una herencia de siglos de historia geológica que se mezcla a la perfección con la humanización, para convertirse en un paisaje único.
La imagen idealizada de la Toscana se encuentra entre colinas y montes al sur de Siena, donde se sitúan pueblos abalconados sobre cornisas rocosas adornadas por diversas hileras de cipreses y campos de cultivo que cambian de color en cada estación del año. Este fenómeno, que resulta un placer para todos los sentidos, hace que sea difícil de resistirse visitar sus pueblos impolutos.
Entre los campos de Montalcino y Montepulciano, los municipios que flanquean a Val d’Orcia, se encuentra una de las joyas italianas, considerada como “la ciudad ideal del Renacimiento”: Pienza. Esta maravilla, colocada en lo alto de una colina, se encuentra entre las Crete Senesi y al sur hacia el Amiata y es obra de Eneas Silvio Piccolomini, más conocido como el Papa Pío II. Además, debido a su gran valor universal y su ejemplo de urbanismo humanista, el pueblo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996 y premiado con una Bandera Naranja por el Touring Club.
Una maravilla de postal en medio de impresionantes vistas y colinas
La organización racional, con perspectivas inigualables, de sus plazas y palacios pertenecientes al siglo XVI cautivan a todos los visitantes que pasean por la postal italiana. El origen de la ciudad fue resultado de un sueño de belleza del Papa Pío II en 1459. Al parecer, nació en Pienza dentro de una familia noble sienesa y su objetivo fue reconvertir el núcleo medieval en un ejemplo arquitectónico renacentista. Así, su primer paso fue cambiar su anticuado nombre, Corsignano, a Pienza.
Para convertir a su ciudad natal en un ejemplo para Italia y los países extranjeros, contó con la ayuda de diversos profesionales que transformaron y rediseñaron la ciudad en apenas cuatro años, según Visit Tuscany. De esta manera, confió en las teorías del humanista Leon Battista Alberti que fueron llevadas a cabo por el arquitecto Bernardo Rossellino. Así, entre 1459 al 1462, nació la ciudad que el poeta Giovanni Pascoli describió como “nacida de un pensamiento de amor y un sueño de belleza”.
Los cuatro lugares imprescindibles de Pienza

El centro histórico de Pienza es un lugar cuidado al detalle que, enmarcado dentro del espléndido paisaje de Val d’Orcia, llena de magia e impresiona a cada visitante. Los edificios, las vistas y el ambiente desprenden una belleza con el que todo turista se acaba enamorando. Por eso, numerosos pintores, artistas, fotógrafos y directores de cine, como Franco Zeffirelli, han encontrado la inspiración a lo largo de los siglos, según Italia.it.
De esta manera, la primera parada es el Palacio Piccolomini, una obra de Rossellino. Este complejo es conocido por su colección de muebles antiguos, obras de arte y una valiosa biblioteca. Sin embargo, su mayor atractivo es el jardín de la azotea, desde donde se puede disfrutar de vistas panorámicas de toda la comarca. Su visita está disponible de lunes a domingo de 10:00 a 16:30 y tiene un precio de 7,00 € para la entrada general, 5,00 € para grupos de 15 a 40 personas y 3,50 € para escuelas.
Otro punto de interés, en el corazón de Pienza se encuentra el Palacio Comunal, una obra del arquitecto Rossellino del siglo XV, que se caracteriza por su logia prominente en la fachada. Este edificio se sitúa frente a la Catedral de Pienza, formando parte del conjunto arquitectónico que define el centro histórico de la ciudad. La visita a la catedral es gratuita y abre sus puertas de lunes a domingo de 8:30 a 13:00 y de 14:30 a 19:00.
Por otro lado, uno de los más destacados es el Palacio Massaini, un complejo arquitectónico que data del siglo XVI, construido por la familia Massaini sobre un castillo medieval. Actualmente, este palacio es la sede de una empresa cosmética y también alberga una granja.
Por su parte, la Iglesia parroquial de Corsignano es otra parada esencial para los visitantes, especialmente para aquellos que recorren la Vía Francigena. Este lugar de culto ha experimentado numerosas reformas a lo largo de los siglos y es considerado un monumento de interés esotérico.
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