
La Costa Azul está repleta de rincones mágicos. Desde sus preciosas playas hasta sus maravillosos pueblos, como Niza o Saint-Tropez, este litoral al sur de Francia se ha convertido en uno de los destinos predilectos del país galo, sobre todo durante el verano. Así, el viajero queda maravillado con todos los encantos que atesora, pero sobre todo por los secretos que esconde entre sus playas de arena blanca y sus pueblos medievales.
De hecho, uno de los más destacados se puede encontrar muy próximo a la frontera italiana. Se trata de Menton, una ciudad conocida como la ‘Perla de Francia’. Y no es para menos, pues su peculiar arquitectura e imagen dejan con la boca abierta a todo aquel que se acerca. Esto es gracias a su intenso color amarillo, que recuerda a los días soleados que suceden en esta costa, pero sobre todo al limón. Tanto es así, que la localidad cuenta con su propia fiesta dedicada a este cítrico.
La ‘pequeña África’
Menton tiene una historia que se remonta a la época romana. Sin embargo, la ciudad comenzó a desarrollarse significativamente durante la Edad Media. En el siglo XIII, fue adquirida por la familia Grimaldi de Mónaco, lo que inició una era de prosperidad y crecimiento. De este modo, durante siglos, Menton fue parte del principado de Mónaco hasta que, en 1861, se incorporó definitivamente a Francia tras un referéndum popular. A su vez, la influencia de diversas culturas es evidente en la arquitectura y el diseño urbano de la villa.

La basílica de San Miguel Arcángel, construida en el siglo XVII, es un excelente ejemplo de la arquitectura barroca y un punto destacado del casco antiguo. Este está formado por estrechos callejones adoquinados y coloridas casas de estilo italiano, las cuales dan a la ciudad un encanto particular. Un encanto donde el amarillo es el protagonista, pues la gran mayoría de las construcciones están teñidas de este alegre color, lo que hace resaltar a la localidad en mitad de un paraje casi tropical.
Menton es también ciudad de jardines, pues está rodeada de una excepcional vegetación mediterránea distribuida a lo largo de toda su superficie. Así, la villa Maria Serena es uno de sus máximos exponentes, donde se pueden encontrar jardines históricos y ejemplares como palmeras, cycas y otras plantas tropicales. Esto ha hecho que sea apodada con el nombre de la ‘pequeña África’. El edificio también es un gran atractivo. Fue construido en el siglo XIX en inspiración neoclásica y siguiendo los planos de Charles Garnier, creador de la Ópera de París.
Otro punto de interés es el jardín valenciano de Fontana Rosa, los cuales están decorados con los patios típicos de Valencia. Pero tampoco hay que olvidarse del jardín de los Serres de la Madone, el Palacio de Carnolès y su jardín, así como el jardín botánico de Val Rahmeh.
El limón como seña de identidad

Visitar Menton es dejarse impregnar por el olor a limón de sus calles, sus imponentes esculturas hechas con este cítrico y por sus encantos únicos. La ciudad entera es una oda al limón, que tiene su máximo esplendor durante los meses de febrero y marzo, cuando se celebra el famoso Festival del Limón. En estas fiestas, que se celebran desde 1934, las calles y jardines de la ciudad se llenan de impresionantes esculturas y carrozas decoradas con limones y naranjas, donde cada año más de 200.000 personas disfrutan de dragones, leones y gigantes hechos con esta fruta.
La oferta cultural no acaba aquí, pues el Museo Jean Cocteau, dedicado al famoso poeta, dramaturgo y cineasta francés, alberga una extensa colección de sus obras. Inaugurado en 2011 y diseñado por el arquitecto Rudy Ricciotti, es una atracción imperdible para los amantes del arte contemporáneo. Además, la ciudad acoge varios festivales de música y danza a lo largo del año, incluyendo el prestigioso Festival de Música de Menton, que se celebra en agosto y atrae a músicos de renombre internacional.
Por su parte, la localidad también permite disfrutar de un entorno natural maravilloso gracias a sus playas y aguas cristalinas, las cuales son perfectas para nadar y tomar el sol. Además, la ciudad es un punto de partida ideal para explorar las montañas circundantes, con numerosas rutas de senderismo que ofrecen vistas panorámicas del Mediterráneo y los Alpes Marítimos. La Promenade du Soleil, un paseo marítimo que se extiende a lo largo de la costa, es ideal para caminatas y ciclismo.
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