
De Huelva y por amor. 3.000 kilómetros son los que separan al Sligo, una ciudad al norte de Irlanda, de la capital onubense. Un viaje, que Aaron Gorman emprendió en 2017 y que en un principio era una semana de vacaciones, pero se ha convertido en una historia que comenzó hace siete años.
“Conocí una chica de Huelva en Irlanda y después de dos años juntos decidimos que queríamos venir a Huelva. Vinimos para una semana de vacaciones y después ya me enamoré de la ciudad y no quería moverme de aquí. Así que volvimos a Irlanda y después de un mes y las vacaciones decidimos definitivamente venirnos para acá”, explica a Infobae España. Pero no solo se enamoró de la ciudad y su gente, sino que quedó prendido del espíritu de la Semana Santa.
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Tanto es así, que a día de hoy es costalero en tres procesiones: la Virgen del Refugio, la Virgen del Amor y bajo María Santísima en la resignación de sus dolores. Bajo los pasos, Aaron lleva el peso de los tronos con orgullo y pasión en una de las fechas más señaladas del calendario. Pero, ¿cómo un hombre irlandés ha acabado siendo costalero en Huelva?
“Me sentí más en casa aquí, en Huelva, que en ningún otro lado”

Nada más pisar Huelva, Aaron se quedó fascinado con los encantos de la ciudad onubense. “El tiempo aquí es maravilloso. La gastronomía es exquisita, pero lo más importante es la gente. El carácter es muy parecido al de la gente de Irlanda, pero me sentí más en casa aquí, en Huelva que en ningún otro lado”, cuenta Aaron. Pero todo tomó sentido cuando vio por primera vez la procesión de la Virgen del Refugio. “Fue impresionante ver todo en directo, como lo vive la gente y la pasión que le ponen”, detalla.
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“La familia de mi expareja lleva toda la vida con la Hermandad de la Pasión, con la Virgen del Refugio, y fue en ese momento cuando me quedé sorprendido con lo que se vive aquí”, explica. Dos años después, tras la pandemia, fue la primera vez que Aaron se metió bajo un paso. “El capataz de ese momento, Panchi, me dijo que porque no me metía con ellos y probaba que tal la cosa y yo me lancé. Desde entonces todo el mundo me ha aceptado con los brazos abiertos y disfruté la experiencia mucho”, afirma el irlandés.
Sin embargo, ningún comienzo es fácil y menos para un costalero primerizo. “Yo estaba totalmente perdido. No sabía ni lo que era un costalero corriente ni un fijador. Yo empecé todo de cero, como andar, como levantarme, todo de cero. Luego la satisfacción fue inmensa”, afirma.
Ahora, Aaron es costalero en tres procesiones y se siente uno más de la cofradía. “En ese momento yo me sentí muy orgulloso. No fue fácil, pero yo aluciné con la pasión que la gente tiene por lo que hacen, porque llevar un paso no es fácil. Los corazones valientes que tiene todo el mundo debajo. Los pasos para mí son algo que me toca mucho el corazón y el alma”, explica a este medio.
El trébol y la regla de tres

Sin embargo, esta pasión choca mucho con la tradición irlandesa, en la que la Semana Santa es más íntima y menos festiva. “Somos católicos de toda la vida. Celebramos las cosas exactamente igual que aquí en Semana Santa. Así que vamos a dar misa y cosas así. Pero no celebramos tanto por las calles, está todo celebrado dentro de las iglesias”, afirma.
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Aun así, Aaron lleva su tierra en un costal muy simbólico y especial, pues tiene grabado uno de los emblemas de Irlanda, el trébol. “El trébol es muy significativo de mi país. Significa la regla de tres, que todas las cosas buenas pasan en tres, las cosas malas pasan en tres. Este número es muy importante para mi país. Llevo este costal y antes de salir al paso, le doy un beso y rezo. Básicamente, pido que la Virgen me cuide y cuide a mis hermanos y que todo salga”, concluye.
Algo es que innegable es la devoción y la pasión que pone Aaron en cada cosa que hace. Un irlandés en tierras onubenses que ha sido acogido como uno más y él ha recogido ese abrazo que le ha dado la cultura y la tradición de nuestro país. Esta Semana Santa él saldrá en tres procesiones, llevando a Irlanda “Al cielo con ella”.
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